Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Nicolas Poussin: Juicio de Salomón (1649). París, Museo del Louvre

Nicolas Poussin: Juicio de Salomón (1649). París, Museo del Louvre

Continuamos hoy con esta serie. Parece que se está alargando mucho más de lo que yo tenía previsto en un principio. Realmente, tengo que confesar que nunca pensé que este tema daría para tanto, que habría tantos datos sobre el caso, tantos puntos de vista, tantos testimonios que contribuirían a ir enriqueciendo poco a poco esa verdad que, latente, esperaba el momento para salir a la luz. Esperemos que, depués de tantos avatares, al menos, lo consiguiera. De los hechos, como ya hemos dicho en varias ocasiones, nos informa el periódico La Correspondencia de España, núm. del jueves 28 de abril de ese año; del juicio nos daría cuenta el periódico provincial El Pueblo Manchego, núm. del 9 de noviembre de 1912. Podría parecer algo repetitivo y superfluo citar estas fuentes en cada uno de los artículos de esta serie. Podría pensar el lector que con una vez dichas sería suficiente. No es así. Creo que no debemos perder en ningún momento de vista que todo lo que aquí se cuenta está basado en fuentes escritas, no vaya a ser que alguna mente malhadada (que seguro que alguna la hay por ahí) vaya por ventura a pensar que me invento cosas, o que me las saco de la manga. Lo que aquí se cuenta es lo que se contó entonces en la prensa, y nada más. Ni quito ni pongo. Otra cosa es que incorpore mi exégesis, pero esto es una tentación a la que nadie puede escapar.

Dos testigos habían pasado ya por el tribunal y habían dado su testimonio. A lo mejor juraron también decir la verdad y toda la verdad, como en las películas americanas de juicios y abogados, sobre la Biblia, como en aquella célebre e inolvidable película Matar a un ruiseñor. Dos testigos han dado su versión. Primero fue el sereno Polonio Vela Pérez. Le siguió Salvador Manzanares (véanse: Campo de Criptana, 1910: El espantoso crimen del camino de la estación… y el juicio, VI; y Campo de Criptana, 1910: El espantoso crimen del camino de la estación… y el juicio, VII). Ahora le toca el turno al tercero: Francisco Olivares. Veamos ahora qué nos dijo éste en su declaración según lo que nos cuenta el periódico El Pueblo Manchego:

Francisco Olivares.- A preguntas del fiscal contesta, que conoce el camino de la estación, que está poco alumbrado y por esto no es fácil distinguir objetos que se llevan en la mano.

Pieter Brueghel el Viejo: Detalle del cuadro "El triunfo de la muerte" (1562). Madrid, Museo del Prado

Pieter Brueghel el Viejo: Detalle del cuadro «El triunfo de la muerte» (1562). Madrid, Museo del Prado

Dice que venía de Tomelloso con un carro, que oyó unos disparos y decir ¡asesino, que has matado á mi padre! Que estando desenganchando las mulas se le presentó Julio, padre de Isabel, diciendo que le amparase y que no llevaba nada en la mano, que le palparon para reconocerle la herida y que no llevaba arma ninguna. Después le llevaron á la farmacia. Agrega que de las relaciones de Angel é Isabel no sabía nada.

A preguntas del acusador dice, que el procesado tuvo reyertas con el personal de la fábrica donde trabajaba.

El procesado dice: ¡Eso es mentira!

El presidente le requiere á que no interrumpa por única y exclusiva vez.

A preguntas de la defensa no añade nada de interés el testigo.

Jean-Léon Gérôme: Friné ante el Areópago (1861)

Jean-Léon Gérôme: Friné ante el Areópago (1861)

Recordemos que ya en otro momento habían salido a relucir las trifulcas del procesado en su lugar de trabajo, una fábrica de harinas, «polémica con compañeros de una fábrica de harinas», se decía en otro lugar (véase: Campo de Criptana, 1910: El espantoso crimen del camino de la estación… y el juicio, IV). Y veremos también qué dijo el cuarto testigo, Juan Díaz Santos. Fue breve su testimonio, porque poco tenía que aportar, casi nada en realidad:

Juan Díaz Santos.- A preguntas del fiscal contesta que vió el cuerpo de Isabel con el cuello herido, y que había poca luz en el paseo.

Dice que no sabe nada del hecho de autos y que no sabía nada de las relaciones.

A preguntas del acusador dice que se encontraron á Romero, yendo el testigo a Manzanares en una tartana y uno que le acompañaba, dijo si no le había visto un revólver que llevaba, y que les preguntó si había visto á su tío.

El defensor le pregunta si presenció los hechos, contestando que no.

El presidente.- ¿Cuánto tiempo antes del hecho ocurrió eso?

Testigo.- Como unos veintitantos dias.

Berthe Morisot: Campos de trigo (1875). París, Musée d'Orsay

Berthe Morisot: Campos de trigo (1875). París, Musée d’Orsay

Así fueron las declaraciones de ambos testigos, el tercero y el cuarto. Parece que la noche… y su oscuridad impedían llegar a la verdad. A ver si va a ser cierto: de noche todos los gatos son pardos. Estaba el camino de la estación mal iluminado y la noche amparó a la desgracia. A lo mejor también en la luz y en la oscuridad está esa frontera entre lo urbano y lo rural, entre pueblo y campo, y, puede también, que entre la vida y la muerte. Quizá insisto mucho en esta distinción, pero es completamente determinante en nuestras vidas, lo urbano por una parte, y lo rural, por otra. Aquella noche, en el camino de la estación, escenario sangriento del crimen, la oscuridad dio amparo al fatal destino y se allió con la Parca. Los cebadales fueron testigo de ello. ¡Si los cebadales hablaran!

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO