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Era el artículo de ayer el último de esta serie sobre las historias del vino en Campo de Criptana en 1917. En realidad, lo era y no lo era. Lo era porque con la bodega de Marcelino Moreno concluíamos el recorrido por los productores vinícolas criptanenses basándonos en lo que se nos cuenta en el periódico El Liberal, del 15 de diciembre de 1917. No lo era a efectos prácticos, porque nos pareció en su momento conveniente incluir este breve epílogo en el que buscamos recoger algunas de las ideas principales que nos ido aparecido en los artículos de esta serie. A eso dedicaremos esta coletilla, que se puede considerar como el final de la serie… o no, según como se mire, porque supongo que en esto, como en casi todo, habrá opiniones para todos los gustos, y habrá quien diga que el que escribe no ha sido coherente y habrá quienes indulten su intención de completar en lo posible las informaciones que aquí se dan para no dejar cabos sueltos.

Una visión general: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Una visión general: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

En dos cuestiones centraremos este epílogo: el tipo de vino que se producía en Campo de Criptana por aquel año de 1917, y los mercados.

Tipología vinícola

A lo largo del publirreportaje de El Liberal se nos dan detalladas referencias de los tipos de vinos que salían de las bodegas criptanenses. Eran en su mayor parte vinos blancos, aunque no en exclusiva. Lo más generalizado era, sin embargo, la producción de vinos blancos y tintos, como ocurría con las bodegas de Rubín y con la de la Viuda e hijos de Patricio Escobar. Otra apreciación se hace respecto a su calidad, es decir, si eran corrientes o finos, o de pasto. «Vino corriente» producían la viuda e hijos de Patricio Escobar, además de los «vinos finos de mesa», y muy similar apreciación se hace respecto a los vinos de Marcelino Moreno, que eran «finos» y de «pasto». Los «vinos corrientes», en cantidad de 40.000 arrobas, salían de la bodega de la Vinícola del Carmen. En ocasiones, la producción de vino se completaba con la destilación de alcoholes, como ocurría con la bodega de José Simó.

Ya por aquellos años había industriales vinícolas que buscaban la especialización. Así, las bodegas de Santiago Millán hijo y de Jesús Ortiz se dedicaban casi exclusivamente a vinos blancos. El vino blanco dulce era la principal producción de Faustino López, mientras que la Vinícola del Carmen apostaba ya por los tintos.

Los mercados

Muchas veces hemos insistido en la importancia de la exportación de los vinos para la industria criptanense. Queda claro que ya en 1917 muchas bodegas apostaban por buscar mercados en otras regiones de España e, incluso, en el extranjero. Madrid, o la «Corte», era el destino de los vinos de la bodega de la Viuda e hijos de Patricio Escobar, al igual que ocurría con los que producía Marcelino Moreno. Los vinos de Faustino López se comercializaban en el Centro y Norte de España, especialmente en Santander, Palencia, Burgos y Bilbao. También en el norte de España se vendían los vinos de Jesús Ortiz y de Rubín, aunque éste también tenía Cataluña entre sus mercados. De todos los bodegueros de Campo de Criptana en aquel tiempo, el único que parecía haber buscado mercados fuera de España había sido Santiago Millán hijo. Sus vinos se vendían en Suiza.

El único medio que podía permitir la exportación del vino criptanense era el ferrocarril. Ahora entendemos perfectamente a qué se debía la preocupación de José Simó por la calidad del servicio ferroviario y por la adecuación de sus tarifas al transporte del vino (véanse: La carta de José Simó, Campo de Criptana 1914; y De nuevo la carta de José Simó y la asamblea de Manzanares, Campo de Criptana 1914; y El “dogal” persistente, los problemas del transporte del vino y las preocupaciones de José Simó, Campo de Criptana 1917).

Concluimos aquí este epílogo de las historias del vino en Campo de Criptana en 1917. Como vemos, el panorama es variado, muy rico en matices y complejo. Es la imagen de una industria en plena ebullición que buscaba nuevos horizontes y una especificidad. La búsqueda de la especialización, sin duda, era una buena estrategia.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO