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Las Charcas: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Las Charcas: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Como ya en artículos anteriores comenté, no sabía muy bien hasta dónde llegaría esta serie. Primero serían tres artículos (eso pensaba yo al principio), luego cinco, después siete, con el de ayer fueron nueve y, finalmente, con el de hoy serán diez. Y éste será el último… este sí. Dejémoslo en un número redondo, diez, y quedará completo el catálogo de topónimos hídricos criptanenses. Eso creo, al menos… Creo que quedará completo. Si no es así, y voy después encontrando otros nuevos, escribiremos sobre ellos, pero, por el momento, lo dejaremos en este artículo, en el décimo. Mucho pozo ha aparecido en los últimos días; mucho pozo hay en la toponimia criptanense, como es natural por estas tierras. Pero no todo son pozos, hay algo más. Y en honor a la Casa de Voy y Vengo, a la que ayer hicimos referencia y, puesto que ya fuimos en su momento hacia el término de Tomelloso repasando topónimos, hoy venimos, de nuevo, a las proximidades del casco urbano criptanense. Nos dejábamos tres topónimos que tienen que ver con el agua, tanto como los que más. De uno ya hablamos en su momento, aunque no extensamente. Es de Las Charcas. Pero hay dos más, que corresponden a los parajes llamados Caseta del Agua y Cabo Ríos.

Configuran los tres un arco hídrico que abraza o, mejor dicho, arropa, o, para ser más exactos, acuna a Campo de Criptana por el sur, desde el oeste hasta el este, al sur, más allá de la línea del ferrocarril. Es curioso que tendamos a considerar a ésta como límite entre parajes, como frontera entre pueblo y campo, entre poblado y no poblado, entre lo urbano y lo rural. Realmente, tenemos que darnos cuenta de que lo que naturaleza no separó no lo puede separar el ferrocarril, y que los paisajes son un continuum de tierras, tan indeterminado e ilimitado que, si nos dejásemos llevar, nos veríamos arrastrados al infinito de la llanura. Los nombres, los topónimos, son cosa humana, y la tierra es una.

Así pues, veamos ahora este arco hídrico del sur que comienza en la Caseta del Agua, continúa en Las Charcas, paraje, que no barrio, y finaliza en Cabo Ríos.

Caseta del Agua

La continuidad de las tierras: Dibujo de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

La continuidad de las tierras: Dibujo de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Está este paraje situado al suroeste del casco urbano criptanense, como se ha dicho, al sur de la línea ferroviaria, más o menos a la altura de su kilómetro 153. Linda al oeste con el término de Alcázar de San Juan, al sur con el Pozo de La Lagunilla y al este con los lugares llamados Palomares y Alto de Manzanares. De dónde viene el nombre, no hace falta ni indagarlo. Es éste uno de esos abundantes nombres parlantes que se encuentran repartidos por toda la geografía española. Dos caminos cruzan el lugar: el de Alcázar y el del Vegazo. Ambos confluyen en el paso a nivel sin barreras situado sobre la línea férrea a medio camino entre los puntos kilómetros 153 y 154. Hoy ya no es lo que era este paraje de la Caseta del Agua. Hoy ya no contempla al norte de la línea del ferrocarril los extensos campos, las siembras lozanas… ya no puede ver, en primavera, si el trigo está verde o no. Un polígono vacío, que es como decir un esqueleto de polígono, o un polígono escuálido, o un polígono frustrado ocupa esos paisajes que en otro tiempo eran parte de la llanura, y allí, al fondo, muy al fondo, donde el horizonte se encuentra con el cielo, siguen aún los molinos de viento cabalgando sus colinas, sus sierras.

Las Charcas

Las Charcas desde la Sierra: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Las Charcas desde la Sierra: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Era el de Las Charcas originalmente un extenso paraje. Allá por finales del siglo XIX se extendía al sur del casco urbano criptanense de entonces, es decir, aproximadamente desde el lugar por el que transcurre la actual N-420 a su paso por la localidad. El ferrocarril, a mediados del siglo XIX, lo partió en dos: una parte al norte y otra al sur. Ya en el siglo XX Criptana dio el salto al otro lado de la carretera (actual N-420) y comenzó a expandirse hacia el sur, tanto y tanto que devoró la mitad norte de Las Charcas, y nacieron calles, y manzanas y todo un plano en forma de damero. Todavía hoy llama la vox populi «Las Charcas» al barrio. Otra suerte corrió la mitad sur: el ferrocarril hizo de muro de contención, y la expansión de Criptana no lo cruzó, y permaneció aquella mitad agreste. Se conservó el paraje campestre, aunque no puro. Un desagüe lo mancilla.

Cabo Ríos

Mirando a Cabo Ríos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Mirando a Cabo Ríos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Ocupa el paraje de Cabo Ríos el terreno en forma triangular situado entre la línea de ferrocarril, a la altura de los kilómetros 156 y 157, una vez dejada atrás la estación de Criptana en dirección a levante, y la CR-1223 (carretera de Criptana al Puente de San Benito). Dos caminos lo cruzan: el del Quemado y el Carril de La Choza. Convendría añadir que el Camino del Quemado es otra de esas viejas vías cercenadas por el ferrocarril: al sur de la línea férrea tiene este nombre, Camino del Quemado; al norte es el conocido como «Carreterín de los Muertos». No es el único caso. También ocurrió con el Camino de los Cocederos, cortado en dos no sólo por el ferrocarril, sino también por la CR-1222 (Campo de Criptana – Arenales de San Gregorio) allí donde ambos, tren y carretera, confluyen.

Y aquí sí… aquí sí finaliza esta serie dedicada a la toponimia hídrica criptanense que nos ha dado la oportunidad, al paso, de hablar de otras muchas cosas, incluso, del mar y los peces.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO