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Durante cuatro artículos hemos seguido con un cierto detalle los acontecimientos que tuvieron lugar hacia el año 180 a. de C. por estos lares, entonces parte de la Celtiberia. Venía Sempronio Graco de conquistar Munda, y se presentó en estas tierras de colinas y encinares, y aquí encontró Certima, y luego Alces. Y se hizo con ellas. Fueron solo dos capítulos de su aventura conquistadora por la Celtiberia, pero dos capítulos que, si bien es cierto que no dieron para mucho en la historia, si aportaron sustanciosos argumentos a Tito Livio para su visión historiográfica de la conquista romana de España, que quedó plasmada en su Ab urbe condita. Pues es, precisamente, Tito Livio, prácticamente el único autor que nos cuenta con detalle cómo cayeron Certima y Alces en un escrito cuyo género está a caballo entre la historia, la novela, la leyenda y el panegírico.

La fortaleza: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

La fortaleza: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Ya vimos en los cuatro artículos anteriores la versión del relato de Tito Livio que hacía Miguel Cortés y López en su libro titulado Diccionario geográfico-histórico de la España Antigua, Tarraconense, Bética y Lusitania, con la correspondencia de sus regiones, ciudades, montes, rios, caminos, puertos e islas a las conocidas en nuestros días (Tomo II, Madrid: Imprenta Real, 1836, págs. 124-125) (véanse: De Alces a Certima, Campo de Criptana 1836, I; De Alces a Certima, Campo de Criptana 1836, II; De Certima a Alces, Campo de Criptana 1836, I; y De Certima a Alces, Campo de Criptana 1836, II).

Hora es de que aportemos algunas apostillas y glosas a algunas de las cosas que en estos artículos se han dicho. No viene nunca mal aportar nuevos puntos de vista. Nos basaremos para ello en otra fuente cuyas noticias sobre Certima y Alces se basan también en Tito Livio. No tiene ninguna conexión con la obra de Cortés, respecto a la cual es casi noventa años posterior, pero sus comentarios nos pueden ser de gran ayuda para entender qué pasó en Certima y en Alces.

Esta fuente a la que nos referiremos a partir de ahora es el artículo de Pedro Planas titulado Paralelismo entre las instituciones fundamentales de la sociedad céltica e ibérica (continuación) que se publicó en la Revista de archivos, bibliotecas y museos, año XXVI, Octubre a Diciembre de 1922, núm. 10, 11 y 12 (págs. 562-611). Así pues, a partir de ahora y en los siguientes artículos tomaremos algo de lo dicho en los cuatro anteriores y veremos al respecto qué nos dice Planas.

Episodio de los comisionados de Certima que van a la tienda de Graco a pedir permiso para ir a buscar refuerzos:

Miguel Cortés (1836), pág. 123:

Estando ya aplicadas al muro las máquinas, vinieron comisionados á la tienda de Graco, y se explicaron con la sencillez de los antiguos, confesando que se resistirian hasta donde alcanzasen sus fuerzas. Pidieron, pues, que se les permitiese ir adonde los celtíberos tenian su real para pedirles socorros, y si no les otorgaban, en tal caso separadamente de ellos consultarían el partido que debían tomar.

Hacia el Real: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Hacia el Real: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Planas (1922), pág. 587, nota 1:

¿Cabe mayor infantilidad que presentarse unos sitiados [los de Certima] al sitiador [Sempronio Graco] para pedirle licencia de pedir ayuda al propio ejército regular que estaba acampado no lejos de la ciudad sitiada? ¿Se ven aquí los rasgos comunes que caracterizan a la raza céltica y que arriba hemos suficientemente descrito? Esta sencillez, verdaderamente patriarcal, de nuestros celtíberos se han advertido también en los galogriegos. Pues aguarde y lector, y verála confirmada con la graciosísima escena de su inclinación a la bebida, a que poco antes nos hemos referido. A todo esto Sempronio mostróse no menos noble y honrado particular que astuto y prudente general.

Efectivamente, tal y como comenta Planas, es cosa nunca vista en la historia que unos sitiados pidan permiso a los sitiadores para buscar apoyos. Pero es cosa más rara aún que los sitiadores concediesen ese permiso. Qué fondo de verdad pueda haber en todo esto, no podemos saberlo. Entra quizá más en la leyenda que en la realidad.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO