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Campo de Criptana: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Campo de Criptana: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

¡Qué extraño nos parecía a los españoles eso del jurado popular! Realmente extraño. Lo veíamos en las películas americanas de juicios. Hay en ellas siempre un jurado, y ese jurado suele ser unas veces protagonista de la historia, otras una especie de deus ex machina en el que generalmente estaba la solución de todo el problema y quid oculto de un oscuro hilo argumental. Pero, como decíamos ayer, el jurado formó parte del sistema judicial español durante mucho, mucho tiempo, ya en el siglo XIX y hasta la Guerra Civil. Después, ya en democracia, se recuperó. Era algo habitual en viejos tiempos, algo que formó por un tiempo parte de la vida de muchos ciudadanos cuyos nombres aparecían citados en los censos de jurados para un año o para otro. Y, tal y como decíamos también ayer (véase: El censo de jurados, Campo de Criptana 1934, I), la elección era aleatoria. Un sorteo, seguramente, daría al azar una letra, y los apellidos que comenzasen por esa letra serían los designados. A lo mejor se hacía con un bombo y con bolas, como el bingo. No lo sé; no podemos adentrarnos en esos entresijos y todo lo que digamos es pura especulación.

Lo importante es que los nombres de estos ciudadanos que podrían formar parte de jurados se publicaban periódicamente, y ya sabía uno a qué atenerse. Así, si le tocaba al relojero, como José Lara Aguilera, citado ayer,  tenía que dejar sus relojes por unos días para asistir al juicio. A lo mejor estos relojes estaban parados. Y ahora viene la pregunta clave: Si un reloj se para ¿se para también el tiempo? Tenía que dejar el labrador sus labranzas por un tiempo, por muy urgentes que fuesen, y el jornalero perder sus jornales, y el propietario abandonar sus quehaceres y la administración de sus bienes.

Calle Cebolla: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Calle Cebolla: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Dábamos en el artículo de ayer los diez primeros nombres de criptanenses que figuraban en el listado del censo de jurados publicado en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, del 1 de enero de 1934. Seguimos hoy con los diez siguientes (núms. 114-123) y todos, como ayer, comienzan por la ele:

Lara Serna, Enrique. 48 años de edad, 35 de ellos residente en Arenales, sin indicación de calle; labrador.

Lara Serna, Justo. 35 años de edad, los mismos que era residente en Arenales; jornalero.

Laraco López, Alejandro. 59 años de edad, 24 de ellos residente en Arenales; propietario.

Lázaro Carramolino, José Vicente. 50 años de edad, todos ellos residente en Criptana; calle Oriente, núm. 26; labrador.

Lázaro Carramolino, Manuel. 53 años de edad, todos ellos residente en Criptana; calle Oliva, núm. 3; propietario.

Leal Manjavacas, Juan José. 34 años de edad y los mismos residente en Criptana; calle Alfonso XIII (actual Soledad), núm. 1; agricultor.

Leal Martínez, Jesús. 31 años de edad y los mismos residente en Criptana; calle Fuente, núm. 38; jornalero.

Leal Manzanares, Jerónimo. 45 años de edad, todos residente en Criptana; calle Escobar, núm. 5; labrador.

Leal Manzanares, Julián. 56 años de edad, todos residente en Criptana; calle Fuente, núm. 60; jornalero.

Leal Manzaneque, Julián. 30 años de edad, todos residente en Criptana; calle Espada (calle Cebolla para la vox populi), núm. 39; labrador.

Cercanías de Arenales de San Gregorio: Óleo de José Manuel Cañas Reílllo (1991)

Cercanías de Arenales de San Gregorio: Óleo de José Manuel Cañas Reílllo (1991)

Respecto a los nombres que dimos ayer, tenemos que hacer algunas puntualizaciones. Encontrábamos a Vicente Lara Baquero, de 53 años de edad, labrador residente en Arenales, por aquel tiempo aldea de Campo de Criptana. Encontramos aquí su segundo apellido escrito como Baquero, pero el año siguiente, en 1935, lo hallamos de nuevo citado en otro anuncio del Boletín provincial (29 de marzo de 1935), en este caso como “Vaquero”. Formaba parte Lara Baquero / Vaquero de la “comisión de la parte personal” de Arenales. Era una de las comisiones de evaluación que según el Estatuto Municipal se constituía en Criptana, por orden del alcalde interino criptanense en esos momentos, Aurelio López García. El presidente de la comisión de Arenales era Antolín Giménez; los miembros eran, además de Lara Vaquero, el conocido médico Joaquín Ibáñez de Lezaeta, Rafael Alberca Olivares, Vicente Manzanero Carramolino y Eusebio Escribano López.

También encontramos a Lara Baquero / Vaquero en la misma comisión unos años antes, en 1930.  El Boletín provincial (17 de noviembre de 1930), publica la composición de la “parte personal” de la Parroquia de S. Gregorio. De ella formaban parte el cura párroco, Victoriano Beamud Sañoso, Vicente Lara Vaquero, que era el primer contribuyente por rústica, Ángel Vela Mora, el primer contribuyente por urbana, y el médico Joaquín Ibáñez de Lezaeta, primer contribuyente por industrial. Firma el anuncio el alcalde criptanense, Ángel Herreros, el 6 de noviembre de 1930.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO