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¿Eran Certima y Alces realmente ciudades allá por el año 180 a. de C., cuando las tomó Sempronio Graco, es decir, eran oppida, como se llamarían en latín, ciudades fuertes, con murallas? ¿O eran quizá aldeas?

Por tierras de la Celtiberia: Foto de José Manuel Cañas Reíilo (2013)

Por tierras de la Celtiberia: Foto de José Manuel Cañas Reíilo (2013)

Tito Livio nos dice que eran las de la Celtiberia, incluidas Certima y Alces, ciudades en el sentido antiguo de la palabra, es decir, que comprenderían sus murallas, sus puertas, sus torres y que tendrían una cierta entidad. Y nos dice además que Certima y Alces eran ciudades poderosas, tanto que Alces tenía incluso un rey, un reyezuelo, más bien, o un régulo, como nos dice Miguel Cortés en su versión española de la obra de Tito Livio. Toda la Celtiberia estaba regada de tales oppida. ¿Pero daba la Celtiberia de aquel tiempo para tanto? Mucho se ha discutido al respecto, pero sin una solución clara porque la arqueología no siempre ha ayudado a clarificar la cuestión.

Hoy no partimos del testimonio de Cortés, porque no recogimos en su momento noticias que nos den pie a lo que vamos a decir hoy. Tendremos, por tanto, una glosa un tanto extraña, porque no habrá texto glosado de Cortés y sí habrá glosa de Pedro Planas (Paralelismo entre las instituciones fundamentales de la sociedad céltica e ibérica, artículo publicado en la Revista de archivos, bibliotecas y museos, año XXVI, Octubre a Diciembre de 1922, núm. 10, 11 y 12, págs. 562-611).

Nos situamos, así pues, en los momentos inmediatamente posteriores a la asechanza de Sempronio Graco a los celtíberos, y poco antes de que se iniciara la conquista de Alces.

Certima, Alces y las ciudades fortificadas de la Celtiberia

Pedro Planas (1922), pág. 591:

Después de esta batalla condujo Gracco las legiones a talar campos y poblados de la Celtiberia; y como por doquiera lo llevase todo a saco y fuego, los pueblos, de grado unos, otros por miedo, recibieron el yugo, rindiéndose a discreción hasta 103 ópidos en pocos días y apoderándose (Gracco) de un inmenso botín.

Campo s de la Celtiberia: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Campo s de la Celtiberia: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Nota 2 (a “botín”):

Al llegar aquí el anotador de Livio pone esta nota: Mirum si tot vici in Celtiberia fuerint, [“es sorprendente que hubiera tantas aldeas en la Celtiberia”]. En otros términos, no cree en tantas poblaciones fortificadas en sola esta región. que no hubo aquí error de copista, dedúcese de lo que después afirma y discute el mismo Livio, mostrando en esto un excelente criterio. De todos modos, siempre resulta el hecho de que la Celtiberia estaba muy poblada y bien defendida. En cuanto a la situación de Alce, sólo nombrada por Livio y no localizada por nadie (ni por el Atlas Antiquus, ni por el anotador de Morales), el Diccionario de Miguel dice que es Arcos, en el reino de Valencia. A cambio de no mencionarse siquiera Alce en Espasa, dice de Cértima lo siguiente con escaso acierto (v. art. Cértima, t. XII, pág. 1353): “Ciudad de España en la Celtiberia que, según los historiadores, corresponde a la actual Criptana o Campo de Criptana en la provincia de Ciudad Real, partido judicial de Alcázar de San Juan. Se distinguió mucho en las guerras contra los romanos”. Por nuestra parte, sin aceptar a ciegas esta topografía, sólo podemos añadir que Alce se hallaba al NE. de Cértima y hacia el riñón de Celtiberia. La posición exacta sólo puede darla la arqueología epigráfica y numismática, descuidando Livio casi en absoluto la Geografía. Vid. Morales, Crónica, libro VII, cap. XXIII.

He aquí pues la suspicacia de Pedro Planas respecto a los intentos, ya abundantes por aquella época, de localizar Certima y Alces en la geografía celtibérica y, en particular, de situar la primera en tierras de Campo de Criptana. Argumentos habrá, suponemos, a favor y en contra, pero seamos cautos: Lo único que tenemos y en lo que podríamos apoyar nuestros argumentos a favor es lo que nos dice Tito Livio, pero esto, por supuesto, debe ser corroborado por la arqueología. Puede que en esta identificación de Certima con el Cerro de Criptana, teoría que en otro tiempo alcanzó una gran difusión y éxito, estemos entrando en un barrizal de arenas movedizas en las que, por el momento, no sabemos si ir hacia un lado o hacia el otro, o si nos hundiremos sin remedio en la incertidumbre más oscura. De La Hidalga como solar de Alces ya por aquella época había escrito mucho Antonio Blázquez, pero, reconozcámoslo, había flacos argumentos a favor de esta localización, pero tampoco hay ninguno de fuerza que se le oponga.

Nos movemos, como ya he dicho, en un terreno difícil, sobre todo cuando de un texto que tiene mucho de legendario, como el de Tito Livio, se tiende a extraer unas conclusiones de difícil o casi imposible demostración. Quedémonos con las dudas cuando hablemos de Certima en el Cerro de Criptana y de Alces en La Hidalga. Reservémonos las dudas, pero no el placer de imaginar, el disfrute de alentar leyendas, el deleite de evocar tiempos pasados cuando en las tierras de Criptan hubo seguramente alguna que otra ciudad celtíbera. Teorías ha habido y hay muchas, y para todos los gustos, pero no es el momento ahora de alargarnos con ellas.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO