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El cementerio: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

El cementerio: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Produce un cierto vértigo ponerse a escribir el artículo número 1.001 de este blog y pensar que ya hay tanto y tanto escrito antes. Más que vértigo, tengo que reconocerlo, me produce un cierto asombro, tanto que, incluso no me lo llego a creer y no sé si estoy inmerso en un sueño o en algo irreal y ya se sabe, que los sueños, sueños son. Miro, sin embargo, los numeros del blog y me convenzo de que así es, de que ayer publiqué el artículo número 1.000.

Durante mil días hemos vuelto, con mucha frecuencia, la vista al pasado, y hemos recorrido otras épocas, y hemos observado lo ocurrido en otros tiempos a través de esa mirilla a la que me refiero tan a menudo; me he sentido, incluso, como un viajero en una máquina del tiempo que fuese hacia atrás y de repente virase, y volviese al presente, y así una y otra vez entregados a la sorpresa, sumisos a la inercia de las cosas, dejándonos llevar… Hemos buscado siempre las pequeñas historias criptanenses, nos hemos adentrado, en la medida de lo posible, en el día a día de generaciones pasadas, hemos intentado poner cara a criptanenses de otros tiempos, y hemos tratado de averiguar, en todo momento, cómo fue su vida cotidiana y su día a día. Eso es lo importante aquí, mucho más que la gran historia, esa mansión repintada y adornada pero llena de ocultos trasteros de podredumbre y corrupciones.

La tempestad y el mar: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2007)

La tempestad y el mar: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2007)

Hemos hablado a lo largo de todo este tiempo de muchos personajes criptanenses, de tiempos muy lejanos, de tiempos menos lejanos y de tiempos recientes, a veces, incluso, del ayer mismo. Son cientos, quizá miles, los criptanenses del pasado cuyo recuerdo hemos ido resucitando poco a poco de esas brumas sombrías del olvido. Ha habido personajes reales, casi todos, y ha habido también personajes ficticios que pululaban como quien no quiere la cosa y sin mucho orden ni concierto por los artículos de este blog. Tengo que referirme por fuerza en este caso al caminante, a ese caminante que aparece y desaparece de repente, cuando quiere y como quiere. No sé por qué creé en su momento este personaje, ni por qué surgió un caminante al que se advertía continuamente que se alejase del Cerro Lobero por las noches, por si los lobos, porque los antiguos o ponían los nombres porque sí, que no transitase por la Cañada del Muerto, o, desde un epitafio sepulcral se le recordaba continuamente que era mortal, que todo tiene su final, también el hombre, y también el caminante, y también el que escribe tiene su final, y también tú, lector, tendrás un final… como todo y, como todo seremos pasado para los que vengan después.

De mares y barcos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

De mares y barcos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Hemos hablado a lo largo de todo este tiempo de la vida, y hemos hablado de la muerte, porque sin ella no se comprende la vida, por mucho que no guste, por mucho que, incluso, pueda molestar. Han tenido un lugar importante en estos escritos las necrológicas, los epitafios, los paseos por el cementerio, las evocaciones de historias fúnebres. Todo ello es parte, también, de la historia y todo ello seguirá siendo, pues, motivo presente en el futuro de este blog, como también lo serán las historias del cementerio y como también lo serán los paseos por el cementerio. Como ya dije en un artículo, muy especial para mí, publicado hace algún tiempo (véase: La herida abierta, Campo de Criptana, 2014), este barco no vira ante tormentas ni frente a mares procelosos ni ante ignorancias e intolerancias… este barco sin bandera seguirá su rumbo hasta donde haga falta y hasta llegar a su destino.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO