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Molino de viento: Dibujo de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Molino de viento: Dibujo de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Hoy no hablaremos de justicia, de ni de juicios, ni de jurados, ni de crímenes ni de sentencias, de inocencias o culpabilidades. Dejamos todo eso a un lado por un día y retomamos la serie del “monopoli” criptanense, en la que será su entrega vigésimo octava. Ciertamente, van quedando ya pocas calles de las que hablar, pero todavía quedan y llegaremos seguramente al artículo trigésimo en esta serie. Quedan pocas calles de las que hablar, pero quedan aún muchas historias de calles que contar, porque las calles nos hablan y nos cuentan cómo era antes Criptana y cómo es ahora. A su modo, las calles son como un libro que nos permite hacer una lectura del tiempo, retroceder al pasado y avanzar hacia el presente, e incluso desplazarnos al futuro para imaginar cómo serán dentro de un tiempo, o más allá, incluso, allí donde más que tiempo encontramos una nebulosa que llamamos futuro y que no sabemos muy bien lo que deparará. Cada generación ha ido construyendo el callejero criptanense y cada una ha ido dejando algo de sí, una carga anímica que permanece en las casas. Hay calles por las que uno siente predilección, y no se sabe por qué. Hay veces en que uno da un rodeo, un gran rodeo, para ir de un punto a otro, transgrediendo esa ley que nos dice que la distancia más corta entre dos puntos en la línea recta. Todo tiene su razón de ser. Hay calles con alma y calles sin ella; hay calles en las que se puede revivir el pasado, se pueden percibir sensaciones de generaciones que ya han pasado. No se puede evitar hacer una reflexión: desde que una calle es calle, cuántas personas han pasado por ella, algunos una sola vez en su vida, otros cada día, otros varias veces al día, y así años y años y a veces, con algunas calles, cientos de años. Hay calles que forman parte de la vida misma… o que son la vida misma. Supongo que siempre algo queda de todo aquello. Al final, un pueblo no es solo un casco urbano, un conjunto de calles, un amontonamiento de casas; al final, un pueblo es la memoria de todos los que en él han vivido, y quizá por eso creo que es tan importante mantener siempre vivo el recuerdo. ¿Podemos hacer mejor homenaje a quienes ya no están que perpetuar su recuerdo? Supongo que no.

Calles de Criptana: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Calles de Criptana: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Hoy hablaremos en esta vigésimo octava entrega del “monopoli” criptanense de una calle pequeña, callecita discreta, callecita que nació con pretensiones y quedó en poco. Es la calle Alcantarilla. Ya figuraba en el plano criptanense de 1885 y era, quizá la más sureña de todas, aquella que se adentraba más que ninguna otra, a excepción de la calle del Castillo, en el profundo mar de llanuras manchegas, de siembras, eras y sernas. Es nombre curioso, el de Alcantarilla, pero cuando así se llamaba esta calle por algo será, porque la toponimia tradicional nunca pone nombres a lo loco y sin ton ni son. Era esta calle un quiebro en la del Huerto Pedrero (o Huertopedrero, que de las dos formas se encuentra escrito) y su única salida hacia el sur, salida natural. Era calle discreta, corta, poca cosa, pero apuntaba maneras cuando nada había más al sur de ella, cuando esta callecita tenía un futuro esplendoroso por delante: el de convertirse en calle larga y competir con la del Castillo, que discurría muy cerca de ella, en paralelo, también hacia el sur. Realmente, más bien parece por aquellos años esta casa un camino con casas a un lado y a otro, más que una calle. A lo mejor era así; es una lástima que no tengamos fotografías de la época para averiguarlo y para saber cómo era Criptana cuando pueblo y campo en algunos lugares se fundían en ardiente pasión como dos amantes, cuando Criptana no tenía aún (y faltaba mucho para que lo tuviese) su cinturón de castidad de cemento y asfalto que tanto ha alejado ya a los criptanenses de su campo.

Calle Alcantarilla: Vista parcial del plano de Campo de Criptana por Domingo Miras (1911)

Calle Alcantarilla: Vista parcial del plano de Campo de Criptana por Domingo Miras (1911)

Es curioso que esta calle ni su aledaña Huerto Pedrero mutasen sus nombres en la revolución del nomenclátor criptanense de 1890 (véase: La revolución del nomenclátor, Campo de Criptana, 1890). La calle Huerto Pedrero siguió llamándose así, y así sigue llamándose aún hoy; la Alcantarilla retuvo su nombre, y así se llamaba aún en el plano de Campo de Criptana de Domingo Miras, en 1911. Y luego se perdió este nombre tragado por las procelosas brumas del tiempo y de la burocracia consistorial, y se le cambió por el de Ángel Briega, nombre que aún tiene hoy. Ya en el plano de Domingo Miras vemos cómo el futuro esplendoroso que tenia esta calle antes quedó truncado para siempre, cómo sus ansias de prolongarse se frustraron. Comenzaba por el norte en la del Huerto Pedrero y acababa por el sur en la de Isaac Peral, y no seguía hacia el sur, que sería lo natural y lo esperado. En 1911 ya no era la calle más sureña de Criptana. Se había urbanizado la calle Isaac Peral, comenzaban a surgir ya la de Maestro Manzanares, como presagio de la inmensa expansión criptanense hasta la vía del ferrocarril que se vivió a lo largo del siglo XX. La calle Alcantarilla quedó así, como una transición, una calle por la que, si no vives en ella, no pasas si no te lo propones, como la del Huerto Pedrero. Pero es mejor así; son por ello calles tranquilas y pausadas.

Las afueras: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Las afueras: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Veamos ahora los nombres de algunos de sus vecinos en los últimos quince años del siglo XIX. La fuente será, como en otros casos, el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real (BOPCR) y los nombres corresponderán a contribuyentes electores. Y, como se verá, son pocos, dado quizá el carácter periférico de la calle y el que en aquellos años se encontrase en pleno proceso de formación. Comenzamos en el año 1877. En el listado de contribuyentes electores criptanenses que publica el BOPCR del 9 de noviembre de 1877 se citan dos vecinos de esta calle: uno es Filipiano Parreño Pueblas, en el núm. 2, con una contribución de 63 ptas. con 98 cénts.; el otro es Crisanto Arteaga y Sánchez, en el núm. 7, con una contribución de 23 ptas. y 3 cénts. Similar situación encontramos en el BOPCR del 8 de enero de 1881. En 1889 (BOPCR del 8 de enero) no encontramos ya a Crisanto Arteaga. Sí encontramos, en cambio a dos nuevos vecinos: uno es Juan Jesús López Pintor y Ortiz, con una contribución de 52 ptas. con 31 cénts., domiciliado en el núm. 2, en el que también figura censado Filipiano Parreño; el otro es Eusebio Olmedo y Campo, en calle Alcantarilla, sin número, con una contribución de 36 ptas. con 85 cénts. En 1890 (BOPCR del 9 de enero) falta Filipiano Parreño, por lo que sólo encontramos dos vecinos: Juan Jesús López Pintor y Eusebio Olmedo.

Y aquí acabamos lo que teníamos que decir de esta calle, por el momento. Puede que en el futuro tengamos que dedicarle algún que otro artículo más.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO