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Tejados del Campo de Criptana: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Tejados del Campo de Criptana: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

La naturaleza es implacable. Nadie puede controlar las lluvias, ni las tormentas, ni la nieve, ni el frío ni el calor, y tampoco los teremotos. Tanto miedo causaba un terremoto hace mil años, como hace dos siglos, como hoy día. Ni el progreso ni los adelantos de nuestros tiempos nos salvan de ese terror que produce un temblor inesperado de la tierra, esos pocos minutos que parecen una eternidad, esos momentos en que parece que todo el planeta se está derrumbando sobre sí mismo. Mucho miedo se adueñó, sin duda, de los criptanenses aquella tarde noche del 22 de octubre de 1755 cuando sintieron moverse la tierra bajo sus pies. Tanto miedo se adueñaría hoy día también de nosotros ante una situación como esa. En estas cosas, estamos completamente indefensos.

Fuente excepcional de aquellos acontecimientos es el documento del Archivo Histórico Nacional del que nos hace una excelente transcripción F. Rodríguez de la Torre, publicada en J. M. Martínez Solares, Los efectos en España del terremoto de Lisboa (1 de noviembre de 1755), Madrid Instituto Geográfico Nacional, 2001 (págs. 250-251). Recordamos que remitieron tal documento los dos alcaldes ordinarios de Campo de Criptana por aquel tiempo, Francisco Xavier de Quirós y Juan Romero Santillán a Don Diego de Rojas, para dar cuenta de los daños habidos en Campo de Criptana en dos terremotos: el del 22 de octubre de 1755, del que hablamos ayer, y el del 1 de noviembre, del que hablaremos hoy.

Fue éste del 1 de noviembre el que pasó a la historia como «Terremoto de Lisboa», aunque sus efectos se sintieron en prácticamente toda la Península Ibérica. También llegó a Campo de Criptana y con bastante fuerza su violento temblor como se dice en el documento al que hemos referencia. Nos basamos en lo que sigue en la transcripción de Rodríguez de la Torre publicada en J. M. Martínez Solares, Los efectos…, págs. 250-251.

Y salieron corriendo a la Plaza... (Cuadro "Panorámica del centro de Campo de Criptana"): Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2005)

Y salieron corriendo a la Plaza… (Cuadro «Panorámica del centro de Campo de Criptana»): Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2005)

Comenzó este terremoto, según se dice en el documento, «a las diez, y como a medio cuarto de hora de la mañana y uno entero duró todo él y, lo más fuerte, de cinco a seis minutos». En lo ocurrido en tres edificios emblemáticos de Criptana van a centrar el interés de los alcaldes ordinarios: la Iglesia Parroquial, la Iglesia del Convento de los Carmelitas Descalzos y la Ermita de la Virgen de Criptana. Veremos hoy qué se nos dice en el documento sobre los dos primeros; dejaremos el tercero para mañana.

Cuenta el documento que en aquel momento (recordemos que era hacia las diez de la mañana) en la Iglesia Parroquial estaba comenzando la Misa Mayor. Sorprendió el temblor a los sacerdotes cuando se estaba cantando «la Gloria«. Todos se retiraron y del mismo modo hicieron los del coro. Todos salieron del edificio buscando el espacio abierto de la Plaza:

Los del coro, también al ver los fragmentos que caían de la bóveda, las efigies cuasi vencerse, para venirse a tierra, tocarse las campanas, y la del reloj, se echaron fuera del templo…

Con el término «efigies» se refiere el texto, sin duda, a las imágenes religiosas; el movimiento las tambaleó y casi las hizo caer al suelo. Una situación similar se dio en el otro lugar de culto que por entonces existía en Campo de Criptana: la Iglesia de los Carmelitas Descalzos. Faltaba aún mucho para que la Desamortización acabase con su convento y con sus propiedades, entre las que se contaban las huertas. Y esto ocurrió en la Iglesia:

… quienes estando cantando tercia antes de la misa mayor, huyeron del coro, para la huerta, implorando la Divina Clemencia.

Y la torre... (Plaza de Campo de Criptana): Boceto al óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2005)

Y la torre… (Plaza de Campo de Criptana): Boceto al óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2005)

Hubo graves daños en la fábrica de la Iglesia Parroquial, sobre todo en la bóveda; quedó en tal estado que se temía que se hundiese. En la torre se abrieron grietas («quiebras») y su capitel «se mimbreó como árbol de poca fuerza». Dice el texto que quedó «inclinado hacia el Cierzo» desde aquel día. Este detalle nos puede dar una idea de la fuerza que tuvo aquel seísmo.

Y así, poco a poco, van describiendo los alcaldes ordinarios los daños sufridos en la localidad. Después de evaluar los daños en la Iglesia Parroquial, informan muy de pasada sobre el estado en que habían quedado algunas casas, haciendo hincapié en cómo algunos muros se hundieron y algunas tinajas que contenían vino se rompieron. Dejaban los alcaldes para más adelante la reseña de la principal destrucción ocurrida en la localidad por este terremoto. Fue en su Ermita de la Virgen de Criptana, pero esto ya es tema para mañana.

Por cierto, es fama que en un paraje campestre del término criptanense de cuyo nombre no puedo acordarme unas grietas aún visibles en la tierra se abrieron en aquel terremoto. No sé si es verdad o es pura leyenda… pero todo es posible. Con estas cosas de la naturaleza indomable nunca se sabe.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO