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Chozo (Cuadro "Paisaje: Cercanías de Campo de Criptana): Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2003). Colección particular (Gröbenzell, ALEMANIA)

Chozo (Cuadro «Paisaje: Cercanías de Campo de Criptana): Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2003). Colección particular (Gröbenzell, ALEMANIA)

Entre los muchos topónimos descriptivos que se encuentran en las tierras criptanenses, está el de «Chozo de». «Chozos» hay muchos y de tipologías variadas en el término de Campo de Criptana, pero de su concepto no nos vamos a ocupar aquí.

Remitimos para quien se interese por los «chozos» en general y por los de Campo de Criptana en particular, al libro Arquitectura rural en piedra seca. Bombos y chozos de Vicente Aparicio.

La definición que nos da el DRAE de «chozo» nos deja en la insatisfacción más absoluta, reconozcámoslo. Se limita a decirnos que un «chozo» es una «choza pequeña». De nuevo encontramos esa norma tácita del castellano por la cual la oposición de femenino y el masculino no es de género, sino de tipología o de tamaño. Chozo, pues, sería una choza pequeña, igual que el correspondiente femenino de cesto es cesta, y ésta es de mayor tamaño que aquél. Es una prueba más de la riqueza de nuestra lengua. Curiosamente, el término «chozo» entró muy tarde en los diccionarios de la lengua española. La primera vez que lo encontramos recogido es en el de Vicente Salvá, Nuevo Diccionario de la Lengua Castellana (París, 1846, pág. 340), con el siguiente significado que quizá nos puede orientar sobre el original uso de este tipo de construcciones:

Entre pastores la cabaña del mayoral ó rabadán del rebaño.

Hemos visto que la acepción actual del DRAE es «choza pequeña»; sin embargo, en la edición de 1852 del Diccionario de la Real Academia Española (pág. 216) se recoge el significado contrario:

CHOZO. m. Choza grande

En ediciones posteriores volvemos a encontrar la definición actual. Esta vacilación entre «choza pequeña» o «choza grande» ¿a qué puede deberse? Quizá a diferentes usos dialectales del término chozo en diversas partes de España, pero hay un hecho incuestionable: cuando se trata de vocabulario del mundo rural, las definiciones del DRAE suelen ser vagas e inexactas. Realmente, el «chozo» criptanense está construido con piedra, mientras que la «choza» es una construcción de uso provisional hecha a base de madera y de ramas. El chozo criptanense no es, pues, simplemente «una choza pequeña». Es mucho más.

Abundan, como ya se ha dicho, los chozos en las tierras criptanenses, pero son casi imperceptibles de tan integrados y bien camuflados como están en el paisaje. Realmente, caminante, si no te fijas bien y no prestas atención, podrían pasar tan desapercibidos como un camaleón en la selva. Hay que enfocar bien la vista muchas veces para descubrirlos bien tras la curva de un camino o bien escondidos al pie de una colina.

El Chozo del Rey: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

El Chozo del Rey: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Y puesto que estamos hablando sobre topónimos gremiales, nos ocuparemos hoy del «Chozo del Rey», suponiendo que también el de rey es un oficio. Encontrarás, lector, el Chozo del Rey junto al camino de la Mota y muy cerca del núcleo urbano de Campo de Criptana. Tomarás este camino en el cruce de la CR-1101, es decir, la carretera de El Toboso. Recorrerás por ese camino unos dos kilómetros con ochocientos metros. Ya estarás en el paraje del Chozo del Rey donde, como corresponde, restos de un chozo hay. Habrás pasado antes, casi sin darte cuenta, por otro paraje cuyo topónimo tiene el término «Chozo»: Es el Chozo Maroto.

Demos ahora, como suele ser usual en esta serie, la ubicación exacta del paraje, no por sí mismo, sino por los lugares que le rodean. Está delimitado al suroeste por la Vertiente del Salobral; el camino de la Mota le sirve de límite por el sur, mientras que el paraje de La Losilla linda con él al este, y el Cerro Lobero al Norte. Es un paraje muy pelado, hay que reconocerlo, pero también hermoso; algún que otro arbolillo salpica el paisaje, suavemente onduladas colinas, como vacilantes, lo rodean. Tiene también algo de misterio, como el Camino de la Laguna, y como el paraje donde se halla la Cueva. Pero creo que este misterio no es de La Laguna solo, sino de toda la Vertiente del Salobral, paraje en el que, como dijimos ayer, hasta las colinas parecen tener ojos y se siente observado el caminante por donde pasa mientras el silencio, el profundo silencio de la naturaleza, lo invade todo.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO