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Cesare Maccari: Cicerón denuncia a Catilina (1889). Roma, Palazzo Madama

Cesare Maccari: Cicerón denuncia a Catilina (1889). Roma, Palazzo Madama

Dejábamos en el artículo de ayer, el que hacía el número XV, entregado a la captatio benevolentiae del jurado popular. Ya había descrito los hechos y había dejado muy claro quiénes eran las víctimas y quién era el culpable, por si había alguna duda y por si el jurado se hubiese perdido entre los recovecos argumentales de la defensa.

A partir de ese momento el fiscal intentará atraerse el favor del jurado popular y a él se dirigirá expresamente para expresar sus argumentos que apoyan una sentencia de culpabilidad. Pero esto es tema de otro día. Todo en el discurso del fiscal tendía a demostrar, además, la premeditación y alevosía del crimen. Comenzó, como no podía ser de otra manera, poniendo en cuestión la moral del procesado. Pero veamos ahora algunos de los términos más característicos que encontramos en la reseña que el corresponsal hizo de esta intervención (El Pueblo Manchego, 11 de noviembre de 1912) (para el comienzo de la intervención del fiscal remitimos al artículo de ayer: Campo de Criptana, 1910: El espantoso crimen del camino de la estación… y el juicio, XIV).

Respecto a la catadura moral del procesado y a su ingratitud hacia Julio García:

«villanía», «cobardía», «ingratitud», «inhumana».

Respecto al hecho:

«amparado», «sombras», «noche», «esperó», «sentado» (¿para denotar frialdad?), «seguirlas», «esquivando», «apostarse», «luz… escasa», «lanzarse», «improviso», «víctimas».

Vincenzo Camucini: Muerte de Julio César (1804-1805). Roma, Galleria Nazionale d'Arte Moderna

Vincenzo Camucini: Muerte de Julio César (1804-1805). Roma, Galleria Nazionale d’Arte Moderna

Apuntan estas palabras, sin duda, a la culpabilidad del procesado. El jurado popular, necesariamente, tendría que sentirse afectado por este despliegue retórico. El procesado actuó así; pero ¿qué hay de sus víctimas? De Julio García se dice que era su «bienhechor» y de la víctima que era una «pobre novia». También Julio César había sido bienhechor de Bruto y a pesar de todo…

Y es ahora cuando el fiscal ya apela directamente al jurado popular. En lo que sigue retomamos el artículo de El Pueblo Manchego donde lo dejábamos ayer. Continúa la captatio benevolentiae del fiscal, con recursos retóricos, reconozcámoslo, no siempre acertados, aunque es seguro que tendrían su efecto sobre los ánimos del jurado:

Señores del Jurado: yo no debía decirlo desde este sitio, comprendo que se cometa un crimen por una mujer, pero matar á una mujer no lo concibo, porque la mujer es á quien hacemos objeto de todas nuestras predilecciones, porque de ella nacemos y la veneramos con el nombre dulcísimo de madre.

Y prosigue el fiscal con su retórica:

Pero no acaba ahí la tradición del procesado, porque una vez caída en tierra la pobre víctima, se arroja á ella con una faca y le destroza el cuello purísimo salpicándoselo de gotas de su preciosa sangre.

Madrid, Arco de cuchilleros: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2010)

Madrid, Arco de cuchilleros: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2010)

Por cierto, terminamos con una breve observación léxica. Dice el fiscal que el procesado atacó a la víctima con una «faca». Y nos vamos, como es de rigor, a la autoridad en el tema, es decir, al DRAE, que nos da dos acepciones de este término:

1. Cuchillo corvo.

2. Cuchillo de grandes dimensiones y con punta, que suele llevarse envainado en una funda de cuero.

Fue, sin duda, un cruel asesinato. Aquí lo dejamos. En este punto tiene ya el fiscal al jurado de su lado. La emoción inundaba, sin duda, el tribunal. ¿Tendrían ya los miembros del jurado alguna callada decisión sobre la sentencia? No lo sabemos. Tendremos que esperar.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO