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Nos salía ayer la palabra “atarjea”, o “atargea”, como se escribía en el documento del que hablábamos, o «tarjea», que se diría por aquí aún hoy, como nos apuntó el amigo Melquiades, antropónimo bien real, pues viene del hebreo melek, «rey». De una palabra rara, que evoca sonidos de la lengua árabe, «atarjea», nos vamos hoy a un término sencillo pero muy rico en matices y, sobre todo, sonoro, muy sonoro y, si nos apuramos, también estridente. Es la palabra “pito”.

Cuando va cayendo la noche: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2010)

Cuando va cayendo la noche: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2010)

Esto del pito tiene muchas interpretaciones en nuestra lengua, que tan rica es en sentidos figurados y segundos sentidos, y pito, a este respecto, da mucho juego para jocosidad y guasa de la vox populi, que en esto siempre es ocurrente e imaginativa. A lo mejor “el pito del sereno” viene a ser como la flauta de Bartolo, que tenia un agujero sólo. En esto el genio popular es inconmensurablemente creativo e hila siempre fino y no da puntada sin hilo, que es como decir que da siempre en la diana. Hay en español quien habla con segundas, hay quien habla con terceras, y hay quien habla con cuartas; es una manera de establecer registros que me recuerdan mucho a las ondas de la radio, y como ocurre con éstas, no todo el mundo es capaz de captarlas y no siempre, cuando se captan, se entienden en su justa medida. Los hay, ciertamente, muy malpensados y en esto siempre hay que estar preparado para quienes interpretan por lo tremendo lo que sólo es juego lingüístico… de acuerdo, con toda la intención del mundo, pero juego al fin y al cabo. Luego los hay que no captan ni lo que está más claro que el agua, o ven segundas intenciones donde no las hay. En esto, la postmodernidad y estas modas de lo políticamente correcto están haciendo un daño que todavía no podemos estimar en su justa medida.

Y venía esto a cuento del pito, en este caso el de un sereno o, para ser más exactos, de varios pitos y de varios serenos… de los pitos de los serenos de Campo de Criptana. Hay que reconocer que para un sereno un pito es como el comer o el respirar, a no ser que sepa silbar con profesionalidad y con entusiasmo y que con mucha entrega y dedicación llegue a dominar todas las artes del silbato «bocal» (que no vocal) u oral, que viene a ser lo mismo. No quiero, sin embargo, desviarme por esos predios lejanos al tema de hoy, no sea que crea alguien que voy por donde realmente no voy… no sea que alguien piense mal e interprete equivocadamente mis reflexiones sobre el tema. Dada esta estricta necesidad que tenían los serenos de pito, lógico es que el presupuesto del Ayuntamiento criptanense contemplase, en los años en que aún había serenos, una partida económica para la adquisición de tan sonoro y cantarín artilugio.

Noche silenciosa, Campo de Criptana: Foto de José Manuel Caña Reíllo (2009)

Noche silenciosa, Campo de Criptana: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

Más o menos un mes antes de que aquella crisis consistorial de la que tanto y tanto hemos hablado, envenenase cual cizaña las estructuras del Ayuntamiento criptanense allá por enero de 1896, los pitos de los serenos fueron punto del día en un pleno. Fue en la sesión del 2 de diciembre de 1895, y de ello nos dan cuenta los extractos de sesiones publicados en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real del 8 de enero de 1896. Aquel día se acordó que se abonasen al Secretario de la Corporación los gastos de los viajes que había hecho en Septiembre y Noviembre a la capital de la provincia para gestionar asuntos municipales, así como los derechos que correspondían a este mismo secretario y al subdelegado de farmacia por la reapertura de la botica de D. Carlos Longoria.

La nota extraordinariamente deliciosa viene a continuación, pues se dice que había que abonar la cantidad de:

… 39 pesetas por los pitos adquiridos para los serenos.

Es para aquel tiempo gran gasto el de 39 pesetas en pitos. Digo yo que habría muchos serenos, o si no, que cada uno tendría varios pitos o en caso de tener uno sólo, que sería lo natural, harían quizá uso abusivo de él ¿habría, quizá, un tráfico clandestino de pitos? Nunca se sabe con estas cosas, pero hay quien con algo tan pequeño pero tan juguetón como un pito hace virguerías, musicales, por supuesto. Esta lengua española nuestra… nunca deja de sorprendernos.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO