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Curioseando en planos del término de Campo de Criptana de allá por finales del siglo XIX, se encuentra uno de vez en cuando grandes sorpresas. No sorprende que los pueblos hayan crecido de entonces ahora ni que hayan extendido sus calles y casas a modo de telaraña sobre la llanura. Tampoco sorprende encontrar las actuales carreteras allí donde en otro tiempo hubo caminos o, simplemente, hubo campos.

Historias del ferrocarril: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Historias del ferrocarril: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Otras sorpresas son, en cambio, inesperadas. Esto me ocurrió cuando con la vista seguía el itinerario de la línea férrea Madrid – Alicante desde Campo de Criptana a la estación de Záncara en el plano del Instituto Geográfico Nacional, hoja 714.

Encontramos en este recorrido ferroviario muchos cambios desde entonces, en 1886, hasta ahora. Por ejemplo, en 1886 aparecen las casillas dispuestas cada cierta distancia a la largo de la línea, en los puntos kilómetros 156, 157, 160, 162 (enfrente de la llamada «Casa de D. Lucio»), 163 (una vez pasado el camino de Argamasilla de Alba a El Toboso), 166… y he aquí que cruzamos el río Záncara. Al poco encontramos la sorpresa, porque a la altura del kilómetro 168, encontramos en el mapa un pequeño punto rojo con una leyenda «Estación vieja» y entre paréntesis parece estar escrito, aunque es difícil de leer, «cuba».

Hoy no hay estación en aquel paraje, que tiene por nombre «La Rinconada» para las tierras que están al norte de la línea férrea, y «Las perogilas», las que están al sur. Queda en su lugar lo que parece una estrecha lengua de terreno inculto adyacente a la vía, a poco más de 370 metros de la orilla del río Záncara y a poco menos de cuatro kilómetros de la Estación de Záncara. Así pues, Campo de Criptana tiene también su estación fantasma.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO