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Todavía en el Ayuntamiento: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Todavía en el Ayuntamiento: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Seguimos hoy sumidos en los dominios consistoriales de Campo de Criptana allá por los años finales del XIX. Como en otros muchos casos hemos visto, tenían por aquellos años los ayuntamientos la obligación de remitir al Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real los extractos de acuerdos adoptados cada mes para su publicación. En este caso nos quedamos en el extracto de sesiones del ayuntamiento criptanense del mes de julio de 1890, que se publicó en el Boletín provincial del 22 de agosto de ese año.

Tienen estos extractos auténticas perlas lingüísticas, términos técnicos y especializados que hoy ya son de poco uso en nuestra vida cotidiana o que, incluso, han desaparecido completamente de nuestra lengua, sencillamente porque las realidades y conceptos a los que designaban ya no perviven hoy tal y como se conocían en otros tiempos. Hemos visto muchos ejemplos ya en este blog, y volvemos hoy a esta cuestión. Lo haremos con la palabra “fielato”, aunque de ella ya en otra ocasión tuvimos oportunidad de hablar (véase: Notas dispersas sobre el Pozohondo… y sobre un olvido consistorial, Campo de Criptana, 1842-1890).

Para los molineros: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Para los molineros: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Encontramos el término en uno de los puntos que se trataron en la sesión ordinaria celebrada por el ayuntamiento criptanense el día 17 de julio de 1890. Decía así, según el Boletín citado:

Aconsejar á la Administración de Consumos la conveniencia de establecer un fielato en la calle de la Fuente, con el fin de evitar á los molineros que bajen al fielato central.

Pero ¿qué es un “fielato”? Nos vamos al DRAE, donde encontramos tres acepciones, de las cuales nos interesa especialmente la primera:

Oficina a la entrada de las poblaciones en la cual se pagaban los derechos de consumo.

Las otras dos acepciones tienen que ver con el “oficio de fiel” y con la “oficina del fiel”. Viene “fielato” de “fiel”, que no es sino la aguja de la balanza o de la romana que nos da el peso exacto, y como la lengua tiene estos juegos, se espera de un “fiel” que sea fiel a la verdad y no engañe, y para asegurarse de ello estaba el “fiel”, nombre con el que también, según el DRAE, se designaba al:

Empleado público que contrastaba pesos y medidas.

Entre la Calle de la Fuente y la Calle de la Cruz Verde: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Entre la Calle de la Fuente y la Calle de la Cruz Verde: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Puesto que el peso de los productos daba lugar al pago de impuestos, la fidelidad del fielato era, en estos casos, una cuestión vital para el Ayuntamiento. Tal y como se dice en el texto citado, tenía por aquellos años Campo de Criptana un fielato central, pero puesto que la actividad económica de los molinos de viento era muy importante, se aconseja, en este caso, poner un fielato en sus proximidades para evitar desplazamientos.

Hasta abril de aquel año de 1890, con el nombre de “La Fuente” se designaba al tramo de la actual calle de la Fuente del Caño que va desde su cruce con la calle Virgen de la Paz hasta su extremo norte; el tramo inferior, desde la calle Virgen de la Paz hasta la calle de Santa Ana se llamaba “De la Cruz Verde”. Sin embargo, puesto que este punto sobre el fielato se trató en una sesión de julio de 1890, es decir, posterior al cambio en el nomenclátor callejero de abril de ese año, tenemos que suponer que ya la denominación de “Calle de la Fuente” corresponde a la actual de la Fuente del Caño tal y como la conocemos hoy (véase: La revolución del nomenclátor, Campo de Criptana 1890). El fielato, sin embargo, suponemos que se tendría que situar, si es que el ayuntamiento siguió el consejo, en un lugar próximo a los accesos a la Sierra para mayor facilidad de uso de los molineros.

En el Pozohondo: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

En el Pozohondo: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Diez días después, en la sesión del ayuntamiento del 23 de julio de 1890, volvería a salir a relucir la cuestión del fielato (véase la referencia del Boletín provincial ya citado). En ella se señalaban las rutas obligadas de entrada al fielato central de Campo de Criptana, es decir, el camino que tendrían que seguir las mercancías que se introdujeran en la localidad para pasar el control oficial del fielato. Estas rutas eran:

… las calles del General Espartero, antes Pozo-Hondo, del Marqués de Mudela, antes Puente, de la Concepción; de la Virgen de Criptana, antes Empedrada; del Cristo de Villajos, antes Villalgordo, y como especial para entrada de harinas la calle de la Fuente.

Y esto, la entrada de harinas por la calle de la Fuente, enlaza con lo ya dicho respecto al fielato para los molineros.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO