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Más historias del vino: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Más historias del vino: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Se va acercando ya inexorablemente el final de esta serie. Qué más nos gustaría que el vino de estas historias fuera como el de las bodas Caná, y que pudiésemos hacer del agua vino para seguir hablando más de bodegas y de bodegueros de aquellos tiempos lejanos. Pero éste no es el caso, y del vino de estas historias hay lo que hay, ni más ni menos, y cuando se agote la materia no nos quedará más remedio que pasar a otro tema. Tiene esto algo de bueno y algo de malo. De bueno tiene que conviene cambiar de tercio de vez en cuando y buscar caminos hasta ahora no trillados en este blog. De malo tiene que (ha de reconocerlo el que escribe) este tema de las historias del vino le apasiona, porque quizá es una de esas claves fundamentales que nos permiten comprender por qué la historia económica de Campo de Criptana ha sido como ha sido… y también la social.

Hablemos hoy, pues, de otra de estas bodegas criptanenses, y también de su propietario, porque, como ya hemos dicho en otras ocasiones, perviven en la historia del vino criptanense nombres propios, los de los industriales, mientras que en la mayor parte de los casos las denominaciones de sus empresas ya cayeron en el olvido hace mucho. Así pues, de nuevo nos vamos al publirreportaje sobre Campo de Criptana que publicó el periódico El Liberal, el día 15 de diciembre de 1917. Una de las notas económicas de este reportaje está dedicada a la empresa de «Santiago Millán, hijo», y de ella hablaremos hoy. Dice así sobre ella el periódico:

El hecho de elaborar el Sr. Millán solamente vinos blancos, le ha especializado en ellos de tal modo, que desde hace mucho tiempo cuenta con una segura clientela en el extranjero, principalmente Suiza, que absorbe todas sus existencias y amplifica notablemente su trabajo de propaganda.

La presentación de sus vinos, color, pureza y condiciones apropiadas para ser exportados, extienden cada día su radio de acción más allá de nuestras fronteras, y es, por tanto, de las Casas que padecen más por la carencia de transportes y las dificultades del tráfico con el extranjero.

De nuevo como en otros casos, se pone de relieve la importancia de la exportación para los vinos de Campo de Criptana, pero si en otros casos era al mercado nacional, en este caso es también al internacional, en este caso Suiza. Nos aparece en este caso algo nuevo en la industria del vino criptanense de aquel tiempo: La especialización, en este caso en vinos blancos.

Vino y ferrocarril: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Vino y ferrocarril: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Millán es de esos apellidos criptanenses que estuvo en aquellos años indisolublemente vinculado al vino, toda una saga a la que pertenecía Santiago Millán (hijo). Como ya vimos en otra ocasión (Campo de Criptana en 1911, VIII: El vino), en 1911encontramos varios propietarios de lagares con el apellido Millán: Millán y Sánchez, Jerónimo Millán, Viuda e hijos de José Millán y también al productor del que estamos hablando hoy, Santiago Millán (hijo).

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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