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El río: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2011)

El río: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2011)

Tiene Campo de Criptana espacios hídricos reales. De ellos ya hemos hablado en muchos artículos. Tiene una laguna, la de Salicor; tiene un canal, el del Guadiana; tiene un río, el Záncara; tiene una acequia, la de Socuéllamos, o también «río Córcoles»; tiene un arroyo, el de San Marcos; tiene una vertiente, la del Salobral; tiene fuentes y tiene pozos, muchos pozos. Es variopinto y rico en matices este panorama hídrico criptanense; no hay abundancia de aguas, al menos visibles (otra cosa es las que están ocultas), pero sí amplia y diversa tipología.

Y hay mucho más, porque junto a estas aguas reales se encuentran las aguas irreales, o las que fueron pero no son, o las que son estacionalmente, o las que son muy de vez en cuando, o las que son muy de tarde en tarde, o las que, quizá, ni han sido ni son pero portan nombres hídricos como paradoja de estas tierras. Son esas las aguas evocadas por aquellos nombres que los antepasados pusieron a parajes en los que, de un modo a otro, estaba presente el agua, o, al menos, queda un recuerdo de ella.

El arroyo: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2011)

El arroyo: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2011)

El reparto geográfico de esta toponimias hídricas criptanenses nos indica claramente dónde se encontraba presente el agua en el término municipal, dónde brotaba, dónde se almacenaba, desde dónde corría. El mapa del término nos muestra cómo estas toponimias dibujan un arco que va desde las tierras situadas al norte de la N-420, al occidente de Criptana, camino ya de Alcázar, hasta el oriente de la localidad, también en esta misma carretera. Son las aguas primigenias, aquellas con las que la naturaleza dotó a estas tierras.

Veamos, pues, algunas de estas toponimias en un listado que en modo alguno pretende ser exhaustivo. Veamos hoy algunas de ellas; dejaremos para los días siguientes las restantes.

Fuente Amarguilla

El manantial: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

El manantial: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

No es el único topónimo del término criptanense en el que está presente la palabra «fuente». Encontramos también la Fuente del Caño, que dio lugar al nombre de la calle, «Calle de la Fuente». Como diminutivo se encuentra la calle Fontanilla, la «fuente pequeña», nombre propio que convive con el común, variante evolutiva popular, «hontanilla» (no recogida por el DRAE), ambos del latín fons, fontis. Por estas tierras el término diminutivo «hontanilla», hermoso y evocador como pocos, está ya plenamente lexicalizado y designa a un pequeño manantial de agua. Sí recoge el DRAE «hontana», usado actualmente en dos acepciones:

1. Aparato para que salga el agua.

2. Obra de fábrica para este fin.

Es curioso que «hontana» y «hontanilla» presentan la natural evolución de la f- inicial latina a h- en castellano, lo que no ocurre, sin embargo, con «fuente», «fontana» y «fontanilla». Es, sin duda, «hontanilla» uno de esos términos a añadir al léxico propio de la zona. Está situada la Fuente Amarguilla, al norte de la N-420 y del Camino de la Era de Monego, junto al paraje de Siete Molinos y cerca del Carril de Tribaldos. Es topónimo muy abundante en la geografía española.

Casa de las Pozas

El Pozo: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

El Pozo: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Así se llama el paraje, y en su extremo oriental se halla la casa que, sin duda, dio lugar al topónimo, «La Poza», uno de los pocos manantiales perennes incluso en épocas de grandes sequías y cercano arroyo que desciende desde la sierra, casi siempre seco, pero no siempre. Quizá «La Poza», sea sólo una de las que existen o existieron, como indica el plural en este topónimo, «Casa de las Pozas». Se halla situado el paraje entre el Camino del Pico a occidente y la CM-3105 al oriente, con alturas que se sitúan entre los 722 y los 726 metros. Por el nombre, «La Poza», más bien se diría que el lugar es, según el DRAE (1ª acepción):

Charca o concavidad en que hay agua detenida.

Pero, como se ha dicho, es manantial, y además, rico y abundante en aguas.

Arroyo de la Campa

Por el paraje de El Pico: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (1995)

Por el paraje de El Pico: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (1995)

Seguimos hacia el norte del término y nos encontramos con la CM-310, carretera de Alcázar de San Juan a Quintanar de la Orden. Al sur de ella, entre los kilómetros 5 y 6 se extiende el Arroyo de la Campa, en un lugar en que difícilmente se diría hoy que hay agua. Quedan, sin embargo, las huellas de un arroyo que es el que, sin duda, dio el nombre el lugar y que recogía y recoge las aguas que descienden de las sierras de El Molino (759 metros sobre el nivel del mar) y de la Cuesta de Quero. Linda al sur con el paraje de la Cuesta de Quero, y al norte con el Cerro Carretero y la Venta del Marqués. El término «campa» es un adjetivo en forma femenina, derivado del sustantivo «campo». La expresión «tierra campa» designa, según el DRAE, a:

La que carece de arbolado y por lo común solo sirve para la siembra de cereales.

Esta descripción se adapta, perfectamente, al paraje llamado Arroyo de la Campa.

Aquí lo dejamos por hoy.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO