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La crónica de una misión: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

La crónica de una misión: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Comenzó la misión de 1863 en Campo de Criptana con dos sermones cuya audiencia fue multitudinaria, según nos dice la carta publicada en el periódico La Esperanza, núm. del 14 de abril de ese año. Quedaba todavía mucha misión por delante; aquello había sido solo el comienzo. Varios días se prolongaron los actos religiosos, y en cada uno de ellos desde la mañana a la noche estuvieron los misioneros entregados a su afán. Y qué mejor para contar cómo fue aquello que retomar, como en otros casos, lo que nos dice el criptanense que firma con J. Z. P. su carta (la ausencia de algunas tildes corresponde al original y, como en otros casos, la respetamos):

Todos los días, á la hora de alba, hemos tenido misa rezada, la que celebraba uno de los padres, mientras que el otro, desde el púlpito, leía las oraciones del ejercicio que el cristiano debe hacer por la mañana, las que repetía el pueblo, y las oraciones también de la santa misa, y esto mismo se repetía á las nueve, siendo estraordinaria (sic) la concurrencia á una y otra hora; despues los misioneros se sentaban en el confesonario, al que concurrían multitud de fieles, oyendo á todos con paciencia y caridad verdaderamente apostólica; concluido el confesonario, que no pocos días fue despues de las doce, se dedicaban á la preparación de los niños que habían de hacer su primera comunion, y por la tarde volvian al confesonario hasta la hora de prepararse la mision, la que empezaba al toque de oraciones, durando, por lo menos, tres horas, esplicándose un punto de doctrina cristiana, con tanta claridad y en un lenguaje tan correcto, que todos lo entendian, sin que fuese por esto un lenguaje vulgar y bajo, luego el sermon moral, en lo que alternaban ambos padres, logrando siempre arrancar lágrimas de arrepentimiento y de dolor.

Hasta aquí llegamos hoy en el relato del trajín de uno de los días, uno de varios, de los que duró aquella misión en Campo de Criptana. Resalta mucho el criptanense autor de la carta todo lo que tiene que ver con lo multitudinario de la asistencia y de la participación criptanense. Ello, unido al uso de determinadas expresiones de carácter religioso, nos lleva a pensar, como hacíamos ayer, si no pudo haber sido autor de esta carta algún sacerdote criptanense de aquel tiempo o alguien muy vinculado a la parroquia. Pero, como decíamos ayer, tenemos que dejar esta idea en cuarentena hasta que podamos llegar a una identificación satisfactoria. No piense el lector, sin embargo, que esta identificación es cuestión vital en esta serie; aquí lo que nos importa es, sobre todo, el relato de lo que ocurrió y no tanto quién lo contase, aunque, por supuesto, sería muy importante saber quién fue para poder contextualizar mejor sus puntos de vista o, por decirlo de otra manera, saber hasta qué punto su relato refleja la realidad. Ciñámonos, por lo pronto, a lo que nos dice la carta sin quitar ni poner, porque es lo único que tenemos, y que cada uno haga la exégesis que quiera.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO