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La fortaleza desde abajo: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2007)

La fortaleza desde abajo: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2007)

Dejamos Certima y nos vamos a Alces, sobre cuya caída hay algunas apostillas también que hacer. El procedimiento será el mismo que en los artículos anteriores. Tomamos como base un texto de la versión española de la historia de Tito Livio por Miguel Cortés (1836) y lo ilustramos con un comentario del artículo de Pedro Planas titulado Paralelismo entre las instituciones fundamentales de la sociedad céltica e ibérica (continuación) que se publicó en la Revista de archivos, bibliotecas y museos, año XXVI, Octubre a Diciembre de 1922, núm. 10, 11 y 12 (págs. 562-611).

Nos situamos hoy en los momentos previos a la caída de Alces, es decir, en las escaramuzas con las que Sempronio Graco incordiaba a los celtíberos y en las añagazas que les tendía. Cada ejército tenía su campamento, es decir, su real.

El real de los celtíberos

Miguel Cortés (1836), pág. 124:

Desde aquí ya se dirigió [Sempronio Graco] á la ciudad de Alces, donde estaba el real de los celtíberos (Alcázar de S. Juan), de donde poco há habian venido los legados.

[Véase: De Certima a Alces, Campo de Criptana 1836, I]

Pedro Planas (1922), pág. 588-589:

De aquí (de Cértima) se dirigió ya (Gracco) contra la ciudad de “Alce, donde estaba acampado el ejército de los Celtiberos, del que recientemente habían salido los embajadores mencionados”. Y como durante algunos días fuese provocando a los bárbaros por medio de escaramuzas, enviando al efecto tropas ligeras contra las avanzadas de los reales celtibéricos…

Tras los pasos de Sempronio Graco: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Tras los pasos de Sempronio Graco: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Nota 3 (a “celtibéricos):

En este pasaje de Livio claramente se infiere que nuestros celtíberos, en medio de su innata sencillez y rusticidad, no estaban del todo ayunos de la práctica y arte de acampar al estilo romano y de usar de toda clase de reparos y defensas que constituyen la seguridad de un ejército en campaña. Esto denota que dos siglos antes de Jesucristo vivían en cierto grado de civilización y cultura por lo que toca al arte militar. Sus ejércitos eran regulares, aunque la disciplina, nervio de las masas bélicas, dejase casi siempre no poco que desear. Por lo demás, su armamento ofensivo y defensivo era igual o superior al de los romanos, según estudiaremos más abajo. Su inferioridad consiste casi exclusivamente en la estrategia, más que en la táctica, por cuanto habían aprendido la de los cartaginenses, y aun la romana al militar (sic) no pocos de ellos bajo las insignias de la gran República. Tampoco llegaban al conocimiento de las máquinas de guerra o balística a la altura de los romanos, fiándolo todo a la fuerza bruta y al valor personal. He ahí la causa principal de sus casi continuas derrotas. ¡Qué tienen que ver esas cualidades excelentes frente a la astucia y estrategia de unos generales romanos como M. Porcio Catón, Fulvio Flacco, Sempronio Graco, Scipión Emiliano y tantos otros que, si fueron vencidos en casos particulares, al fin triunfaron e impusieron la coyunda romana a todo el orbe conocido!

Hacia Alces: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Hacia Alces: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Es decir que, al igual que los romanos, también los celtíberos acostumbraban a montar un campamento, un “real”. Nos interesa aquí la tercera entrada que a esta palabra dedica el DRAE. Tendría “real” su origen en una palabra árabe que significa “punto de acampada” (DRAE), siendo su principal significado en español:

Campamento de un ejército, y especialmente el lugar donde está la tienda del rey o general.

Y tenemos también “El Real” como topónimo en el término criptanense. Sería aquel paraje situado al norte del cerro de Criptana, pasando La Veredilla. Habría sido “El Real el lugar en el que es fama que acampó el real de Sempronio Graco para la toma de Certima. Deja claro Planas que frente a los romanos el ejército de los celtíberos no sería inferior en potencia y poder pero sí en planificación, en la que los romanos eran, sin duda, unos maestros. De ahí el éxito de sus legiones.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO