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Allá por la segunda década del siglo XX, un violinista polaco llamado J. Groskalki recorrió buena parte de España dando conciertos y dejando deslumbrado a su público. Estuvo también Groskalki en Campo de Criptana. De su visita a nuestra localidad nos da cuenta el periódico El Pueblo Manchego, año I, núm. 91, del 25 de abril de 1911, en una breve nota titulada «Concierto». Dice así:

Anoche en el salón de fiestas del Casino de la Concordia tuvo lugar un brillante concierto de violín por el joven J. Groskalki, polaco, acompañado al piano por el maestro de esta localidad don Bernardo Gómez.

Y como los lectores conocen las facultades y el arte del concertista sólo diré que su programa satisfizo á cuantos le escucharon sobre todo en la fantasía de Rigoletto y la famosa jota aragonesa de Sarasate, que entre aplausos tuvo que repetir á instancias del público.

Con un violín (Vista parcial del cuadro "Bodegón del violín"): Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (1991)

Con un violín (Vista parcial del cuadro «Bodegón del violín»): Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (1991)

Anduvo dando conciertos Groskalki por aquellos años por toda la región. De otro de sus conciertos tenemos noticia por el periódico toledano El Castellano, del martes 1 de febrero de 1916, en la nota titulada «Gran velada musical». En este caso, Groskalki dio el concierto en Los Yébenes, proporcionando «unas horas deliciosas» al público asistente, según dice el periódico. Interpretó, al igual que en Criptana, también obras de Sarasate.

A los pocos años parece que Groskalki desapareció del panorama musical. Así, el semanario de Jaca, El Pirineo Aragonés, semanario de Jaca, año LXXIII, núm. 3.745, del 28 de mayo de 1955, en sus efemérides, recuerda el paso de Groskalki cuarenta años antes, el 22 de mayo de 1915, por Jaca:

Llegó a Jaca, con todos los visos de un gran aventurero, tanto como eminente violinista, un joven original por sus maneras, que había pasado el invierno en Sabiñánigo, después de haber recorrido medio mundo. Se llamaba Groskalki y era hijo de padre alemán y de madre española. Hacía verdaderas maravillas en el violín y fué durante algún tiempo el «as» de la curiosidad en Jaca, hasta que desapareció y nada se ha sabido de él. ¡Lo que pasa!

Y, en efecto, pocas noticias hay más de Groskalki. Todo se apaga, incluso las estrellas más fulgurantes, porque al final, todo es muy efímero… mucho más de lo que podemos imaginar. Aquella noche el Casino de la Concordia desbordó todo su esplendor, pues estaba, sin duda, en uno de sus mejores momentos, cuando la vida social de Criptana pasaba por sus salones, cuando ambiciosos proyectos dibujaban un futuro casi inimaginable para el Criptana de aquel tiempo. De aquel concierto nos queda al menos esta breve nota enviada a su periódico por nuestro bien apreciado corresponsal, el de El Pueblo Manchego, aquel gracias al cual podemos obtener estas fotografías en sepia del pasado criptanense, un pasado que se fue para no volver.

Puede que aún resuenen los ecos de aquel concierto por algún rincón de la Casa de Cultura criptanense, quizá Rigoletto recora entre lamentos sus pasillos en la oscura y solitaria noche, desconocedor de que aquellos rincones ya no son los del Casino de la Concordia… Nunca se sabe. La memoria de los lugares puede llegar allí donde nunca nos podríamos imaginar.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO