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No sólo de pan vive el hombre. Por ello había tiendas de comestibles, varias en Campo de Criptana por aquel año de 1911, pero también había muchos establecimientos dedicados a la fabricación de bebidas de muy diverso carácter y condición y para todos los gustos.

Bodegas: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Bodegas: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

De estos últimos nos da también cumplida cuenta, como era de esperar, el Anuario del comercio, de la industria, de la magistratura y de la administración de ese mismo año (págs. 2108-2109). Veamos ahora algunas de ellas según este listado:

Más bodegas: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Más bodegas: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Aguardientes y licores (Fábricas de):

Viuda de Miguel Calonge
Francisco Casero
José Ramón Fernández
Francisco Laurens, hijo
Valentín Ortiz
Alfredo Ruescas
Salvador Vento

Bebidas gaseosas (Fábricas de):

Jesús Gómez
Lidio González

El capítulo de «Lagares de vino» lo dejaremos para otro día, porque da para un artículo solo (véase: Los lagares de Campo de Criptana, 1904). De los comestibles, hablaremos en otra ocasión, porque había en Campo de Criptana por aquel tiempo de 1911 muchos establecimientos y muy variados.

Algunos de los industriales citados entre los productores de bebidas eran conocidos bodegueros en la época y de ellos ya hemos tenido la oportunidad de hablar en este blog (véanse: El bodeguero e industrial Alfredo Ruescas, Campo de Criptana, 1895-1905, I; El bodeguero e industrial Alfredo Ruescas, Campo de Criptana, 1895-1905, II; Un bodeguero francés en Campo de Criptana: El banquero y financiero Francisco Laurens, 1912); Muchos de ellos no eran nacidos en Campo de Criptana, sino que vinieron a La Mancha en busca de viñedos con los que fabricar sus vinos, aguardientes y licores. Muchos se establecieron en Campo de Criptana, aquí abrieron sus bodegas y contribuyeron a configurar algo parecido a un barrio industrial alrededor de la estación de ferrocarril, allí donde hacía poco más cincuenta años años no había sino campos, esa llanura manchega que se extendía casi hasta El Tumbillo. La estación atrajo poco a poco bodegas, y de ellas todavía quedan unas en pie, aunque abandonadas, como la de Laurens; de otras sólo quedan vestigios. Otras ya forman parte del pasado. Quedan esas instalaciones industriales del principio del XX con alguna que otra alta chimenea, quedan sus muros con ventanas ojivales dignas de una catedral… quedan, en fin, muchas muestras de arquitectura industrial de gran valor, aunque corren un gran peligro de desaparición… quedan apellidos cuyo eco aún resuena en la historia vitivinícola criptanense: Artiñano, Simó, Mompó, Laurens, Ruescas, Rubín, Badía, Fernández Baldor… y muchos otros.

Y ya que estamos hablando de bebidas no podemos olvidar que en tierras del término de Campo de Criptana, incluso, se produjo champán… y del bueno: Champán Bénézet (véase: Vino, coñac y champán, Campo de Criptana, 1896-1948).

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO