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Santuario del Cristo de Villajos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2005)

Santuario del Cristo de Villajos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2005)

Tiene el doce algo de iniciático. Doce eran los apóstoles, doce son los meses del año, doce son las horas de un mediodía… doce son las unidades que forman una docena, por ejemplo, de huevos, y el huevo, se quiera o no, es origen de vida. A lo mejor no es una casualidad que el doce tenga este sentido casi cósmico. El número doce hace ya este artículo en esta serie de toponimias gremiales criptanenses, pero no quedará aquí. Continuará, pero no temas, lector; no concluiremos la serie con el artículo de mañana. Jamás seríamos tan osados de echar el cierre a una serie en el trece, por si acaso, o por si las moscas, como suele decirse, o por si la mala suerte, siempre acechante, se decide a sorprendernos… in malam partem, por supuesto. En esto de la triscaidecafobia hay que ser prudente, porque nunca se sabe.

Hoy hablaremos de la «Venta del Marqués», o, mejor dicho, de lo que queda de ella, porque poco hay ya de lo que hubo en otros tiempos. Ubi sunt? podríamos preguntarnos, si nos ponemos en la piel de algún poeta medieval ¿qué fue de aquellos esplendores de otros tiempos? Desapareció la venta propiamente dicha, pero quedó su nombre, «Venta del Marqués», en el paraje adyacente y así se recoge en los mapas de hoy. Aceptamos, por tanto, «marqués» como oficio, al igual que hace unos días aceptábamos «rey».

Piensa uno cuando escucha este nombre, «Venta del Marqués», en parada y fonda de otros tiempos, en caballeros a caballo en largos viajes por los caminos polvorientos de La Mancha. ¿Y si fue este venta inspiración de aventuras quijotescas? ¿Y si fue lugar de descanso de viajeros, pero también de conspiraciones nocturnas, de crímenes amparados en la oscuridad de la noche manchega? ¿Y si fue lugar de pasiones encendidas y arrebatadoramente ardientes entre caballeros y damiselas de la época? Si sus paredes, o lo poco que queda de sus tapiales, hablaran… ¡cuánto nos contarían!

Un camino: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Un camino: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Contemplará el viajero sus ruinas desde la CM-310 si mira hacia el noroeste. No tiene pérdida. Destacan en el vacío de la planicie aquellos tapiales tristes pero aún erguidos y orgullosos, que poco a poco van siendo devorados por la tierra. Es el precio que la naturaleza se cobra siempre: de la tierra a la tierra, o del polvo a polvo. Da igual.

Seguro lector que muchas veces habrás visto el lugar. Pero te damos, como es de rigor, las indicaciones para que puedas llegar, quizá, en uno de tus paseos matutinos o vespertinos en estos largos días del estío. Tendrás, como solemos decir en estos casos, dos caminos: uno fácil y otro menos fácil.

El primero transcurre por la CM-3105. Pasado el Santuario del Cristo de Villajos llegarás al cruce con la CM-310. Tomarás allí la dirección a Alcázar de San Juan. Apenas a ochocientos metros encontrarás, entre barbechos, las ruinas de esa vieja venta. Para tomar el menos fácil irás por el Camino de Quero, que parte también de la CM-3015, pero tendrás que llegar también necesariamente a la CM-310. Por supuesto, en ambos casos, el paisaje circundante será impresionante. Pero ten en cuenta algo importante, lector: por este camino de Quero dejarás a un lado la Sierra del Águila, y eso bien vale un paseo, porque estarás junto a algunos de los parajes más altos del término de Campo de Criptana. Cuando llegues por este camino de Quero a la CM-310 tendrás que tomar dirección a Miguel Esteban y, a casi 600 metros, tendrás enfrente la Venta del Marqués, destio final de este recorrido.

La Vega del Cristo_Foto de José Manuel Cañas Reíllo 2013

La Vega del Cristo con ruinas: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Un camino o, mejor dicho, un carril, te llevará desde la carretera directamente a las ruinas, y en ellas se bifurcará en dos direcciones. La que va al norte llevará al Camino del Molino Hundido; la del oeste te llevará al Camino de Quero.

Veamos ahora cómo se llaman algunos de los lugares circundantes. Tenemos al sur el paraje de Los Albardines y, al otro lado de la carretera, la Venta Cañada; al oeste, la Vía del Hambre y el Cerro Carretero; al norte, el Camino de las Galeras y la Vega del Cristo.

Acércate a este lugar, lector, e imagina historias de viajeros de otros tiempos. Hoy ya nadie anhela un alto en su camino para pasar la noche en la venta, hoy aquellos caminos se han quedado sin viajeros, hoy ya no hay lugar para aventuras quijotescas. Ubi sunt? nos preguntamos de nuevo, los esplendores del pasado. Que las ruinas nos hablen, que las ruinas nos contesten, que las ruinas nos cuenten su historia. Detente por un instante viajero, y observa atentamente cómo el tiempo se cobra sus víctimas inexorablemente y cómo lo que nació de la tierra vuelve a la tierra.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO