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Eugène Delacroix: La libertad guiando al pueblo (1830). París, Museo del Louvre

Eugène Delacroix: La libertad guiando al pueblo (1830). París, Museo del Louvre

Es curioso cuánto se está alargando esta serie, pero no tiene nada de extraño. Aquel juicio celebrado en la Audiencia de Ciudad Real durante varios días del mes de noviembre de 1912 centró durante algún tiempo el interés de la opinión de la pública y, por tanto, también de la prensa ¿O viceversa? ¿Atrae un hecho la atención de la prensa en primer lugar, y a continuación ésta hace que sea de interés público? Nunca se sabe dónde está el comienzo de las cosas. Y, del mismo modo, es difícil saber quién influye en quién, quién hace que algo sea o no noticia, que tenga interés o no. Lo cierto es que hoy mucho de lo que se vende como noticia no lo es; es vida cotidiana, es rutina, es lo que ha sido siempre y lo que será. No es, por tanto, noticia. No es noticia que comience un curso escolar, no es noticia una festividad anual, no es noticia que las autoridades organicen inauguraciones con tanta pompa y circunstancia, y no es noticia, mucho menos, su presencia, o su discurso, aunque intentan que lo sea, y que así lo crea, es decir que es noticia, el mundo. Y muchísimo menos es todo esto cuestión de interés público. Al público cada vez le interesa menos esto, si es que le ha interesado alguna vez. A lo mejor sobran en los medios muchas noticias vanas, muchas noticias absurdas, muchas noticias que sólo nos cuentan las correrías oficiales de acto en acto y de cóctel en cóctel entre floridos y petardos discursos repletos de frases vanas, clichés mil y unas veces repetidos y retórica de mercadillo. Sobra todo esto y faltan, en cambio, noticias de verdad, información real, sin florituras, porque el mundo nunca se detiene.

Todo esto era, únicamente, para acabar diciendo que, si me estoy alargando tanto en esta serie, es porque el periódico que tomo como referencia para esta noticia, El Pueblo Manchego (núm. del 9 de noviembre de 1912), le dedicó un extenso espacio, casi una página completa. Tuvo la opinión pública cumplida cuenta de todo lo que allí se dilucidó. Quizá había también un dibujante que buscase plasmar, rápidamente, en papel y color escenas en el tribunal, el juez, los abogados, el fiscal, la defensa, el acusado… como en los juicios de las películas. A lo mejor esto ya es mucho suponer; reconozco que, a veces, cuando uno se pone a suponer se le va la mano. Sin embargo, hacer esto de vez en cuando tampoco está tan mal.

Dejábamos ayer el asunto con la prueba testifical de la acusación ya concluida. Fue aquel por la mañana. Se hizo un receso. Se comió, a lo mejor hubo pequeña siesta, cada uno donde pudiese, y a las cuatro se reanudó el proceso. Correspondía el turno ahora a la prueba testifical de la defensa. Y pasaron por el estrado, uno a uno, sus testigos, y contaron sus versiones de los hechos. He aquí lo que dijeron. Fue el primero Ignacio Galán:

Responde á preguntas del defensor, que se decía que Casarrubios solía dar malos tratos al procesado. Al acusador dice, que no sabe nada del hecho de autos.

Y esto fue todo lo que dijo. Continuó Erneslina Cano:

Dice que había oído decir á una tal Jacinta que Julio García perseguía la noche de Jueves Santo al procesado con un revólver en la mano.

Pieter Brueghel el Viejo: La párabola de los ciegos (1568). Nápoles, Museo de Capodimonte

Pieter Brueghel el Viejo: La párabola de los ciegos (1568). Nápoles, Museo de Capodimonte

Y esto fue todo lo que dijo Erneslina, nombre raro como el que más, nombre extraño ¿quizá una variante de Ernestina? ¿Y quién será la tal Jacinta que parece haber sido una fuente tan fidedigna?. Continuó Antonia Cerdán:

Dice también que oyó decir que el padre de Isabel perseguía al procesado.

A preguntas del fiscal incurre en contradicciones.

Peter Paul Rubens - Frans Snyders: Prometeo encadenado (ca. 1611). Philadelphia, Museum of Art

Peter Paul Rubens – Frans Snyders: Prometeo encadenado (ca. 1611). Philadelphia, Museum of Art

Y esto fue todo lo que dijo. Por el momento, los testigos de la defensa parecen apoyar la estrategia de la defensa: intentar demostrar que el procesado había actuado en legítima defensa contra Julio García, quien, según Galán, «solía dar malos tratos al procesado», según Cano, «perseguía… al procesado con un revólver en la mano» y, según Cerdán, «perseguía al procesado». Hay que advertir, sin embargo, que estos testimonios se retrotraen a acontecimientos anteriores al suceso y, en modo alguno, ilustran nada en torno al suceso mismo, el crimen, el asesinato. Esos «que había oído decir», de Cano y «que oyó decir» de Cerdán parecen más propios de patio de vecinos que de un tribunal. Realmente, no sé hasta qué punto se les daría credibilidad. En todo caso, se estaba juzgando al procesado, no a Julio García.

No quedará ahí el asunto, porque los siguientes testimonios de la defensa buscarán el descrédito de Julio García. Pero eso ya no es un tema que tratemos hoy; lo dejamos para mañana.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO