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Antonio Muñoz Degrain: Otelo y Desdémona (1880). Lisboa, Museo Chiado

Antonio Muñoz Degrain: Otelo y Desdémona (1880). Lisboa, Museo Chiado

Recuperábamos ayer aquella historia del espantoso crimen del camino de la estación sobre el que hacía ya mucho que habíamos escrito, en los albores mismos de este blog. Y dejamos, en aquel momento, la historia inconclusa, porque entonces no teníamos más información a mano. Supimos del suceso por aquel artículo de hace tanto, supimos también de los detalles del crimen, de quiénes fueron las víctimas y de quién fue el asesino, cómo y ocurrió y dónde. Lo sabíamos casi todo. Y ahí quedó la cosa en aquel momento. Pero hay más, y a partir de ahora lo vamos a ir desvelando poco a poco. Y como todo crimen tiene su castigo, o así al menos debería ser, aunque no siempre lo sea, casi nunca lo sea realmente, y a menudo el inocente paga cien veces cien y el culpable ni una, y la Justicia además no es ciega, y hace acepción de personas, y hace distingos que nunca tendría que hacer… y como todo crimen tiene, o, al menos debería tener su castigo, como iba diciendo, también el espantoso crimen del camino de la estación parece que lo tuvo.

Como ya decíamos ayer, la causa por este asesinato se juzgó en la Audiencia Provincial de Ciudad Real con jurado popular (véase: Campo de Criptana, 1910: El espantoso crimen del camino de la estación… y el juicio, I), y el periódico El Pueblo Manchego, del 9 de noviembre de 1912 nos dio cumplida y detallada cuenta de ello. ¿Cuál fue la versión de los hechos que se expuso ante el tribunal? La siguiente, según este periódico:

EL HECHO. El secretario da lectura á los autos.

De ellos se deduce que el hecho ocurrió el día 5 de Abril de 1910 en el camino de la estación del ferrocarril de Campo de Criptana.

Angel Romero, que es el procesado, salió armado de un revolver y disparó sobre el grupo que formaba su novia, una hermana de esta y su padre Julio García Casarrubios.

Sin que se sepan los motivos que le indujeron disparó sobre el grupo matando á su novia, Isabel García e hiriendo gravemente al padre de ésta.

El hecho ocurrió á las once menos cuarto de la noche y es calificado por las acusaciones de delito de dos asesinatos uno de ellos consumado y el otro frustrado.

El Romero después de disparar los tiros y estando ya Isabel caída le infirió varias heridas con un arma blanca ensañándose con el cadáver.

Las circunstancias agravantes son de parentesco, alevosía, nocturnidad y despoblado y todos los demás comprendidos en el Código.

Anne Louis Girodet de Roussy Trioson:  Los funerales de Átala (1808). París, Museo del Louvre

Anne Louis Girodet de Roussy Trioson: Los funerales de Átala (1808). París, Museo del Louvre

Y le tocó el turno a la intervención de la defensa. También según el periódico, alegó del siguiente modo:

Las conclusiones de la defensa dicen que el padre de la novia llamó canalla é infame al procesado diciéndole que era el último momento de su vida, y que sacó un arma de fuego, cosa que impelió al Romero á cometer los hechos.

Alega la eximente de legítima defensa y las atenuantes de arrebato y obcecación y no tener intención de causar un mal tan grave.

El camino de la estación: Plano de Campo de Criptana por Domingo Miras (1911)

El camino de la estación: Plano de Campo de Criptana por Domingo Miras (1911)

Así transcurrieron los primeros momentos del juicio. Y la defensa se defendió lo indefendible, y alegó como eximente legítima defensa. Pero supongo que es el trabajo de la defensa defender lo indefendible. Los hechos expuestos coinciden, a excepción de pequeños detalles, casi totalmente con la versión del periódico La Correspondencia de España (año LXI, núm. 19.069, del jueves 28 de abril de 1910) a la que hacíamos referencia en otra ocasión (véase: Campo de Criptana, 1910: El espantoso crimen del camino de la estación). Entre las circunstancias agravantes que se citan figura la de despoblado, puesto que, en efecto, en aquel tiempo el camino de la estación no era aún paseo, como lo sería después, y no estaba aún urbanizado, como lo estaría después, aunque sí estuviese ya entonces trazado su recorrido. Como se puede ver en el plano adjunto, de Domingo Miras (1911), se distinguen dos partes en el actual Paseo de la Estación: una parte urbanizada, llamada «Calle de la Estación», y otra sin urbanizar, la «Carretera de la Estación». En ésta, entre despoblado y despoblado se encuentran algunas bodegas ya en aquel entonces, como las de Flores, Rubín y Mompó, ya esta última muy cercana a la estación. Aquel lugar campestre entonces, aquella noche, aquella oscuridad quizá solo iluminada por una tenue luz lunar vieron a la Muerte llegar, y se desencadenó la desgracia. Nadie, cuando por la mañana despierta y ve la primera luz del sol, piensa que, quizá, aquel puede ser su último día, el último entre los vivos, el umbral de la Estigia. Es algo que nunca se piensa. Mejor así.

Mañana seguiremos hablando del tema. Será el turno del acusado, y veremos qué nos cuenta.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO