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Continuamos hoy hablando sobre las toponimias hídricas de Campo de Criptana. Nos ocuparemos de dos parajes cuyos nombres nos evocan el agua: uno es el Pozo del Tratante, en las sierras criptanenses, allá por El Real; el otro es El Batán, porque, para hablar de tal paraje y del batán que allí hubo, nos dio pie ayer el topónimo «La Batanera» (véase: Toponimias hídricas, Campo de Criptana 2014, V). Perdámonos, pues, por las tierras criptanenses, por sus tierras, sus ríos, sus vados y sus caminos.

Pozo del Tratante

Caminos y sierras: Pastel al aceite sobre cartulina de José Manuel Cañas Reíllo (2002)

Caminos y sierras: Pastel al aceite sobre cartulina de José Manuel Cañas Reíllo (2002)

Otro topónimo con el término «pozo», uno de muchos en el término criptanense. Está este paraje entre valle y colinas, pequeña cordillera con alturas de hasta 752 metros de altura, de formas sinuosas, casquivanas y retorcidas, de sur a norte, o de norte a sur, cuestión, la de la dirección, que como en las calles (¿dónde empiezan y dónde acaban?) resulta también aquí irresoluble o, al menos, nosotros no le hemos podido dar una solución. Se halla situado el paraje al noreste del Balcón de Pilatos, topónimo curioso como el que más, y La Veredilla, diminutivo coqueto; por el sur se halla el paraje de La Laguna y al este el Corral de Sabino. Al norte domina el lugar llamado de Miraflores, donde encontramos una de las alturas más prominentes de la zona, 767 metros sobre el nivel del mar. Dos caminos limitan el paraje del Pozo del Tratante: por el noroeste el de Campo de Criptana a El Toboso; por el sureste el de la Laguna. El pozo subsiste, o al menos subsiste un pozo, que no sabemos si es el que dio nombre al paraje; respecto al «Tratante», poco o nada podemos decir.

El Batán

Puesto que ayer hablábamos de un lugar llamado «La Batanera» nos vamos hoy a El Batán, otro paraje singular del término criptanense. Para encontrarlo tenemos que dirigir nuestros destinos hacia otras tierras, muy diferentes de aquéllas que dominan el Pozo del Tratante. Dejaremos las sierras que circundan a Campo de Criptana por el norte, y nos situaremos en la llanura, en un lugar determinado junto al río Záncara, porque allí esta el paraje de El Batán. En ese lugar, precisamente, hace un requiebro el río, que, procedente del término de Socuéllamos, vira hacia el sur y luego, de repente gira hacia el norte para volver a retomar la dirección oeste, y, por un momento, no sabe uno hacia dónde va y hacia dónde no va, de tan distraído como se muestra su cauce.

Záncara: Dibujo a tinta china de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

Záncara: Dibujo a tinta china de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

Tiene el nombre de El Batán evocaciones ricas en imágenes del pasado, de aquellos tiempos en que el río tenía agua suficiente para el trabajo de estos ingenios, y las arboledas protegían el cauce a lo largo de todo su curso, y los vergeles repletos de vida lo rodeaban. Eran tiempos dorados de aquel río, tiempos dorados del Batán, tiempos dorados de la naturaleza criptanense. Hoy son tiempos de hierro, duros tiempos de hierro. Nada ni nadie escapa a las hesiódicas edades del hombre.

Molino sobre el Záncara: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

Molino sobre el Záncara: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

No es El Batán el único lugar que evoca agua por allí. Un poco más allá, siguiendo el curso del Záncara, encontramos la Casa del Molinillo, porque, quizá, un molino de agua debió de haber en el río, uno de los muchos que hubo en otros tiempos. De ellos quedan restos, por ejemplo, en el término de Alconchel de la Estrella, en la provincia de Cuenca. No todo son ruinas en estos molinos. Queda uno en pie, y muy en pie, como si el tiempo no pasara por él, como si las aguas del Záncara no llevasen moviendo sus ingenios desde hace siglos. Se halla ese molino en el término de Carrascosa de Haro, también en Cuenca, y allí el río todavía se muestra en toda su plenitud, como se espera de un río y como de ser. No podemos decir lo mismo del paraje de El Batán criptanense, ni del estado del río por aquellos lugares, ni del batán que dio nombre al paraje ¿qué podríamos decir? Poco queda, ni siquiera el recuerdo de que en otros tiempos tuvo Criptana algo parecido.

Y hay otros lugares que evocan el agua por aquellos lugares. Hay también una Casa de Ribera, justo al lado de la Casa de Perreta, ambas al sur de la Casa de Carabina a un lado, y de la Casa de Labio Gordo al otro, y cerca, muy cerca, la desaparecida Estación de Arenales (véase: La «Estación de Arenales«, Campo de Criptana, 1915-1928). Hay más lugares que evocan agua: los vados, porque de un vado se espera y es lo natural, que esté en un río o en un arroyo o en un curso de agua cualquiera. Vado Mascaraque, Vado del Guijarral y, ya junto a la frontera con el término de Alcázar de San Juan, el Vado de Savín, son algunos de los que podemos encontrar a lo largo del Záncara.

Aquí lo dejamos por hoy, evocando el agua, siempre el agua en estas tierras tan secas… tan aparentemente secas y áridas.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO