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El Paseo de la Estación: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

El Paseo de la Estación: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

En esto de los caminos, no puede uno dejar de imaginarse cómo debían ser los viajes de otros tiempos, con carros y carretas y con caballerías, con diligencias que a modo de «carro de línea» hacían sus trayectos cotidianos, con sus postas, y con aquellas posadas que acogían una vez caída la noche al osado viajero. Pero se viajaba y no se dejaba el viajero desalentar por las dificultades, por esas brumas polvorientas del verano, o por esos hielos y charcos de los caminos embarrados en invierno. Hubo un tiempo en el siglo XIX en que incluso viajar era algo peligroso, en que se arriesgaba el viajero a un secuestro o a un atraco a manos de partidas descontroladas, en tiempos de guerras carlistas, en tiempos de bandoleros.

Imaginemos una tierra sin carreteras… quizá no podamos. Por ello fue tan importante el tren para Campo de Criptana, pues cuando llegó y sentó sus raíles en estas llanuras sólo los caminos comunicaban a Criptana con el resto del mundo. En la historia de Campo de Criptana hay un antes y un después del ferrocarril, un antes de 1855 y un después de 1855. Luego fueron llegando las carreteras conforme las necesidades del progreso así lo iban exigiendo, hasta llegar a lo que es hoy. Pero, no lo olvides, lector, no siempre fue así. Piensa cuando viajes por una carretera asfaltada, tan hermosa con sus líneas blancas, y sus señales tan bien colocadas, que en otro tiempo habrías viajado sobre un carro tirado por caballerías, y habrías sentido en tus posaderas los efectos indeseados de los baches e irregularidades del camino, y habrías respirado el polvo del camino, y te habrías helado de frío en invierno, y bajo la lluvia te habrías calado, y habrías estado expuesto, quizá, al ataque de una partida de bandoleros (véase: Viajeros, posadas y noches lúgubres, Campo de Criptana, 1890-1913).

El camino de la Puente: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

El camino de la Puente: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Tardó en llegar una carretera que comunicase el casco urbano criptanense con su estación. No pasaban hacia el sur las casas y calles criptanenses más allá del actual Pozohondo, o de la calle Fontanilla, o de la Huertopedrero, o de la Concepción. Más allá había campos y más allá, no muy lejos, se levantó una estación, y alrededor de ella vinieron las bodegas, y alguna que otra casa. Allí nació un nuevo barrio y aquello cambió el urbanismo criptanense. El pueblo se fue prolongando o, mejor dicho, estirando hacia el sur, más y más, hasta saltar la línea de ferrocarril (véase: El «monopoli» criptanense, Campo de Criptana, 1900, XVI: La Estación).

En el plano de Campo de Criptana de 1886 (hoja 714) ya aparece esbozado un camino de Criptana a la estación que coincide con el actual Paseo de la Estación. Nos tenemos que imaginar aquel proyecto de paseo como un camino que discurría entre campos, o quizá entre cebadales, o quizá entre eras… es difícil saberlo y recrearlo sin una fotografía de la época. Tardó en llegar una carretera en condiciones. Durante años quienes bajaban del tren en Criptana o quienes iban a tomarlo desde el pueblo se quejaron de los charcos y del barro de aquel camino. En esto la administración siempre va por detrás de casi todo. Fueron necesarios años de molestias y quejas formales para que por fin alguien se decidiese a hacer un camino en condiciones, como exigía el progreso y el ritmo de los tiempos. De poco servía una estación casi completamente incomunicada con el pueblo al que servía con viajeros y correo en periodos de lluvia (véanse: Caminante… ¡que no hay camino!, Campo de Criptana, 1856-1864; Caminante… ¡que ya hay camino!, Campo de Criptana, 1867; Caminante… ¡que ya hay camino, pero como si no lo hubiese!, Campo de Criptana, 1916).

Puente de San Benito: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Puente de San Benito: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Otro camino, más viejo, tomaba desde el pueblo la misma dirección, pero dejaba a un lado la estación, cruzaba el ferrocarril y continuaba hacia el sur. Era el «Camino de la Puente», nombre que, por cierto, no tiene en este mapa de 1886, sino Camino de Campo de Criptana a Argamasilla de Alba, pues tal era su vocación, la de comunicar dos pueblos, antes de que se convirtiese en truncada carretera sin destino, que es la peor frustración y más triste condición que le puede ocurrir a una carretera (véanse: El «monopoli» criptanense, Campo de Criptana, 1900, XXV: La calle del Puente; El «Camino de la Puente», Campo de Criptana, 1863; y Aquel viejo puente de San Benito… y sus remiendos, Campo de Criptana, 1575, 1790, 1872-1892).

Con el tiempo un tercer camino se sumaría a estos dos, en este caso también específico para la estación o, mejor dicho, para sus muelles. Pero esto ocurriría mucho después (véase: Campo de Criptana, 1910: Hágase un camino a los muelles de la Estación… y el camino se hizo).

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO