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Un camino a Criptana: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Un camino a Criptana: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Hay lugares en las tierras criptanenses a los que parecen llevar todos los caminos. Uno de ellos es el paraje de la Ermita del Cristo de Villajos. No es una casualidad. Cuando muchos caminos confluyen en un lugar es porque aquel lugar tiene un valor especial, ya sea histórico, religioso o económico, y porque ha estado por allí el ser humano enfrentado a sus avatares y quehaceres durante siglos. Puede que el tal lugar esté despoblado, pero siempre queda esa llama aún viva de lo que fue y ya no es.

Hoy después de siglos, sigue el paraje de la Ermita del Cristo de Villajos siendo cruce, en este caso de carreteras y también de caminos. Muy cerca de él confluyen la carretera de Alcázar de San Juan a Quintanar de la Orden (CM-310) y la que, partiendo de ella, va a Campo de Criptana (CM-3105). Nos interesa esta última, porque sigue la trayectoria del que ha sido el camino tradicional que comunicaba a la ermita con su pueblo. Realmente, casi sin apartarse de él, sigue la carretera su itinerario, el que durante siglos hicieron sobre tierra los carros y las carretas, recorrido religioso, trayecto de peregrinación, un via crucis de fe.

El camino (Dibujo "La Huerta de Treviño"): Dibiujo a rotulador por José Manuel Cañas Reíllo (2014)

El camino (Dibujo «La Huerta de Treviño»): Dibiujo a rotulador por José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Camino de Madrid y del Cristo de Villajos se llama este camino en el plano de Campo de Criptana de 1886 (Instituto Geográfico Nacional, hoja 714). Poco antes de la llegada al santuario se bifurca este camino en dos: el de la derecha transcurre por la parte trasera del santuario y toma el nombre de Camino de Campo de Criptana a Miguel Esteban. El de la izquierda mantiene su nombre y pasa por la parte delantera del santuario, continúa hacia el noroeste y va a unirse al camino de Alcázar de San Juan a Madrid muy cerca de la Casa de la Hidalga. Hay un elemento más a tener en cuenta en este plano de 1886: Aparece en proyecto la línea de ferrocarril de Alcázar de San Juan a Quintanar de la Orden, que con el tiempo adquiriría el nombre de «Vía del Hambre». Hoy queda sólo su huella como una larga herida de varios kilómetros que recorre la tierra. Curiosamente, en el plano, esta línea corta muchos caminos, pero el tiempo, que todo lo venga, la ha convertido también a ella más de un siglo después en camino. Hay venganzas que se sirven en frío y son terribles.

Más caminos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Más caminos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Otros caminos encontramos por la zona. Antes de esta bifurcación, un camino parte del del Cristo de Villajos hacia el noroeste: es el del Molino Hundido, que recorriendo con mansedumbre las llanuras llega a la misma Laguna de Salicor entre encuentros y desencuentros con el arroyo de San Marcos. Como hoy, un camino parte de la parte trasera del santuario hacia el oriente y va en dirección a la Huerta de Treviño. Ese es el antiguo camino de Alcázar a Quintanar. La carretera CM-310 lo respetó, y ahí sigue todavía con su árbol a un lado. Al poco encontrarás, caminante, otro cruce, en este caso con el camino de la Huerta de Treviño en el tiempo en que esta Huerta era huerta, quizá en su momento de esplendor, cuando abundaba en aguas, cuando en ellas nacía el Arroyo de San Marcos. Hoy ya no es ni sombra de lo que fue.

Aquí lo dejamos por hoy. Mañana seguiremos recorriendo caminos sin saber muy bien adónde vamos, más o menos como en la vida misma.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO