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Del agua y otras cosas: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Del agua y otras cosas: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Cuando pensamos en ríos criptanenses, nos vienen a la mente dos. Primero, el Záncara, el que parece ser el rey de los ríos criptanenses, rey de reino humilde y pequeño, casi rey puramente nominal, sin cetro y sin corona, y sin agua, quizá rey de taifas hídricas, rey tan efímero como las pocas estaciones en que su cauce ve correr el agua y se regocija viendo refrescado su reseco lecho (véanse: El río aquel… Campo de Criptana, 1575; El río ultrajado, I: Historias del Záncara, Campo de Criptana, 1894; El río ultrajado, II: Historias del záncara, Campo de Criptana, 1926; El río ultrajado, III, Historias del Záncara, Campo de Criptana 1897; El río záncara y su paisaje: Toponimias de Campo de Criptana). Luego es el Córcoles el que nos viene a la memoria, río pequeño, casi dudoso incluso que puede tomar esta denominación, «río», quizá mejor arroyo, o acequia, que es lo que parece, mero subordinado, mero súbdito del Záncara, al que va a parar. Si efímero es el Záncara en aguas, mucho más lo es el Córcoles, tanto que son las aguas una rareza en su cauce (veánse: Crónicas del río Córcoles, I, Campo de Criptana 2014; Crónicas del río Córcoles, II, Campo de Criptana 2014; Crónicas del río Córcoles, III, Campo de Criptana, 1890-1899).

No son, sin embargo, éstos los únicos elementos hídricos con que la naturaleza o la ingeniería dotó al término criptanense, tan extenso y extendido de norte a sur, tan rico en paisajes, desde las sierras hasta las llanuras (véase: Geografías, topónimos, parajes, lagunas, arroyos y más cosas, Campo de Criptana 1881, 1887). Hay muchos más, unos importantes, otros discretos, casi inadvertidos, casi escondidos y dormidos, aunque, de vez en cuando, despiertan y nos sorprenden y nos asustan y nunca habríamos pensado que esos hilillos de tierra secos durante años podrían acoger momentáneamente cauces de tanta fuerza y violencia. La naturaleza no deja nunca de sorprendernos, unas veces para bien y otras para mal. Dejando a un lado el famoso Caz del Pozohondo, cuyas aguas brotarían en las sierras criptanenses, y no serán, seguro las únicas, y dejando a un lado el arroyo de San Marcos, del que ya hemos hablado en alguna ocasión, y las lagunas de Salicor, paraje lunar como pocos en la zona, paisaje peculiar tan extraño como hermoso, y los numerosos pozos, de los que en alguna ocasión hemos hablado, incluso también un balnerario que en otros tiempos hubo… dejando a un lado todos estos lugares, hay otros muchos más a tener en cuenta en un hipotético catálogo hidronímico-fluvial criptanense (véanse: Vagos recuerdos del Caz, Campo de Criptana 1956-1957; El Pozohondo y el Caz, Campo de Criptana 1890-2013; Los pozos y los Infantas, Campo de Criptana 1890; Los pozos de Campo de Criptana: Milagros, toponimias, historias y sucesos, 1550-1928; Pozos, fuentes y agua en Campo de Criptana, 1849, 1897; El Balneario del Carmen, Campo de Criptana 1924). Veamos, pues, algunos de ellos, pero advertimos al lector que en modo alguno pretende ser lo que sigue catálogo exhaustivo, sino solo aproximación que siempre quedará abierta a un futuro enriquecimiento.

Más sobre el agua: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Más sobre el agua: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Tiene Campo de Criptana parte en el Canal del Guadiana, ese curso unas veces con aguas y otras no que parte del Embalse de Peñarroya y corre hacia el norte primero y luego hacia el oeste. Y comenzaremos con él. Entra el canal en término criptanense desde el de Alcázar de San Juan, por el que recorre escasos 345 metros procedente del de Tomelloso. Es un paraje de nombre incierto, a medio camino entre el llamado de Los Negrillos, en Alcázar y Tomelloso, y los de Las Tinadas y El Tardío en Campo de Criptana. Desde allí hasta el pueblo de Criptana hay, en línea recta, unos 21’280 kms.

Corren hacia el norte sus aguas y van jugueteando con el límite fronterizo entre Alcázar y Criptana, unas veces en un lado, otras en otro. Recorre este canal primero 2’10 kms. en término criptanense; penetra luego en el de Alcázar, por poco espacio, y vuelve al de Criptana, y toma su nuevo camino que transcurrirá por tierras criptanenses durante 4’310 kms. Se cruza por allí con la CM-400, y pasa junto al paraje de El Badén, y deja a la derecha la Casa de los Ponces, y un poco más arriba a la izquierda la Treviñeja, y a la derecha la Casa del Tejado. Justo allí, cerca de esta casa, cruza el canal el camino de Argamasilla a Criptana, sin duda, camino viejo, camino que está allí desde no se sabe cuándo, mucho antes de que hubiera carreteras y autovías. Allí, deja el Canal del Guadiana el término criptanense para siempre y, ya en término de Alcázar, al poco, cruzará Alameda de Cervera, vergel como pocos en aquellas tierras de secano. Y, aunque canal, su destino será el de un río, y su búsqueda la del mar.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO