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Como a hurtadillas: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Como a hurtadillas: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

La historia consistorial de Campo de Criptana del año 1890 da para muchas historias, como ya hemos podido ver en artículos anteriores. Y en ese año seguimos hoy. Una de las preocupaciones del consistorio a lo largo de todo el siglo XIX fue la prevención contra las epidemias. De vez en cuando, como si del paseo de un jinete apocalíptico se tratara, una epidemia azotaba la localidad, y también la comarca, y a veces también al país entero. Cuando no era la viruela era el cólera. Y sumémosles, además, otras enfermedades cuya amenaza siempre pendía sobre la población, como la difteria o la tosferina, o una pulmonía, el tétanos y cualquier infección.

Por ello, no es extraño que muy a menudo el consistorio tuviese entre los puntos del día a tratar en sus sesiones la lucha contra las epidemias. Un ejemplo lo tenemos en dos sesiones ordinarias celebradas en el mes de junio de 1890, como podemos ver en los extractos publicados en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real del 23 de julio. En la ordinaria del día 23 el consistorio decide:

Aprobar la conducta del Sr. Alcalde-Presidente accidental, en la adopción de mediadas precautorias dictadas para reservar á esta villa de la invasión colérica, y que se cite á los mayores contribuyentes y demás que se crea necesario para determinar los modos de hacer frente á cualquier accidente epidémico que furtivamente pudiera presentarse.

“Furtivamente”. Nunca mejor utilizada una palabra que en este caso, pues nos viene a la mente la imagen de la epidemia que se desliza a hurtadillas y escondidas, en silencio, como de puntillas, hasta enseñorearse de todo mientras la Parca siega acelerada y dichosa su letal cosecha.

Con la epidemia en los talones: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Con la epidemia en los talones: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

La experiencia en años anteriores y lo que estaba ocurriendo en otras partes de España aconsejaba tomar medidas profilácticas, por si acaso. El tema volvería a salir a relucir en la sesión ordinaria del día 30 de junio. En ella se acordó, entre otros puntos:

Formar la lista de suscripción voluntaria para gastos del cólera; y en el caso de presentarse tan terrible azote que se recaude lo suscripto (sic), pagándose de imprevistos los gastos que originen las medidas precautorias.

Todo tenía su razón de ser, pero de ello nos ocuparemos en el artículo de mañana. Por cierto, el alcalde criptanense en aquel tiempo era Francisco de Paula Baíllo.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO