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En contra de todo propósito, faltó ayer artículo en este blog. El hombre propone y la «wifi» o el «wifi» dispone. Digo «la wifi» o «el wifi», porque nunca sé qué género atribuir a este extraño término que se ha colado en nuestra lengua como tenia en intestino ajeno. A lo mejor para palabras como éstas nos vendría bien en español un neutro, como en otras lenguas, dícese el alemán o el islandés, o, sin irnos más lejos, el latín y el griego, o también el ruso; a lo mejor estas dudas quedaban resueltas así, de un plumazo y no tendríamos que andar divagando, como si de ángeles se tratara, sobre su sexo.

Quousque tandem... Criptana?: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Quousque tandem… Criptana?: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Volvemos, pues, al tema que correspondía ayer, pero del que hablaremos hoy. Concejales, alcalde, depositario de fondos, secretario, auxiliar… nadie quedó en su sitio. Un terremoto sacudió la administración municipal criptanense en aquellos días de enero de 1896. Unos se fueron porque quisieron, otros porque los cesaron. Una cosa clara me queda, a mí y, supongo, que también te quedará a ti, lector: en aquellos tiempos había quien dimitía de su cargo, acción que hoy nos parece inusitada, exótica, excéntrica y casi, casi asunto de arcanos esoterismos impenetrables. A lo mejor, eso de lo que tanto se habla, la erótica del poder, es algo real, y más que erótica a lo mejor es pornográfica… del poder. La verdad es que en casi todo, si se busca bien, se puede encontrar esa erótica que a veces permanece velada y oculta a nuestra mirada ¿incluso en el poder?

El Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real del 6 de marzo de 1896 nos cuenta cómo transcurrió la sesión ordinaria del día 20 de enero en el Ayuntamiento criptanense. Fue sesión intensa; se decidieron muchas cosas y salieron muchos nombres a relucir. A lo mejor ese día ocurrió algo especial y esa tan citada erótica del poder… a lo mejor ese día el erotismo inundó, como quien no quiere la cosa, aquel pleno caliente de un frío día de invierno. Tomaron posesión los nuevos concejales; se admitieron las renuncias de empleados municipales y se nombraron otros. Se confirmó al perito alarife y a los peritos labradores. Y hubo más. Lo que nos faltaba:

Quedó enterada la Corporación de haber cesado en sus cargos el cabo de serenos Crescenciano Angulo y los individuos del cuerpo Alejandro Olmedro (sic, «Olmedo») y José María Olivares, y de que por la Alcaldía se ha nombrado para reemplazarles á Gerónimo Manjavacas para cabo y serenos á Antonio Pintor y Manuel Olivares.

Se levantó la sesión, aquel día 20 de enero, no sin antes llegar al acuerdo de comisionar al alcalde o al individuo o individuos que él designara para hacer un viaje a Madrid o a Madrid y Ciudad Real para gestionar la construcción de la carretera de Tomelloso a Criptana.

Parece que la vida municipal criptanense, ya en los últimos días de enero de 1896, volvía a su cauce de cotidianeidad, a su día a día de papeles, de sellos, de gestiones, de burocracias varias, de problemas grandes y problemas pequeños, y problemas que no eran ni una cosa ni otra, que solían, suponemos, ser los más comunes. La vida, en el fondo es eso, un sucederse de acontecimientos moderados, ni grandes ni pequeños. De nuevo esa mesotés griega, ese término medio vuelve a salir a relucir aquí, de nuevo esa vida cotidiana, de nuevo la rutina… como debe ser.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO