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Tinaja campestre: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Tinaja campestre: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Tenía el corresponsal curiosidad infatigable, curiosidad inmensa por todas las novedades que los tiempos iban trayendo a Campo de Criptana. Yo creo que aquel corresponsal de El Pueblo Manchego en Criptana tenía mucho de visionario y de persona adelantada a su tiempo; creo también que aquel corresponsal tenía una gran visión de futuro, que veía entonces otro Criptana, uno, quizá, inundado de progresos y adelantos de la ciencia y de la técnica, quizá una Metrópolis a lo Fritz Lang, metrópolis molinera, metrópolis vinícola, metrópolis manchega. ¿Vio el corresponsal en esas tinajas prodigiosas la señal de que el futuro estaba allí, llamando a las puertas de Criptana? Puede que sí. No puede ocultar en ningún momento el corresponsal su admiración, su asombro, su estupefacción ante ese invento, ante esas tinajas prodigiosas hechas de cemento armado que comenzaban a salir de la fábrica, recién instalada en Criptana en aquel año de 1917, que dirigía Ramón Ros.

Tanto y tanto se maravilló el corresponsal que dedicó un artículo al tema, y contó al mundo lo que estaba pasando en Campo de Criptana, cómo ese futuro ya estaba allí, y era para quedarse. Recordemos que el artículo tenía por título Nuevos elementos para la vinificación y que se publicó en el periódico El Pueblo Manchego, año 7, núm. 1796, del 10 de enero de 1917. Ya ayer dimos los prolegómenos necesarios para que el lector sitúe el tema en su contexto y dijimos que hoy continuaríamos hablando sobre la cuestión. Dejamos ayer al corresponsal completamente estupefacto por las maravillas de estas tinajas, y en eso continuamos hoy. Y como su curiosidad periodística y su afán por informar eran inagotables, se fue a recorrer bodegas para comprobar in situ cómo eran esas tinajas prodigiosas. Dejemos que hable él:

Uno de los trabajos que he visto, que más me ha gustado han sido tres grandísimos depósitos de infinidad de arrobas cada uno, que ha instalado [la fábrica] en una de las importantes bodegas de esta villa, enclavados en una pequeñísima extensión de terreno, que, á juzgar por cuantas personas lo han visto, es el trabajo más perfeccionado conocido hasta la fecha tratándose de envase vinario.

Más tinajas campestres: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Más tinajas campestres: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Incomparable. Tal sería ese nuevo invento, que vendría a sustituir a las viejas tinajas, aquellas de barro cocido tradicionales, aquellas que se venían usando desde tiempo inmemorial, pero, por supuesto, más frágiles y nunca tan grandes como las nuevas. El tiempo es así, igual que las generaciones se suceden, unas van y otras vienen, también las tinajas, las viejas de barro se fueron, y llegaron las nuevas, las de cemento. En esto el tiempo es, se quiera o no, inexorable, y nadie escapa a sus designios. Pero era una sustitución necesaria, como reconoce el corresponsal:

Con nada se puede comparar el nuevo adelanto conocido que en estas líneas detallo, porque la región manchega, dada la abundancia tan progresiva que el viñedo va adquiriendo, tiene ó debe de procurarse obtener un nuevo envase que surta las inmensas ventajas y adelantos que en otros ramos se han adoptado.

Hoy, como es sabido, el envase más general que se usa en esta región para el vino corriente, son las tinajas de tierra cocida; pero esto ya es poco. Hay recurrir á otros medios que ya pro su solidez ó por su más recogida extensión en terreno etc., sean más ventajosas para el productor.

En todos los trabajos de fabricación hay hoy adelantos perfeccionadísimos los cuales tienen el objeto de aumento de producción más que lo ordinario, y economía en su coste.

Viñedos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Viñedos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

El futuro estaba ya en Campo de Criptana, y los tiempos estaban cambiando, imparables, y con ellos la economía, la sociedad y todo el pueblo en sí mismo. Comenzaría, sin duda, uno de los periodos de mayor esplendor de la localidad en todos los sentidos, y se prolongaría hasta finales de los años veinte. Fue en ese periodo cuando el caso urbano criptanense transformó completamente su faz, cuando la modernidad vino para quedarse. Y el corresponsal estaba allí para contárnoslo en sus artículos, como un documental en vivo y en directo. Como hemos dicho muchas veces, sin él, sin el corresponsal, muy poco sabríamos sobre la vida cotidiana de aquel tiempo en Campo de Criptana, y pocas noticias tendríamos de los vertiginosos cambios que entonces se vivieron.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO