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Ubi sunt?: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Ubi sunt?: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Llega a su término esta pequeña serie sobre la situación que vivía la estación de Campo de Criptana a comienzos de 1917. Recordamos que un criptanense había publicado en el periódico nacional La Tribuna una profunda y sentida queja sobre estas circunstancias para llamar la atención sobre lo pernicioso de sus consecuencias para la economía criptanense. Recordamos también que el avezado corresponsal criptanense del periódico El Pueblo Manchego había recogido esta queja y la había publicado, acompañada de sus comentarios, en su medio, en el núm. del 4 de enero de 1917, para ser más exactos. Un epílogo del corresponsal cierra todo el artículo, un epílogo muy del gusto clásico, muy del estilo forense, retórico como el que más:

Contesten los padres de la Patria qué castigo impondrían, porque la voz de mi conciencia me dice: “Libre y los gastos de oficio”.

Y el que tuviese oídos para oír, que oyese, y el que tuviese ojos para ver, que viese, porque con estas palabras el corresponsal estaba llamando a una desobediencia civil si la cosa seguía así. Y, como correspondía a las formas, pide disculpas al final el corresponsal por lo extenso del texto:

Perdona la extensión que he dado á este artículo.- El corresponsal

Publicidad del champán Bénézet (El Pueblo Manchego, 4 de enero de 1917, pág. 4)

Publicidad del champán Bénézet (El Pueblo Manchego, 4 de enero de 1917, pág. 4)

Como vimos, era la industria del vino la más perjudicada por el colapso que sufría la salida de mercancías desde la estación criptanense. No es extraño por ello que, siguiendo la línea del ferrocarril, vayamos encontrando que en todos los pueblos por la que pasa se arraciman bodegas alrededor de sus estaciones y que, incluso, el tren atrajo a la población y estuvo en el germen del nacimiento de algunos núcleos en otro tiempo habitados aunque hoy pueblos fantasma, como Záncara. Pero ahí sigue su estación y cerca de ella estableció el francés Émile Bénézet su bodega, famosa a comienzos del XX por su producción de champán. Costaba a comienzos de 1920 una de sus botellas 4 pesetas (más barata que en 1913: en la bodega Montalbán, en Madrid, Cedaceros 12, Tel. 890, se vendía a 4,50 ptas. la botella) (véase: Vino, coñac y champán, Campo de Criptana, 1896-1948). Durante muchos años, la alta sociedad brindó con champán Bénézet. Y todo, todo, todo fue también gracias a que con el tren llegaba este champán a la Corte y a toda España.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO