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Hacia las llanuras: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Hacia las llanuras: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Dejábamos anteayer inconclusa esta miniserie del «monopoli» dedicada a la calle del Berenguel. Es ya la entrega XVII.2 (véase la primera parte en: El «monopoli» criptanense, Campo de Criptana 1900, XXVII: La calle de Berenguel, I). Después de evocaciones, nostalgias y recuerdos, ha llegado el momento de hablar de los vecinos, o mejor dicho, de algunos de los vecinos de esta calle en otros tiempos, porque no de todos ellos tenemos datos. Como en otros casos, son también contribuyentes electores citados en las listas que publicaba la Diputación Provincial de Ciudad Real anualmente. No son muchos los de esta calle, quizá por ser calle nueva a finales del siglo XIX, calle a medio formar, calle en proyecto, pero no son tan pocos como se podría esperar en estas circunstancias. Sabemos por el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real (9 de noviembre de 1877) que en aquel tiempo vivían en esta calle los siguientes vecinos, todos propietarios, con indicación del número de su casa y contribución que pagaban:

Núm. 3. Eugenio Manzaneque Panadero. 30,11 ptas.

Núm. 4. Manuel Lucas de Leal Sepúlveda. 27,18 ptas.

Núm. 5. Miguel Camacho Simón. 31,57 ptas.

Núm. 9. Serviliano Gómez de la Cueva Simón. 92,63 ptas.

Una casa en las afueras: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Una casa en las afueras: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Cuatro años después, en 1881, encontramos algunos cambios en esta situación, según el Boletín provincial del 8 de enero de ese año. En los núms. 4, 5 y 9 aparecen los mismos que el listado anterior. Eugenio Manzaneque Panadero, que aparecía en el núm. 3, figura en 1881 en el núm. 7, y encontramos dos nuevos vecinos: Eugenio Lucas Torres Villafranca, en el núm. 16, con una contribución de 27,89 ptas., y Domingo Alberca Manzaneque en el núm. 17 con una contribución similar al anterior. Hay algunas variaciones en 1884 (Boletín…, 8 de enero): no encontramos Eugenio Manzaneque Panadero (núm. 3). El resto de los nombres coincide con los de 1881.

Campos y viñedos: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Campos y viñedos: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Y nos vamos ya, finalmente, a los últimos tiempos en los que los vecinos de esta calle pudieron decir que vívían en la Berenguel, al año 1890, meses previos a la revolución del nomenclátor criptanense en la que este nombre desaparecería para siempre del callejero (véase: La revolución del nomenclátor, Campo de Criptana, 1890). En el Boletín provincial del 9 de enero de ese año falta uno de los citados en 1884: como Eugenio Manzaneque Panadero (núm. 7). Éstos son, pues, algunos de los vecinos de esta calle en los últimos años del siglo XIX. Como decimos en otros casos, constituyen una clase media, quizá de propietarios agrícolas, representativos de la mayoría de contribuyentes electores de la localidad.

El camino: Dibujo de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

El camino: Dibujo de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Hoy, más de cien años después, todo ha cambiado mucho. Ya la calle no se llama Berenguel, ya no es humilde, corta y de afueras como lo era a finales del siglo XIX; ya no acaba esta calle en camino, como lo hacía hasta hace cuarenta años, camino que se adentraba en lo profundo de una llanura sólo surcada por una N-420, que tampoco era entonces tan populosa como es ahora. A veces recuerdo este camino o calle, llamémoslo como queramos, al atardecer. Parecía dirigirse directamente hacia el horizonte, hacia donde se ponía el sol, que parecía, por cierto, tan cercano, tan cercano, que casi se podía tocar. Hoy el asfalto y el nombre García León y las construcciones, tan abigarradas y apiñadas como en el resto del caso urbano, han suplantado aquella imagen de otros tiempos, la del Criptana de los años setenta que todavía parecía dormido en su pasado, como si el tiempo se hubiese detenido, en su placidez de poblachón manchego, cuando Criptana era pueblo tranquilo, de noches silenciosas, pueblo, como Dios quiere manda… y sin complejos. Hoy ya no están los campos cerca, tan cerca como lo estuvieron antes. Parece como si se hubiesen alejado, como si huyesen, como si un mar de asfalto y cemento se hubiese interpuesto entre Criptana y sus llanuras, ese cinturón de castidad gris periférico al que en otras ocasiones ya me he referido. Que quede, al menos, este artículo como recuerdo: hubo una calle en Criptana que se llamó «de Berenguel»… hubo un tiempo en que el campo estaba tan cerca, tan cerca de Campo de Criptana, que, tras la lluvia, se podía oler la tierra mojada de la llanura y la hierba fresca de primavera.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO