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Adriaen van Ostade: Abogado en su estudio (1637). Colección privada

Adriaen van Ostade: Abogado en su estudio (1637). Colección privada

A aquellas alturas del juicio por el asesinato de Isabel García en el camino de la estación de Campo de Criptana, aquella noche de abril de 1910, ya habían pasado casi todos los testigos de la acusación por el estrado, habían expuesto sus testimonios, habían contado qué habían visto y también qué no… más bien esto último, porque todos estaban de acuerdo en que había poca luz (véanse: Campo de Criptana, 1910: El espantoso crimen del camino de la estación… y el juicio, VI; Campo de Criptana… y el juicio, VII; Campo de Criptana… y el juicio, VIII; Campo de Criptana… y el juicio, IX). Todos no; Julio García Casarrubios y sus hijas vivieron el suceso, y hubiese o no luz, sufrieron las consecuencias, e Isabel murió. Pero todos los demás testigos coinciden en esto: había poca luz o había poca iluminación, o lo que es lo mismo, la noche y su oscuridad se habían enseñoreado de aquel camino aquella trágica noche. Negra y roja, negra de la noche, roja de la sangre. Y volvemos a repetirlo, para que no se pierda de vista en ningún momento la procedencia de estas informaciones. La fuente es, como hasta ahora, el periódico El Pueblo Manchego, núm. del 9 de noviembre de 1912. Tocaba el turno de intervenir a Teresa García, hija de Julio García, que acababa de testificar en aquel momento, y hermana de la víctima, Isabel García. Estaba Teresa García presente cuando todo ocurrió, cuando el procesado les salió al encuentro entre la oscuridad de la noche y los cebadales y les agredió. Ahora Teresa García iba a testificar. Dice así su testimonio:

Teresa García.- Hermana de la víctima.

A preguntas del fiscal dice que estuvo hablando con ella el procesado un cuarto de hora antes de salir para la estación.

Dice que al salir ellos de casa les siguió el procesado, que estaba sentado en la Glorieta.

Cuando les salió al encuentro Angel disparó sobre su padre sin decir nada, y transcurrido un minuto disparó sobre su hermano (sic, por «hermana»).

Dice que no sabe nada más por que (sic) salió huyendo atemorizado.

A preguntas de la acusación contesta la testigo, que su padre se oponía á las relaciones de su hermana y de ella con los hermanos Romero, por sus malos antecedentes, que sin embargo no las castigaba.

A otras preguntas contesta, que no puede decir nada por que (sic) salió huyendo.

A llegar á este punto se suspende la vista hasta las cuatro de la tarde.

Honoré Daumier: Un motivo famoso (ca, 1862-65). Colección privada

Honoré Daumier: Un motivo famoso (ca, 1862-65). Colección privada

Y, en efecto, continuaría la vista aquella misma tarde, y sería con los testimonios de los testigos de la defensa. Serán varios, aunque sus declaraciones se caracterizarán por ser breves. Por este orden intervendrán: Ignacio Galán, Erneslina Cano, Antonia Cerdán, María Engracia Aranda, Casimira Estrada y Alberto Romero (hermano del procesado). Ninguno de ellos estuvo presente durante la agresión; la defensa centrará su estrategia en demostrar que Julio García Casarrubios había amenazado e intentado matar al procesado y que éste actuó en legítima defensa ¿tendrá éxito? No lo sabemos… por ahora. En estas cosas de juicios, nunca se sabe en qué puede acabar todo. A veces, la Justicia da más vueltas, muchas más, que la vida misma.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO