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Ars longa: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Ars longa: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Ars longa, vita brevis. Y no hay nada más cierto. Viene esto a cuento del artículo publicado ayer (La herencia de José Fernández Calzuelas, Campo de Criptana 1802). Fue quizá en exceso rimbombante el título, y quizá fundó expectativas en el lector que luego no se vieron cumplidas, y por ello a algunos lectores asiduos de este blog les supo a poco, tal y como me lo han hecho saber. Está bien que los lectores ayuden al que escribe a estar con los pies en la tierra. Lo que dicen es totalmente cierto. Fue quizá en exceso breve el artículo, y por su título se podía probablemente deducir que hablaríamos sobre aquel famoso episodio del motín que tuvo su causa en aquella herencia, en aquel controvertido legado que casi les causó un disgusto a las autoridades criptanenses de aquel tiempo. Preferimos en su momento, no obstante, concebir tal artículo como un prefacio o un preámbulo, o un prólogo (llámese como se quiera puesto que cualquiera de estas etiquetas le iría bien) a una serie que daría y dará para mucho en el momento en que nos pongamos manos a la obra con ella.

Tenemos por costumbre no publicar artículos muy largos, pero tampoco demasiado cortos. Nos aplicamos el ejemplo de búsqueda de la mesotés griega, la proporción adecuada, la moderación, de la que en otras ocasiones hemos hablado en referencia a diversos temas. Ni muy corto ni muy largo. Esos son los dos extremos adecuados para un artículo en nuestro blog, pero tengo que reconocerlo: no siempre se consigue ese término medio, este punto de moderación que sería deseable en este blog y en otras muchas cosas de la vida, pues casi siempre manda más la materia y el tema que las intenciones del que escribe. En esto, la materia y el tema son a veces como el caminante que de vez en cuando aparece por este blog, un poco casquivanos, demasiado libres e independientes, bastante inclinados a la improvisación y a la sorpresa. Y, ante esto, tiene el que escribe que ceder y reconocer que no siempre manda uno sobre el tema, sino que el tema, las más de las veces, manda sobre uno y sobre lo que escribe, y que un artículo sale demasiado corto sin que merezca la pena por bien de la coherencia ampliar con paja, y que otros salen demasiado largos sin que podamos, por ejemplo, dividirlos en dos o más entregas, también por bien de la coherencia.

Vita brevis: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Vita brevis: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

De lo ocurrido con la herencia de Fernández Calzuelas, tema bastante conocido, tema del que ya se ha escrito mucho, hablaremos en otra ocasión. No nos faltarán oportunidades; te lo aseguro lector, pero no podremos hacerlo hasta que no tengamos el traje bien pertrechado y con todas sus piezas, por lo menos, bien hilvanadas, y para esto falta todavía. Por lo pronto, dejamos ayer aquella introducción a modo de prefacio que, de ningún modo, pretendía agotar un tema tan sabroso como éste.

Y ya a estas alturas de este artículo, rara avis en este blog, confesión del que escribe, quizá también acto de contrición para alguien que, lo reconoce, no es muy amigo de penitencias, a lo mejor va llegando el momento de dejarnos llevar por la mesotés griega, la moderación, e ir acabándolo, no sea que se alargue en demasía.

Estamos ya a punto de acabar el tercer año de Criptana en el tiempo. Miro el tiempo, tres años atrás, cuando lo comencé, y hoy me sigue pareciendo mentira haber escrito ya más de mil artículos, haber escrito tanto y tanto sobre Criptana y, sobre todo, sobre los criptanenses, los del pasado, que viene a ser como hablar de las raíces del Criptana actual, de esa memoria social que permanece en los genes generación tras generación. Son ya cientos de historias las que hemos tratado en este blog. Muchas las hemos agotado; a muchas les hemos dado la puntilla y hemos pasado página para hablar de otras. Sin embargo, como habrás podido observar, atento lector, de muchas nos hemos limitado a dar pistas aquí y allá, reservando para artículos futuros los detalles. Y tendrán, por supuesto, su espacio.

Ars longa, vita brevis (Delfos, Grecia): Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Ars longa, vita brevis (Delfos, Grecia): Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Una nueva confesión tengo que hacer antes de acabar, y ya son muchas en este artículo, tantas que quizá ya estoy empezando a poner los nervios de punta a la mesotés griega, a la moderación, que, de seguir así va a echar a correr para no volver más. Cuando cumplí los cien artículos escritos en este blog, pensaba yo que sería un logro casi inalcanzable llegar a los quinientos; cuando llegué a los quinientos pensé que sería imposible llegar a los mil. Hemos rebasado ya los mil y ya no veo límites imposibles. Dejaremos que el tiempo decida. A estas alturas, viendo lo escrito y lo que queda por escribir sobre Campo de Criptana, sería completamente absurdo ponerse metas. Te lo aseguro lector: toda una vida no daría para escribir sobre el tema, de tanto y tanto como queda aún por sacar a la luz, de tanto como queda aún por descubrir y por comentar. Nunca ha sido más cierto. Ars longa, vita brevis

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO