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Contaba Campo de Criptana allá por 1886 unos 6.560 habitantes. Era su plano aquél de 1885 al que tantas y tantas veces nos hemos referido en este blog en esa serie todavía incompleta, casi eterna, del «monopoli» criptanense. Era pueblo recoleto Campo de Criptana en aquellos tiempos, pueblo casi redondo, antes de que comenzara a expandirse como una telaraña buscando el sur, hacia la estación, y buscando el occidente, hacia donde muere el sol, hacia donde corren los ríos de La Mancha, hacia un lugar indeterminado en la llanura, y buscando también el oriente, acercándose sus casas y sus calles y su vida cotidiana, ironías de la vida, que el cementerio de Criptana esté al oriente, donde nace el sol. A lo mejor tiene que ver esto también con el eterno retorno, se vive para morir y se muere para vivir, y así una y otra vez.

6.560 habitantes nos dice que tenía Campo de Criptana en aquel entonces el Anuario-Almanaque del Comercio, de la Industria, de la Magistratura y de la Administración, o almanaque de las 400.000 señas de Madrid, de las provincias, de Ultramar y de los estados hispano-americanos, generalmente conocido como anuario Bailly-Bailliere. Era esta publicación similar al Anuario Riera, sólo que comenzó a publicarse mucho antes. Su primer número apareció en 1879, y ya en él aparecía Campo de Criptana. Recogía, también a modo de directorio como el Anuario Riera, los datos más sobresalientes de cada ciudad y cada pueblo, población, distancia a la localidad más cercana, si disponía de estación de ferrocarril y de estafeta de correos, cuál era el nombre del alcalde, cuál el del párroco y las distintas actividades profesionales que en la localidad se desarrollaban.

Ya alguna vez nos hemos referido a las actividades económicas de Campo de Criptana en aquel tiempo basándonos en los datos que nos proporciona este directorio. Había de todo en Criptana por aquellos años, pero, nos han llamado la atención varios datos sobre actividades profesionales que hemos encontrado en el Bailly-Bailliere del año 1886 (pp. 1025-1026). Veamos cuáles son.

Librería. Había una, que estaba regentada por Jacinto Cuadra, personaje polifacético y pluriempleado del que tanto hemos hablado en este blog (véanse: Jacinto Cuadra, corresponsal, comisionista y pluriempleado, Campo de Criptana, 1882-1903; y Jacinto Curadra, político, viajero y alcalde, Campo de Criptana, 1909-1914; sobre librerías en Campo de Criptana, véase: Imprentas, impresores, libros y libreros en Campo de Criptana, I, 1886-1904; e Imprentas, impresores, libros y libreros en Campo de Criptana, II, 1925-1932). Así, además de propietario de esta librería, en el Bailly-Baillière aparece también como «comisionista en frutos del país» y como «comisionista», en general. Sospechamos que era él en su dedicación a este trabajo el encargado de gestionar la aparición de los negocios criptanenses en el anuario Bailly-Baillière, aunque éste es un dato que no podemos dar por seguro, por el momento. Otros miembros de la familia estaban dedicados a otros quehaceres: Francisco Cuadra y Maximino Cuadra eran tintoreros.

Mecánicos. Encontrábamos toda una saga dedicada a este oficio. Son los Escribano: Florentino Escribano, Isidoro Escribano y Rogelio Escribano.

Paradas de caballos. Existían tres en Campo de Criptana, en una época en que, a pesar de la existencia del ferrocarril y puesto que éste no llegaba a todas partes, era vital recurrir a los animales de tiro para asegurar los transportes. Una era la de Francisco Baíllo, otra pertenecía al Conde de las Cabezuelas y la tercera era de Florencio Cruz. Y puesto que los caballos necesitaban carros, parece haber sido la construcción de estos artilugios negocio próspero en la época. Varios constructores de carros se citan en el Bailly-Bailliere: Venancio Casero, Isidoro Escribano, José Antonio Herencia, José Vicente Moreno y Francisco Ropero.

Hormero. Es quizá, el negocio más exótico que nunca podríamos imaginar que existía en Campo de Criptana en aquel tiempo. Un «hormero» es el dedicado a las hormas para zapatos, trabajo fundamental en aquella época en que quizá no era tan fácil acceder a calzado a la medida como hoy. Había un hormero en Campo de Criptana: Emeterio Escribano. A pesar de ello se registran en aquel año un gran número de zapateros, aunque quizá más que vendedores de calzado tendríamos que interpretar que así se refiere a zapateros remendones. Se cita a Juan Bustamante, Jerónimo de la Guía, Pedro López, Jerónimo Manjabacas (sic), Jesús Millán, Manuel Olivares, Marcelino Olivares, Gracián Pedroche y Francisco Pintor.

Aquí lo dejamos por hoy. Mañana continuaremos hablando sobre el tema.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO