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En la Sierra de los Molinos : Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

En la Sierra de los Molinos : Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Confieso que esta pequeña serie de artículos puede dejar un cierto sabor agridulce. Es ese sabor que dejan los periodos históricos fronterizos, esa incertidumbre que traen los cambios teñidos tanto de esperanza como de inseguridad ante el futuro. Esos momentos se sucedieron incesantemente en la España del siglo XIX. Podríamos decir, incluso, que es difícil aislar esos momentos en la inmensidad de los vaivenes que trajo el siglo.

El Diccionario Geográfico Universal, dedicado a la Reina Nuestra Señora, Barcelona, Imprenta de José Torner, tomo II, 1831 (pág. 463) nos presenta la imagen de un Campo de Criptana de otros tiempos, la de un pueblo que pertenecía al priorato de Uclés y a la provincia de La Mancha y que tenía un anejo ya en el mismo Tomelloso llamado El Altillo. Todo ello cambiaría en los años siguientes (véase: Campo de Criptana en 1831, II, «nullius dioeceseos», la provincia de La Mancha y El Altillo).

Hubo, sin embargo, cosas que no cambiaron con el tiempo. Campo de Criptana ya tenía sus molinos de viento, y los seguiría teniendo después, y los sigue teniendo hoy. No podemos imaginar el paisaje de Campo de Criptana sin sus molinos y sin su «Sierra de los molinos», tanto monta monta tanto, «sierra» y «molinos», como ha sido siempre y como será. Su Cerro de la Paz dominaba el paisaje, aunque parece que el autor del artículo del diccionario aplica este nombre a todo el conjunto de las sierras criptanenses, incluyendo en ellas al cerro de la Paz… si es que la afirmación del artículo no se debe a una inexactitud, lo que no podríamos descartar. Pocos años antes, Sebastián Miñano, en su Diccionario Geográfico-Estadístico de España y Portugal dedicado al Rey Nuestro Señor, Madrid, Imprenta de Pierart-Peralta, tomo II, 1826 (pág. 309) es más comedido y nos dice simplemente que Campo de Criptana está «sit. a la falda meridional de un cerro». Y no se mete en más berenjenales. Hoy tenemos muy claro qué es el Cerro de la Paz y qué es la Sierra de los Molinos…

El cerro de la Paz: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

El cerro de la Paz: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Sería este paisaje el que ya desde mediados del siglo XIX atraería a viajeros de todo el mundo, a todos aquellos que vinieron en busca de las huellas de Don Quijote de La Mancha, en busca de sus caminos, quizá en busca de sus aventuras… hasta hoy. Curiosamente un viajero que hacía su camino del Quijote allá por 1848 pasó de largo por Campo de Criptana… pero podríamos decir que fue casi el único que lo hizo entre muchos viajeros y que esto no es más que una excepción a la regla. Este viajero fue José Giménez Serrano. Contó su viaje en una serie de crónicas tituladas «Un paseo a la patria de don Quijote» que se publicaron en cinco entregas en el Semanario Pintoresco Español  de 1848. Curiosamente Giménez Serrano no presta apenas atención a Campo de Criptana a pesar de que su guía por la zona fue, como él nos dice, criptanense. De él y de un «labriego» de La Mota oyó Giménez Serrano unas ocurrentes seguidillas que publicó en nota a pie de la página 132 del Semanario Pintoresco Español, núm. 17, de 1848. No sabemos si, después de publicar esas letrillas, se atrevió Giménez Serrano a volver por estas tierras. Seguro que no gustaron mucho.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO