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Árboles (Cuadro "Orilla"): Òleo de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Árboles (Cuadro «Orilla»): Òleo de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Era común en el Campo de Criptana de finales del XIX y comienzos del XX que los negocios no se dedicasen en exclusiva a un ramo. En este mundo, supongo, hay que valer para todo y no hacer nunca ascos a las oportunidades que nos van saliendo en la vida. Nunca se sabe lo que puede pasar. Por supuesto, en esto en el Criptana de entonces se llevaba la palma Jacinto Cuadra, que, además de ser comisionista en frutos del país, se encargaba de las suscripciones locales para el Anuario Riera, tenía un estanco y, por si esto fuera poco, fue en algún momento de su vida alcalde de Campo de Criptana. A lo mejor en esto de las profesiones y de los saberes, y de las artes, hay que ser un poco como Leonardo da Vinci, hombre del Renacimiento, que vale para casi todo lo que vaya viniendo, porque, no cabe duda, unos conocimientos se complementan con otros y entre ellos se enriquecen mutuamente. A lo mejor ya no son estos nuestros tiempos apropiados para esto, cuando prima la especialización, excesiva y unívoca que tanto y tanto compartimenta el saber y tanto y tanto empobrece la cultura y, en general, la vida. Yo creo que en esta vida hay que estar preparado para casi todo lo que venga, porque solo así es uno capaz de mantener la cabeza fuera del agua incluso cuando el mar de los tiempos viene proceloso y violento y las olas van y vienen y arrastran todo lo que encuentran.

Jacinto Cuadra no era el único hombre criptanense de variadas dedicaciones en aquellos tiempos, hace ya noventa y siete años. Nos vamos al periódico El Liberal, número del 15 de diciembre de 1917 y encontramos un curioso y completo publirreportaje sobre la vida económica de Campo de Criptana. Ya en otros momentos nos hemos ocupado de algunos de ellos, pero no aún de uno de los más curiosos y característicos de aquellos tiempos: el de Jesús Jiménez. Se anuncia su negocio como «Almacén de maderas» pero, como no solo de pan vive el hombre, tampoco vivía solo de la madera Jiménez, y hay mucho más. Veamos primero qué se nos dice sobre su faceta maderera y a continuación desvelaremos la sorpresa:

Procedentes de Balsaín, Cuenca, Soria y Suecia y Noruega, tiene el Sr. Jiménez un buen surtido almacén de toda clase de maderas para la construcción y clases rinas (sic, ¿?) para muebles.

Es el único almacén de la localidad muy acreditado en ella y en los pueblos limítrofes, con los que efectúa frecuentes negocios.

De las montañas de Cuenca: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2006)

De las montañas de Cuenca: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2006)

Era, pues, el de Jiménez, el principal almacén de madera de Campo de Criptana según se nos dice en esta nota, o a lo mejor había más, también importantes, pero no pagaron publicidad y ya se sabe que quien no sale en la foto no existe. Mucha madera y muchos objetos de madera debieron de salir de aquel almacén por aquellos tiempos. Pensemos ahora: ¿cuántos muebles, puertas, ventanas, vigas y otros objetos hechos con aquellas maderas, «de Balsaín, Cuenca, Soria y Suecia y Noruega» quedarán todavía pululando por las casas criptanenses?

Veamos ahora la sorpresa:

Todo lo relativo á funeraria, coronas, flores y pompas fúnebres completa su actividad mercantil, y aunque este asunto no es de muy agradable recomendación, en él, como en el antes citado, goza de una excelente reputación y un ambiente favorable.

Nos trae esto de nuevo a ese mundo fúnebre que de vez en cuando aflora en los artículos de este blog. Se quiera o no, vida y muerte forman un todo y no se conciben la una sin la otra y, mientras no se demuestre lo contrario, las pompas fúnebres son tan importantes en la vida del ser humano como el comer, porque no sabemos ni la hora, ni el día, ni el lugar, pero la Parca vendrá, repentina, inesperada y traidora, como es su costumbre. Y, desde luego, el trabajo de funerario tiene mucho, muchísimo mérito.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO