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Hay veces en que uno se pone a escribir sobre un tema y escribe, y escribe, y sigue escribiendo, como sin darse cuenta, como si no hubiese un final y como si no hubiese un mañana. Algo parecido le debió de ocurrir al criptanense que escribió en una carta la crónica de lo ocurrido a mediados de marzo de 1863 en Campo de Criptana. A lo mejor fue la emoción o la satisfacción de haber vivido aquellas misiones, lo que llevó al criptanense a escribir y escribir, y seguir escribiendo… hasta que acabó la carta que terminó por enviar al periódico La Esperanza, periódico en cuyo número del 14 de abril de 1863 se publicó. Digamos que más que carta es casi un testamento y que, hay que reconocerlo eran otros tiempos. Entonces los periódicos no ponían límites a las cartas al director. Hoy ningún periódico habría publicado una carta como ésta, aunque realmente mucho de lo que se publica en nuestros tiempos resulta perfectamente prescindible. Imaginemos, pues, a aquel criptanense, quizá en una oscura noche de comienzos de abril, sentado en su escritorio ante un pliego de papel y con una pluma en la mano, pensando junto a la lánguida luz de un quinqué qué iba a escribir y cómo iba a contar todo aquello que tanto le emocionaba.

El criptanense acabó su carta con un largo epílogo que realmente son tres, como ya decíamos ayer. Del primero, que hacía referencia a los frutos de la misión, ya hablamos ayer. Toca hoy hablar del segundo epílogo en el que el criptanense hace una petición al obispo. Veamos qué dice en su carta tal y como se publicó en el periódico citado:

El señor prior, á la cabeza de todo este respetable clero, han auxiliado á los PP. misioneros, pues que han asistido constantes al confesonario. Ahora nos resta el que hubiese una persona que hablase á S. M. para que, como gran maestre y jefe de las Órdenes militares, nos enviase un Sr. Obispo que administrase el Santo sacramento de la confirmación, pues que hace mas de treinta años que no se ha administrado en este pueblo, que es de mas de 2.000 vecinos.

Aún no existía en aquel tiempo el obispado de Ciudad Real como tal, de ahí que el criptanense haga referencia al «gran maestre y jefe de las Órdenes militares» como cabeza eclesiástica de la que dependía la iglesia criptanense. Diez años después, con la proclamación de la Primera República en España en 1873, las órdenes militares fueron suprimidas, siendo los territorios del Priorato de Uclés, al que pertenecía Campo de Criptana, incorporados a las diócesis circundantes. En las siglas «S. M.» podemos interpretar «Su Majestad», puesto que el maestrazgo de Santiago correspondía, al igual que el de las otras órdenes militares españolas, a la corona española.

Recordemos además que aquí «vecino» no es sinónimo de «habitante», sino que hace referencia al cabeza de familia como unidad de cómputo en los censos del Antiguo Régimen. Para hallar el número de habitantes a partir del de vecinos, se suele aceptar la correspondencia 4/5 = 1, es decir, que por cada vecino hay que contar una familia de 4 o 5 personas. Así, la población de Campo de Criptana, según el corresponsal criptanense, estaría en aquel tiempo entre los 8.000 y los 10.000 habitantes, aunque la cifra real era menor.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO