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Molino en ruinas: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Molino en ruinas: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Es curioso cómo el destino nos depara ciertas sorpresas y establece vínculos que no siempre somos capaces de percibir, a primera vista, al menos. Ayer hablábamos de los molinos de viento de Criptana, los que molían el trigo criptanense, el que se nacía en sus campos, los que sembraba el labrador, el que vivía del pan, el que se hacía con harina, la que se salía del trigo, el que se molía en los molinos… aquellos de los que hablábamos ayer. A ver si va a ser verdad que eso del eterno retorno va a tener algo de cierto. De molinos ayer, hoy de harina, y mañana ¿quién sabe de qué hablaremos?… porque con esa harina se hacen las galletas. Una «galleta», término de origen francés, es, según el DRAE, una:

Pasta compuesta de harina, azúcar y a veces huevo, manteca o configuras diversas, que, dividida en trozos pequeños y moldeados o modelados en forma varia, se cuecen al horno.

Una «galleta» puede ser también, en la lengua coloquial, según dice también el DRAE, una bofetada, o un bofetón, que, aunque aumentativo este último, uno nunca sabría ponderar si debida y objetivamente qué es más fuerte y violento, si una bofetada o un bofetón. Por supuesto, hablaremos, pero de galleta en su acepción principal, la galleta de comer, esa que se moja en el café con leche, esa que se deshace en la boca, esa que despierta pasiones, esa que encierra en si misma, de vez en cuando, ciertos misterios que uno no sabría muy bien discernir si son más propios de la lujuria o de la gula. Es, quizá, el furtivo erotismo de la galleta. De las otras galletas, las bofetadas coloquiales, ya hemos hablado alguna vez, pero es un tema que ahora no nos interesa aquí. A ellas les cerraremos la muralla.

Criptana: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Criptana: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Como Campo de Criptana ha tenido casi de todo, no podían faltar fábricas de galletas. Galletas se han comido siempre, aunque no siempre se hacían en fábricas especializadas; eran competencia, en la mayoría de los casos, de panaderías o de pastelerías. Y también hubo proyectos de instalación de fábricas de galletas en Campo de Criptana. En unos casos se hicieron realidad, en otros no, aunque no por falta de ganas, sino por las circunstancias, que son como el destino, que uno nunca sabe adónde nos lleva y de dónde nos trae.

De una de estas fábricas de galletas tenemos noticia por un anuncio de la Delegación de Industria de Ciudad Real que se publicó en el Boletín Oficial de la Provincia, del 10 de marzo de 1947. Según nos dice su texto, Honesta Manzaneque Flores había cumplido los trámites reglamentarios en el expediente de solicitud de autorización para la instalación de una fábrica de galletas en Campo de Criptana. Se emitió, como era preceptivo, un informe, que estuvo a cargo la Comisaría General de Abastecimientos y Transportes. Un proyecto así no tendría que haber planteado dificultades; sin embargo, si las planteó, y el informe fue negativo, pues señalaba una dificultad que pondría en peligro la viabilidad del negocio:

… en el mencionado informe se indica que no puede suministrarse materias primas aesta clase de industria.

Por lo tanto, la Delegación de Industria, resolvió:

Denegar la autorización solicitada por doña Honesta Manzaneque Flores, para instalar una fábrica de galletas en Campo de Criptana.

Molino de Criptana: Dibujo a tinta de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Molino de Criptana: Dibujo a tinta de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Como era de rigor, se ponía un plazo de quince días para interponer recurso de alzada contra esta resolución. Termia el anuncio con la frase «Dios guarde a Vd. muchos años», muy en consonancia con la época, con la fecha y la firma: 5 de marzo de 1947, por el ingeniero jefe Alberto Gallardo. Se quedó Campo de Criptana, al parecer, sin fábrica de galletas… por un tiempo, al menos, porque cinco años después, en 1952, hubo una nueva solicitud. Se publicó el anuncio en el mismo Boletín provincial, núm. correspondiente al 24 de octubre de ese año. En este caso, Pablo Escribano Sánchez-Manjavacas solicitaba del Ayuntamiento criptanense la autorización

… para instalar una fábrica de galletas y bizcochos en la Avenida de los Héroes del Alcázar, número 21, y para trasladar al mismo sitio la industria de productos dietéticos y pastas para sopa que tiene instalada en la calle de la Virgen de Criptana, núm. 15.

Como era de rigor en estos casos, quedaban expuestos al público los expedientes para que, quien así lo estimase oportuno, formulase las posibles reclamaciones. El anuncio está firmado en Campo de Criptana, el 18 de octubre de 1952, por su alcalde, Emiliano de Torres. Por cierto, la «Avenida de los Héroes del Alcázar» es la actual avenida de Juan Carlos I.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO