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Donde hubo un asilo (Vista parcial del cuadro "Panorámica de Criptana y de la Sierra"). Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

Donde hubo un asilo (Vista parcial del cuadro “Panorámica de Criptana y de la Sierra”). Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

Situábamos el artículo de ayer en el año 1943. Hablamos de calles y, sobre todo, hablamos de los orígenes del parque municipal. Hoy avanzamos un año más, y nos vamos al año 1944, para adentrarnos en la crónica gris criptanense, y digo gris porque no llega a negra, como se verá después. Estaba por aquel entonces el Hospital-Asilo criptanense situado al norte de la localidad, al pie de la sierra de los molinos de viento, y un primaveral día 3 de mayo fue escenario de un robo. No tardó el juzgado de Alcázar de San Juan de emitir un edicto de busca y captura, que se publicó en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, el día 17 de mayo. Publicaba el edicto el juez municipal de Alcázar de San Juan, Rafael Espadero Gascó, actuando como juez de instrucción en funciones.

Ubicación del antiguo Asilo-Hospital: Vista parcial del plano de Campo de Criptana por Domingo Miras (1911)

Ubicación del antiguo Asilo-Hospital: Vista parcial del plano de Campo de Criptana por Domingo Miras (1911)

Tiene el edicto dos partes. En la primera se expresan sendas solicitudes a las autoridades competentes. Una es de “busca y rescate” de los “efectos” robados, que a modo de apéndice serán detallados al final del texto; la otra es la detención del “autor o autores” del hecho para ponerlos a disposición del juzgado.

Estamos en ascuas. ¿Qué efectos fueron robados? ¿Quizá dinero? ¿Un reloj de pulsera o un reloj de bolsillo? ¿O un cuadro? No. No fue nada de todo esto. No sigamos preguntándonos más, porque no nos lo podríamos imaginar. Para averiguarlo volvamos al edicto del Boletín provincial citado, porque en él se especifica cuáles fueron los “efectos sustraidos”. Y fueron éstos:

Un abrigo color tostado, dos enaguas, dos camisas, dos chambras, una toalla, un vestido con adordos (sic, “adornos”), un delantar (sic, “delantal”) rayado, unas bragas, dos justijos (sic, quizá “justillos”), tres paños, una bata, una boina y un crucifijo con cadena.

De la variopinta tipología de objetos robados se podría deducir que no hubo premeditación en el robo. Posiblemente, al autor o autora se le presentó la ocasión propicia, la aprovechó y se llevó lo que encontró, fuesen unos paños o fuese un crucifijo. En todo caso, en aquellos tiempos de penuria, efectos como el abrigo, las enaguas, las camisas y todo lo demás vendría siempre bien, para la familia o para su venta. Ignoro si se consiguió detener al ladrón y si los objetos se recuperaron o no, pero no puedo imaginarme a la autoridad preguntando a un sospechoso por unas bragas, una bata, una boina, un delantal o una toalla en un interrogatorio bajo la intimidatoria luz de un flexo.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO