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En la tierra: Dibujo a rotulador de José Manuel Cañas Reíllo (1998)

En la tierra: Dibujo a rotulador de José Manuel Cañas Reíllo (1998)

Una vez evaluados los daños en algunos de los edificios de la localidad, como la Iglesia Parroquial, la Iglesia del Convento de Carmelitas Descalzos y la Ermita de la Virgen de Criptana, toman otros derroteros los alcaldes ordinarios de Campo de Criptana allá por 1755, Francisco Xavier de Quirós y Juan Romero Santillán, en su descripción de los efectos del terremoto en la localidad. Recordamos que su informe se conserva en el Archivo Histórico Nacional. Su transcripción a cargo de F. Rodríguez de la Torre está publicada en J. M. Martínez Solares, Los efectos en España del terremoto de Lisboa (1 de noviembre de 1755), Madrid, Instituto Geográfico Nacional, 2001 (págs. 250-251). Es este texto la base de lo que andábamos diciendo en los días anteriores, y también lo será de lo que digamos hoy.

Cuando digo que tomaron otros derroteros es porque pasan a describirnos qué ocurrió en la tierra, cómo se movió, cómo tembló. Y lo ocurrido es lo que se nos cuenta a continuación en este documento:

La superficie de la tierra se levantó asimismo en contínuos movimientos violentos, de modo que la aprehensión, o el pavor, persuadió a los más; se puso como el aspecto del mar cuando está alterado.

La fuente: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

La fuente: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Esto nos puede dar una idea de cómo fue aquel temblor y de la violencia con la que se percibió y sintió. Parece que no se habían apreciado cambios en ni en el curso del río, el único que atraviesa el término, es decir el Záncara, ni en una fuentecilla, que sería también la única:

… no habiendo en este término más que un río que lo cruza y una sóla fuentecilla no se ha advertido ni en aquél ni en ésta novedad alguna.

Sí se detectó una subida del nivel del agua en los pozos, aunque no llegaron a derramarse como ocurrió en pueblos cercanos.

Siguieron réplicas a este terremoto principal, según consta en el documento. Hubo una el día 2, a las 4 de la mañana que duró entre tres y cuatro minutos. Otra le siguió el día 3 a las diez de la noche, aunque más suave que el del día 1. Fueron los daños solo materiales; en ningún caso hubo que lamentar pérdidas, ni humanas ni de «especie alguna de animales». Recordemos, sin embargo, que el «Terremoto de Lisboa» costó la vida a 15.000 personas en la Península Ibérica. Sin embargo es curiosa la observación que sigue en el documento:

… algunas muertes repentinas que suceden se discurre prudentemente son ocasionadas de la corrupción el aire, que habrá expelido la tierra en fuerza de sus temblores.

Junto al río aquel: Dibujo a rotulador de José Manuel Cañas Reíllo (1998)

Junto al río aquel: Dibujo a rotulador de José Manuel Cañas Reíllo (1998)

Y viene a continuación la interpretación del terremoto: ¿causa natural, divina o humana?

Sobre ello «se duda en este pueblo», sigue el texto, y se asegura que corrían distintas opiniones sobre todo entre las personas más «timoratas y advertidas del estado secular y eclesiástico».

¿Castigo divino, quizá? Muchos así lo pensarían.

Y aquí acaba la historia de este terremoto y sus secuelas, de cómo alteró la vida cotidiana y la tranquilidad del transcurrir del tiempo en Campo de Criptana aquel 1 de noviembre, día de Todos los Santos de 1755, día que, entre la festividad y el terremoto, alguno podría haber interpretado como de ser el último de todos los días, día de Apocalipsis, día de revelaciones, día de jinetes pavorosos que siembran la destrucción, de luz mortecina de velones para que los muertos no se pierdan y no se despisten. Pero no. Fue solo un terremoto. Solo eso.

Una grieta quedó como recuerdo de aquel temblor en algún campo criptanense de cuyo nombre no me puedo acordar. Dejaremos el asunto ahí, en el vacío de la desmemoria,… no sé hasta cuándo. «Besan los pies de V.S.I. sus más obedientes súbditos». Así acaba el documento.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO