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No puede evitar el que escribe que queden a veces ideas y notas en el fondo de ese cajón de sastre que es la memoria. Eso nos ocurrió cuando en la segunda entrega de esta serie (véase: Por los caminos de Campo de Criptana, 1886, II: A la estación) hablábamos sobre el camino o, mejor dicho, los caminos a la estación.

Alrededor de la estación: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Alrededor de la estación: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Decíamos que muy poco tiempo después de que llegaran los primeros trenes a Campo de Criptana en 1855 ya había surgido alrededor de la estación todo un nuevo barrio industrial configurado especialmente por bodegas que buscaban en el tren la facilidad de las exportaciones de sus productos. Aquello solo fue el germen de lo que encontraremos ya en el siglo XX: Un barrio en plena urbanización que poco a poco se iría uniendo al casco urbano criptanense constituyendo un todo.

La bodega del Francés: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

La bodega del Francés: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

En la hoja 714 del mapa del Instituto Geográfico Nacional (1886), que contiene parcialmente los términos de Campo de Criptana y de pueblos adyacentes, encontramos una imagen muy fiel de la situación de este incipiente barrio de la estación en aquel año de 1886. Pero sobre todo, y lo que más nos interesa aquí, encontramos nombres de algunas de estas bodegas que, por supuesto, no eran tantas como lo serían ya a comienzos del siglo XX. Aparece en este mapa ya el edificio de la estación de ferrocarril. Al norte, junto al camino que actualmente es el Paseo de la Estación encontramos las Bodegas de Palmero y del Canónigo, según reza en el plano. Otras dos bodegas, que a juzgar por el plano estaban al sur de la línea de ferrocarril, son las del Marqués de Mudela y del Francés. Seguramente, sin embargo, la del Francés estaba al otro lado de la línea férrea, al norte, puesto que casi seguramente aquí con «el Francés» se refiere al empresario valenciano Francisco Laurens que abrió bodega en Campo de Criptana y fue sucedido por su hijo en la gestión de sus negocios (véase: Un bodeguero francés en Campo de Criptana: El banquero y financiero Francisco Laurens, 1912; El financiero y bodeguero Francisco Laurens y los vinos de Campo de Criptana en la Exposición Regional de Valencia, 1909, I; El financiero y bodeguero Francisco Laurens y los vinos de Campo de Criptana en la Exposición Regional de Valencia, 1909, II; El financiero y bodeguero Francisco Laurens y los vinos de Campo de Criptana en la Exposición Regional de Valencia, 1909, III; y El financiero y bodeguero Francisco Laurens y los vinos de Campo de Criptana en la Exposición Regional de Valencia, 1909, IV). El inmenso edificio de la bodega aún está en pie, casi como si el tiempo no hubiera pasado por él. Respecto a la Bodega de Palmero, es, sin duda, la de Felipe Palmero, que aparece como propietario de lagares de vino en Campo de Criptana en el Anuario del Comercio de 1886 (pág. 1026).

Ferrocarril y bodegas: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Ferrocarril y bodegas: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Es curiosa aquí la mención de la Bodega del Canónigo. Es posible que con este nombre se refiera el plano a la bodega que tuvo por aquellos lugares Ignacio Artiñano y Orbegozo, que era canónigo magistral de la Catedral de Burgos, aunque no estamos del todo seguros de esta afirmación que aquí hacemos. Tenía también Artiñano una casa en Criptana, que, al igual que la bodega, se encontraba en el Camino del Puente. A todo ello hay que sumar además tierras en el término criptanense. También Ignacio Artiñano aparece citado entre los propietarios de lagares de vino criptanenses en 1886 en el Anuario del comercio de ese año (pág. 1026). Recordamos que Artiñano falleció a comienzos del año 1903 en el transcurso de una visita a sus predios en la localidad y fue enterrado en el cementerio criptanense. Hoy yacen sus restos en la sepultura de los presbíteros de este mismo cementerio (véase: La inesperada muerte de Ignacio de Artiñano, Campo de Criptana, 1903; Más sobre la defunción del canónigo magistral de la Catedral de Burgos, Ignacio de Artiñano y Orbegozo, Campo de Criptana, 1903; e Historias del cementerio de Campo de Criptana: La humilde sepultura de los presbíteros, 1873-1923).

Y ya hablando de canónigos y de cargos eclesiásticos, conviene que recordemos que uno de los caminos que recorren las tierras criptanenses se llama «del Arcediano». Parte este camino, nada más cruzar el ferrocarril por el paso a nivel, de la carretera del Puente de San Benito y toma rumbo hacia el sur, casi en paralelo a la carretera de Nieva. a junto al río Záncara, continúa con el nombre de «Camino del Portillo del Arcediano» (véase: Toponimias gremiales, Campo de Criptana, XIII).

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO