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Un poco de todo (Cuadro "Bodegón Mediterráneo"): Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (1997)

Un poco de todo (Cuadro «Bodegón Mediterráneo»): Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (1997)

Estaba escrito. Algún día tenía que llegar el capítulo de comestibles a esta serie que, confesémoslo, está saliendo algo más larga de lo que en un principio se suponía que sería. Esto de las series algunas veces se le va de la mano al que escribe, porque al principio uno nunca imagina cuánta materia habrá y cuánto habrá que decir, y qué explicaciones habrá que dar… y al final puede ser mucho o ser poco. Es mejor dejar en manos del destino esto de las series, y que duren cuanto tengan que durar.

Me evoca el capítulo de comestibles viejos nombres, como «ultramarinos», «coloniales» y otros que, aunque quizá menos prosaicos, tienen también un cierto encanto, como «abacería» (véase: Abaceros y tablajeros, Campo de Criptana 1900). Estos términos estaban muy especializados y hacían referencia a diferentes tipos de establecimientos que hoy podríamos englobar dentro de la categoría general de «Comestibles», pero hoy prácticamente han desaparecido del panorama comercial de nuestros pueblos y ciudades. Han sobrevivido los establecimientos de comestibles que aúnan en sí toda la antigua variedad ¿pero por cuánto tiempo?

Aquellas distinciones tampoco aparecen en el directorio al que estamos recurriendo desde hace varios días para conocer el panorama socieconómico criptanense en 1911. En efecto, el Anuario del comercio, de la industria, de la magistratura y de la administración de 1911 (págs. 2108-2109) tiene únicamente un capítulo de «Comestibles» en el que, suponemos, se recogen establecimientos generalistas del ramo y otros que, como veremos más adelante, también se podían considerar como «abacerías». Los nombres de los propietarios de estas tiendas eran:

la calle Convento: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

la calle Convento: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Enrique Bosch

Braulio González. Convento 11

Viuda de Hilario de la Guía

Leonidio Lucas

Carmelo Manzaneque

Benito Nieto

Manuel Antonio Olivares

Gregorio Pencho (sic, errata, «Perucho»)

Viuda de Pencho (sic, errata, «Perucho») e hijos

Respecto a algunos de ellos hay ciertos datos curiosos a reseñar. Como en otras ocasiones, se citan establecimientos que no estaban dedicados exclusivamente a la venta de comestibles, sino a otro tipo de productos muy diferentes, como la ferretería. Esto ocurría, por ejemplo, con los comercios de la viuda de Hilario de la Guía, de Benito Nieto y de Braulio González, también dedicados al gremio de ferretería (véase: Campo de Criptana en 1911, XI: Ferreterías, herrerías y hierros). El establecimiento de Benito Nieto, como ya dijimos en el capítulo de ferretería se hallaba situado en la calle Fuente del Caño 1. Para el de Braulio González tenemos dos direcciones: los comestibles se hallaban en la calle Convento 11, mientras que su ferretería, como ya se dijo en otra ocasión, estaba en la calle Conde de las Cabezuelas (actual calle Tercia), núm. 14. Posiblemente, el comercio polivalente de Braulio González hacía esquina a ambas calles, de ahí las dos direcciones.

Porcelana y loza (Bodegón "El Jarro"): Pastel al aceite por José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Porcelana y loza (Bodegón «El Jarro»): Pastel al aceite por José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Pero hay más, porque el establecimiento de Braulio González con dirección en la calle Conde de las Cabezuelas aparecerá también en otro capítulo aún no tratado: el de la «Loza, cristal y porcelana», y lo mismo ocurrirá con los de la viuda de Hilario de la Guía y de Manuel Antonio Olivares. Y hay mucho más, porque, además, la tienda de la viuda de Hilario de la Guía también aparecerá en el capítulo de «pescaderías». Así pues encontramos que la mayor parte de las tiendas de Campo de Criptana en aquel tiempo vendían casi de todo e, incluso, en el caso de la de la viuda de Hilario de la Guía, encontramos unos pequeños grandes almacenes en los que se podía comprar casi de todo, desde productos de alimentación hasta un orinal de loza.

De Enrique Bosch sabemos que figuraba en aquel tiempo (Anuario Riera 1904, pág. 1381) entre los principales propietarios de Campo de Criptana, por lo que puede que el comercio de comestibles fuese solo una parte de sus negocios.
Para concluir, señalemos que algunos de los comerciantes citados son ya conocidos en este blog, como Carmelo Manzaneque, de segundo apellido Blanco, que fallecería once años después, el 31 de octubre de 1922 (véase: Carmelo Manzaneque, del comercio, Campo de Criptana, 1854-1922). Reza su nombre en su epitafio, y se añaden las palabras «Del comercio». Se hallaba su tienda, que era una abacería, en la calle de la Virgen.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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