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Se va acercando el final de esta serie dedicada a los topónimos gremiales, pero falta aún mucho para que concluyamos nuestros recorridos por los nombres campestres de Campo de Criptana. De ellos todavía nos queda mucho que hablar. Nos ocuparemos hoy de los topónimos que contienen el término «cantareros». Pues fue el oficio de cantarero vital para la vida cotidiana en otros tiempos, no es extraño por ello que aparezca también en la toponimia rural.

Casa de La Hidalga: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Casa de La Hidalga: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Es sin duda el lugar más conocido con este nombre el de la «Loma de Cantareros». Ya hemos hablado de ella en varias ocasiones en este blog (véase: La Loma de los Cantareros y los canutos de langosta, Campo de Criptana 1884), pero, intentando no repetirnos en nuestros argumentos y disquisiciones sobre la cuestión, nos limitaremos a dar algunos datos sobre ella.

Se encuentra situado el paraje al norte del término municipal criptanense. Linda al este con la CM-310 y al norte con el término municipal de Miguel Esteban, ya en la provincia de Toledo. Son, pues, los últimos confines criptanenses y provinciales en aquel lugar. Viejos caminos la limitan y diferencian de otros parajes. De la Cañada de las Huertas, al este, la separa el Camino de Alcázar de San Juan a Miguel Esteban. Al norte, ya en término de Miguel Esteban, encontramos el paraje de El Navajo y al oeste, al otro lado de la carretera, ya en tierras criptanenses, el lugar llamado Chozo Librero. Surca el terreno por allí otro viejo camino: el de Miguel Esteban a Villajos.

Laguna de Salicor: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Laguna de Salicor: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Sirve de límite por el norte a este paraje la Senda de los Cantareros, camino de largo recorrido que viene, después de bordear la Laguna de Salicor, atravesando campos, y cruza la CM-310 y continúa paralela a la frontera con Miguel Esteban hacia el este.  Se adentra al poco esta senda en las tierras de este pueblo y llega a la Casa de don Evaristo Pando. Se llama «senda», pero es camino en la realidad, camino como Dios quiere y manda, y muy largo. Poco más de ocho kilómetros recorre en tierra criptanense de oeste a este.

Si comienzas, lector caminante, a recorrer el camino de la Senda de los Cantareros, tendrás que partir de su comienzo en un cruce de caminos en término de Alcázar de San Juan, a poca distancia del límite con Campo de Criptana. Es allí donde convergen los caminos de Quero a Campo de Criptana, el del Molino Hundido, el de La Puebla y el Carril de las Tinas. La Senda de los Cantareros es el único que lleva a tierras de Criptana y si, a falta de brújula te quieres orientar, lector, mira el sol y ve al este… si tu camino lo haces con la luz del día. Si haces el camino de noche, échalo a suertes en el cruce, y ve hacia donde el azar te guíe, pero puedes acabar en cualquier lugar menos en la Senda de los Cantareros, que en esto la suerte es caprichosa.

La Senda de los Cantareros: Foto de José manuel Cañas Reíllo (2015)

La Senda de los Cantareros: Foto de José manuel Cañas Reíllo (2015)

Nada más entrar en tierras de Criptana, dejará la Senda de los Cantareros al norte los parajes de La Cerrada, la Cañada de la Cabra y la Casa del Cacharra. Al Sur tendrás la Laguna de Salicor y, si tienes suerte y es la estación propicia, verás sus aguas relucientes bajo la luz del sol y sus aves, y podrás leer en sus vuelos tu destino, y tendrás ante ti desplegada toda la riqueza natural que allí esconde.

Continuando tu camino pasarás junto a la Casa de la Hidalga al sur, y en aquella misma dirección estarás ante el Haza Charquera. Al norte tendrás el lugar de Casas de Quirós. Entre lomas suavemente onduladas, olivares por aquí, viñedos por allí o tierras de barbecho, avanzarás tu camino, y dejarás el paraje de Chozo Librero al sur. Ya cerca de la carretera CM-310 tendrás el paraje del Poste de la Raya, que puede que se llame así porque allí estuvieron, están y estarán los límites con Miguel Esteban, esa «raya» imaginaria que divide a los pueblos en los mapas, pero no en las tierras. Cruzarás, lector, la carretera. Al norte dejarás las tierras de Miguel Esteban; al sur las criptanenses de la Loma de Cantareros, el Camino de Quintanar y el Coto de Pando. Pronto tendrás ante ti el final de la Senda por tierras criptanenses. Detén tu camino o sigue; ésa es tu elección. Tus pies habrán hollado un camino viejo, un camino histórico por el que, quién sabe, hace mucho mucho tiempo, traían y llevaban sus cántaros aquellos cantareros.

Como habrás visto, lector, es éste un agradable paseo en el que surcarás  paisajes muy diferentes y, sobre todo, podrás percibir cuánta riqueza natural ofrecen las tierras de Campo de Criptana al caminante.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO