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Viejos caminos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Viejos caminos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Es curioso que el ferrocarril llegara Campo de Criptana antes de que buenas carreteras comunicasen a la localidad con los pueblos cercanos. El tren llegó en 1855 y todavía faltaban algunos años para esas carreteras comenzaran a construirse. Puede que todavía por aquel entonces siguiesen en uso los viejos caminos seculares, muchos de los cuales aún existen, aunque hace ya mucho que ni las carreterías ni los viajeros los hollan con sus pies, y que ninguna herradura se pierde, por lo que ya no hay manera de encontrar la suerte, así como de improviso, en un tranquilo paseo. Seguro que para ir de Criptana a Argamasilla había que cruzar el puente de San Benito. Y aún se utilizaba entonces; si no, no se hubieran llevado a cabo tantos remiendos como se hicieron en aquel tiempo en su estructura (véanse: Aquel viejo puente de San Benito… y sus remiendos, Campo de Criptana, 1575, 1790, 1872-1892; y Una comisión, un puente en ruinas y la renuncia de Gerónimo Magnes, Campo de Criptana, 1872).

El camino de Alcázar era el medio más rápido de comunicar a Criptana con la localidad vecina, aquel camino que entonces iba a parar, y aún hoy va, a la calle de Alcázar, que no recibió su nombre sino por esta única razón, porque era la puerta de salida o de entrada, según como se mire, de Campo de Criptana (véanse: El “monopoli” criptanense, Campo de Criptana 1900, XXIX. La Calle de Alcázar I; y El “monopoli” criptanense, Campo de Criptana 1900, XXIX. La Calle de Alcázar II). Tiene su encanto ese camino, serpenteante entre trigales, entre tierras muy rojas, a veces con sorpresas paisajísticas aguardando detrás de algún recodo.

La carretera: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

La carretera: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Pero Criptana quería carretera. Y se consiguió. En 1880 el Ayuntamiento recoge en sus extractos de sesione del mes de agosto de ese año se recogen noticias sobre el tema que se publicaron en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real del 3 de septiembre de 1880. En la sesión del 2 de agosto la corporación expresa su agradecimiento a aquéllos cuyas gestiones posibilitaron la concesión de la carretera Criptana – Alcázar:

Dar las gracias al Senador D. Antonio del Rey, y Diputados á Córtes D. José García Noblejas y don Ramon Baillo, por sus gestiones en la concesión de la carretera de Criptana á Alcázar, en la sección de ésta á Cuenca.

El agradecimiento se reiteraría en la sesión siguiente, del día 9 de agosto:

Particularizar las gracias al Diputado á Córtes d. Ramon Baillo, por su singular gestion en la concesión de la subasta de carretera de Criptana á Alcázar, significándole que el Ayuntamiento ha visto con singular complacencia su interés en favor de la villa.

Hacia Alcázar: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Hacia Alcázar: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Aún faltaba mucho para que la red de carreteras que conocemos hoy fuera completándose. Pero, seguramente, a partir de aquel momento los viejos caminos que desde hacía siglos habían de medio de comunicación a Criptana con el exterior fueron quedando a un lado. Lo malo es que ya no se encuentran herraduras en ellos, entre la tierra; lo malo es que, a lo mejor, esto ha espantado a la suerte, a la buena, por supuesto… más que un martes y 13. Por suerte, todavía quedan tréboles de cuatro hojas, y eso es un gran alivio y produce un gran consuelo.

Por cierto, antes de finalizar, tenemos que recordar quién era alcalde de Campo de Criptana por aquel tiempo. Era Valentín Ortiz, y el secretario del ayuntamiento, encargado de redactar el extracto de sesiones, era Francisco Aparicio Sureda, bien conocido ya en este blog (véanse: Las piruetas del destino. El “affaire” del secretario Aparicio Sureda, Campo de Criptana, 1881-1899, I; Las piruetas del destino. El “affaire” del secretario Aparicio Sureda, Campo de Criptana, 1881-1899, II; y Las piruetas del destino. El “affaire” del secretario Aparicio Sureda, Campo de Criptana, 1881-1899, III).

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO