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Un paisaje criptanense: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Un paisaje criptanense: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Ha sido el paisaje de Criptana desde antiguo motivo de inspiración de pintores, de escritores y de cineastas. No solo sus molinos, que es lo primero a lo que se suele recurrir, sino todo todo lo que les rodea, su sierra, y las calles en pendiente, y las casas, encabalgadas sobre la colina tan cerca de los molinos, casi debajo de ellos, tanto que es casi imposible decir dónde acaba el pueblo y dónde empieza la sierra, pues son uno e indivisible. Era blanco el pueblo de Criptana y refulgía en la llanura, tanto que parecía irreal, que parecía un espejismo. Lo he dicho muchas veces: La Mancha es tierra de espejismos. Esta llanura, esta infinitud, esta luz que todo lo llena… todo esto propicia el volar enloquecido de la imaginación.

Muchas imágenes han salido de la inspiración criptanense. Cuadros, fotografías, escenarios de películas… de todo esto hay. Y, como no podía ser de otra manera, también hay reportajes de televisión. De esto precisamente vamos a hablar hoy remontándonos casi a los tiempos fundacionales de la televisión en España, aquellos tiempos en que se retransmitían por primera vez bodas reales como la de Balduino y Fabiola. Esto era a comienzos de los sesenta. Y en 1965 la televisión fijó su atención en La Mancha y también, por supuesto, en Campo de Criptana. Azorín vino a La Mancha para hacer su Ruta del Quijote. Eso fue en 1905. Sesenta años después haría su ruta cervantina TVE. Azorín la dejó plasmada en artículos del periódico El Imparcial; TVE dejó una serie de reportajes sobre cuya emisión nos informaba el diario Lanza, núm. del 29 de diciembre de 1965.

La sierra y los molinos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

La sierra y los molinos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Había realizado TVE seis reportajes sobre La Mancha, quizá siguiendo una ruta quijotesca, una de las muchas posibles, que podría ser la de Azorín, o la de cualquier viajero famoso escritor, o la de cualquier caminante que, sin saber muy bien hacia dónde, se echa al camino solo con su mochila y su cayado (a lo Labordeta, que es como hay que hacer camino), por si el cansancio amenaza y se presenta la fatiga y pone trabas al andar pausado pero imparable.

Fue el proyecto de esta ruta manchega televisiva idea de Pedro Peral Martín, «hombre inquieto, culto y amante de la Mancha», según nos dice Lanza. Era Peral funcionario de la administración local de la localidad en la que vivía, Alcázar de San Juan, y estaba al cargo de las arcas municipales, también según Lanza. Lo importante aquí es resaltar que era corresponsal de TVE. Él tuvo la idea de hacer este reportaje. A esas alturas (fecha de publicación del número de Lanza citado) ya se habían emitido cuatro de esos reportajes en la tercera edición del «Telediario»,  el de la noche que era el tenía más audiencia en un país en el que las televisiones eran aún artículo de lujo. Suponemos que más adelante se emitirían los dos restantes.

El paisaje, tierra y cielo: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

El paisaje, tierra y cielo: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

No vamos a describir como fue esta serie de reportajes. Sería muy largo. Digamos únicamente que comenzaba la ruta en Tembleque y finalizaba en El Toboso. Era, precisamente, en la última entrega, la sexta, en la que aparecía Campo de Criptana, con sus molinos y su «mirador de la Mancha», sus dos grandes señas de identidad. Recorría después el reportaje Pedro Muñoz, Mota del Cuervo (también por sus molinos) y, finalmente, llegaba a El Toboso, con imágenes de su Casa de Dulcinea, de la biblioteca cervantina y de su parroquia.

Quedó así inmortalizado aquel Criptana de 1965, Criptana en blanco y negro, Criptana televisivo, Criptana imponente de imágenes, como lo ha sido siempre. Merecieron sus molinos y sus blancos deslumbrantes un pequeño espacio de gloria en el Telediario de la VHF de entonces. También Orson Welles se fijó en Campo de Criptana y en sus molinos de viento para su película sobre Don Quijote, pero eso ya es otra historia. Mereció Criptana un lugar en esta ruta cervantina. Habría merecido, quizá, conmemoraciones con más brillo y resplandor, más dignas del momento, para este quinto centenario en este año de 2015. Realmente, es una mala suerte que haya coincidido con año electoral.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO