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El gato sentado plácidamente (Vista parcial del cuadro "Bodegón con mi gato Abrahán"). Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (1997)

El gato sentado plácidamente (Vista parcial del cuadro «Bodegón con mi gato Abrahán»). Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (1997)

Suena la palabra “pabellón” a cosa de postín y de pedigrí. Nos viene a la mente el “pabellón de caza”, ése que había en palacetes y en mansiones, escenario, a veces, de muertes extrañas. En un pabellón de caza, en el de Mayerling, tuvo lugar el suicidio en pabellones de caza más famoso del mundo, el del archiduque Rodolfo de Habsburgo y la baronesa María Vetsera, en 1889. Hay que reconocer que si uno no tiene “pabellón de caza”, cosa harto difícil en una casa normal o en un apartamento, uno a lo mejor no es nadie en ese proceloso mundo en el que cuenta solo lo que tienes y no lo que eres. Yo prefiero, a decir verdad, un cenador, con pérgola, y con hiedras, y con enredaderas, y con galanes de noche, que son bien olorosos y aromáticos… y a o mejor también un gato negro sentado plácidamente en su barandilla a la luz de la luna.

También nos trae la palabra “pabellón” evocaciones no tan grandilocuentes, ni tan poéticas, ni de tanto postín. Hay pabellones de reposo, como aquel famoso que dio nombre a la célebre novela de Camilo José Cela; hay también pabellones de presos; hay pabellones psiquiátricos; hay también pabellones de contagiosos que antes, no eran sino lugares en los que esperaban la muerte con paciencia quienes habían tenido la mala fortuna de caer en la enfermedad.

Andaba por aquel año de 1911 el Ayuntamiento de Campo de Criptana preocupado por los contagios de enfermedades en la villa. Por ello, en las sesiones de la corporación celebradas en febrero de ese año salió el tema a relucir y, a juzgar por lo que nos dicen los extractos publicados en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real del 5 de julio de ese año, había una cierta premura en tomar medidas. Así, por ejemplo, en la sesión ordinaria del 6 de febrero el presidente de la corporación propuso que se hiciese un proyecto oportuno para “hacer frente a cualquier epidemia o mal contagio que pudiera presentarse”. Mucho no parece que se hiciera hasta el mes siguiente.

En la sesión ordinaria del día 6 de marzo, se aprobó y acordó:

… la ejecución de las obras de construcción de un pabellón en el Hospital Asilo para enfermería de contagiosos”.

El pabellón: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2011)

El pabellón: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2011)

Prisa había, por lo que parece, y premura también, pero el proyecto iba lento. En la sesión extraordinaria de la Junta Municipal, el 2 de abril, se aprobó dictamen de la propuesta de construcción del pabellón para epidémicos y contagiosos en el Hospital Asilo. El 1 de mayo, también en sesión ordinaria de la Junta Municipal, se acordó enviara al gobernador el expediente sobre la construcción del pabellón para epidemias en el Hospital Asilo, con el ruego de que se excluyese de subastas tal obra, pues había razones de urgencia y necesidad. Poco después, se aprobaría también el presupuesto. Todo parecía estar ya preparado para la ampliación del Hospital Asilo con ese pabellón. Y sin duda, pocos años después vendría muy bien disponer de él. Parece que a veces el ser humano es capaz de vislumbrar lo que se avecina, así, ni a muy corto plazo, ni a medio plazo, ni a largo plazo, sino en tiempo sin determinar, que es como vienen siempre estos males. Las enfermedades son, en esto, traidoras, cualidad que les da ser hermanas de la Parca, y con ellas nunca se pueden hacer previsiones.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO