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Ruinas: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Ruinas: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Hay lugares que te hablan al oído, y te cuentan historias antiguas, leyendas arcanas, cosas de otros tiempos. Hoy hablaremos de uno de ellos, pero hablaremos también de casas de antaño, de cuán cruel es el tiempo que todo lo barre, y de cuán olvidadiza es la memoria… y también hablaremos de topónimos campestres.

Pero nos iremos primero al lugar en cuestión. Tendrás que ir, caminante, primero al Santuario del Cristo de Villajos, pero no te quedarás en él. Continuarás tu itinerario, cruzarás la CM-310 (Alcázar de San Juan – Quintanar) y tomarás el camino que lleva a Salicor, pero no lo seguirás. Encontrarás antes una bifurcación y tomarás el camino de la derecha. Irás por él, cruzarás el Arroyo de San Marcos entre tierras que asemejan paisajes lunares y continuarás por la subida de Los Losares hasta llegar al paraje de La Meseta y luego al de La Hidalga. Al poco, a unos tres kilómetros de la carretera te hallarás ante la mítica «Vía del Hambre», que hoy no es sino un camino como cualquier otro de la zona. Pero no te desvíes de tu buen camino. Sigue adelante, porque al poco, a unos 700 metros en pendiente, encontrarás el cruce con otro de los caminos que tanto y tanto nos han aparecido en artículos de este blog: La Senda de los Cantareros, que hoy, más que «senda» ya es un camino más como otro cualquiera (véanse: La Loma de los Cantareros y los canutos de langosta, Campo de Criptana 1884; Toponimias gremiales, Campo de Criptana, X; y Geografías, topónimos, parajes, lagunas, arroyos y más cosas, Campo de Criptana 1881, 1887).

Mirando al Haza Charquera: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Mirando al Haza Charquera: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Casi hemos llegado al lugar, porque a la izquierda, junto a la misma Senda de los Cantareros hay unas ruinas de lo que en otro tiempo tuvo que ser una majestuosa casa de campo entre terreno sin cultivar, entre tomillos, y adornado el conjunto con tres encinas. Son majestuosas las ruinas y es majestuoso el paisaje, pues se halla la casa en pendiente mirando al sur, a la depresión del Haza Charquera, aquel lugar que recuerdo, hace muchos años, fue como un pequeño lago durante meses porque las aguas cubrieron sus tierras, y sus viñedos, y todo lo que encontraron. Pero esto fue hace ya muchos años.

No traen los mapas actuales del Instituto Geográfico Nacional identificación de estas ruinas. Recogen un pequeño cuadrado en línea roja junto a la Senda de los Cantareros, pero no te engañes, lector, una cosa es el mapa y otra la realidad, porque el perímetro de las ruinas tiene 31’06 metros de largo por 36’67 ms. de ancho. Todavía se pueden ver las antiguas dependencias separadas por gruesos muros de piedra, todavía se puede adivinar, quizá, donde estuvieron las estancias, dónde la cocina, dónde un corral y no sé cuánto más.

Mirando a la Casa de la Hidalga: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Mirando a la Casa de la Hidalga: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Sí tiene un nombre esta casa, en cambio, en la hoja 714 del Mapa del Instituto Geográfico Nacional de 1886 y ya entonces, según parece, estaba en ruinas. «Casas de Quirós (Ruinas)», se nombra al lugar en este mapa. Hoy ciento treinta años después ahí siguen estas ruinas. A lo mejor es que el tiempo lo borra casi todo, pero no todo. Las ruinas siguen, pero no el nombre, que los mapas modernos han extendido no a las ruinas mismas sino al paraje delimitado por el sur por la Senda de los Cantareros, por el oeste por la Cañada de la Cacharra y la Casa del Cacharra, por el norte por el paraje de El Monte y por el este por el Chozo Librero. «Casas de Quirós» se llama este paraje en el actual mapa del Instituto Geográfico Nacional, pero las ruinas aparecen innominadas.

El topónimo ha soportado el paso del tiempo y, por decirlo de una manera, se ha adaptado a las circunstancias de cada época. Adaptarse o morir… para contarlo, entre los susurros del viento, al oído del caminante.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO