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Se movieron las campanas...: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Se movieron las campanas…: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Llovieron fragmentos de la bóveda de la iglesia parroquial criptanense, se movieron sus campanas, se quebró su torre, corrieron las gentes buscando los espacios abiertos, buscando el refugio de la Plaza quienes estaban en la iglesia, de las huertas los carmelitas descalzos, en fin, suponemos, de las calles quienes se hallaban en sus casas.

Así fue el terremoto del 1 de noviembre de 1755 en Campo de Criptana. Hacia las diez de la mañana un violento temblor sorprendió el apacible transcurso de la vida cotidiana criptanense, y lo cotidiano se hizo, por un momento, pavor. Y se rompieron las tinajas, y el vino nuevo se derramó. Y la tierra siguió temblando.

Nos ha quedado una excelente crónica de parte de lo ocurrido en aquel momento en el informe que los alcaldes ordinarios de Campo de Criptana, a la sazón Francisco Xavier de Quirós y Juan Romero Santillán, enviaron a Don Diego de Rojas pocos días después. Como ya dijimos en su momento, debemos el conocimiento de documento a la transcripción de su texto por F. Rodríguez de la Torre, publicada en J. M. Martínez Solares, Los efectos en España del terremoto de Lisboa (1 de noviembre de 1755), Madrid Instituto Geográfico Nacional, 2001 (págs. 250-251).

Vimos ayer lo ocurrido en la Iglesia Parroquial y en la Iglesia del convento de los Carmelitas Descalzos. Veamos hoy qué ocurrió en la ermita de la Virgen de Criptana.

Fue este edificio de los que más daños sufrieron en Campo de Criptana, tanto que las «limosnas de los fieles» no pudieron sufragar las reparaciones más urgentes. Se tomaron medidas para arreglar lo más preciso, pero quince días después del terremoto, la situación era bastante desesperada:

… queda aún mucha parte [del edificio] descubierta expuesta a una entera destrucción…

La ermita: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

La ermita: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

E iría a peor, continúa diciéndonos en documento, si no se ponía inmediatamente remedio al desastre.

Sigue a continuación una posible explicación que dan los alcaldes ordinarios al hecho de que este edificio resultase más dañado que los de la localidad. Se atribuye la causa a su altura, que podría haber sido más sensible al temblor que las tierras llanas, y a la antigüedad del edificio:

La causa de que en este sitio fuese mayor el temblor distando solamente un cuarto de legua de esta villa se atribuye a que puede haber contribuido la altura, y eminencia que ocupa con la antigüedad de la fábrica, más expuesta a haber peligrado enteramente.

Nos ha aparecido aquí la palabra «fábrica». En este contexto, hace referencia al edificio de la iglesia. Según el DRAE por extensión este término designaba también a la:

… renta o derecho que se cobraba para repararlas [las iglesias] y costear los gastos del culto divino.

En ese estado quedó, pues, la ermita de la Virgen de Criptana después del terremoto. Mañana continuaremos hablando sobre otros efectos de este sesísmo según el documento citado.

Quedó como recuerdo de aquel terremoto una grieta en la tierra criptanense, en un paraje de cuyo nombre no me puedo acordar. Se lo podría preguntar al caminante, ése que pasa por este blog de vez en cuando y se patea los caminos y recorre los campos. Pero ¿para qué? Es con sus cosas muy suyo y no me lo va a decir. Seguiremos sin acordarnos.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO