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Veíamos en los días anteriores que el Ayuntamiento de Campo de Criptana se había puesto en guardia ante el posible brote de casos de epidemia de cólera en la localidad. A esta cuestión se dedicó casi en exclusiva la sesión extraordinaria que la Junta de Sanidad del consistorio criptanense celebró el día 17 de junio de 1890.

En una ermita: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

En una ermita: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Dos días después, la situación requirió la celebración de una nueva sesión extraordinaria en la que se acentuaron las medidas profilácticas ante una situación que, como había ocurrido en tiempos anteriores en ese mismo siglo XIX, amenazaba con colapsar a la localidad. Así pues, el día 19 de junio de 1890 se reunía de nuevo la Junta de Sanidad criptanense, se leía y se aprobaba el acta de la sesión del día 17 y se procedía a tomar nuevos acuerdos que permitiesen mantener alejada la epidemia de cólera o, en caso de no ser tal cosa posible, paliar en lo posible los efectos en la población. Para ver qué se dijo en aquella ocasión nos iremos, como en los días anteriores, a los extractos de acuerdos de sesiones del Ayuntamiento de Campo de Criptana que se publicaron en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real del 23 de julio de 1890.

Como es lógico, médicos y farmacéuticos estarían en el primer frente de batalla en aquella guerra con el cólera que se estaba avecinando. Así, el primer acuerdo tomado aquel día afectaba al farmacéutico municipal. Se decide entonces:

Nombrar ayudantes de fumigaciones, á las órdenes del Sr. Farmacéutico municipal, á Jesús Millán Ramos y Manuel Villajos Manzanedo, con la gratificación que se consigne oportunamente, auxiliado el que hoy comience aquellas operaciones por otra persona que el (sic) se buscara.

Y en la otra: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Y en la otra: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Respecto a los farmacéuticos de Campo de Criptana en aquel tiempo conviene que recordemos algunos datos sobre el que quizá ha sido el más famoso de aquellos tiempos, no por su actividad en este ramo, sino porque también era músico, director de banda y compositor. Hablamos, por supuesto, de Bernardo Gómez y Sánchez, “Licenciado en Farmacia”, con residencia en la calle Iglesia, núm. 19 (actual calle de Santa Ana) (véase: Bernardo Gómez: Músico, boticario, “sancho” azoriniano y criptanense ilustre, Campo de Criptana, 1889-1918).

Se había dejado en el aire en la sesión del día 17 la cuestión de los lazaretos. En la sesión del 19 ya se tiene más claro el asunto y se especifica dónde se situarían estos establecimientos cuyo objetivo era aislar de la población a los contagiados. Así, se acuerda:

Rogar del Sr. Cura párroco las ermitas de Criptana y de Villajos, para utilizarlos como lazaretos, caso preciso, recomendando al clero la eficacia de sus auxilios espirituales, caso también necesario.

Y ya con esto, podemos ir vislumbrando que prácticamente se daba ya por sentado que el cólera se presentaría en poco en Campo de Criptana. Era quizá una cuestión de días, o incluso de horas, pero un día u otro la muerte llamaría a las puertas y en esos casos se esperaba, como se dice, que no faltasen los “auxilios espirituales”. Hoy difícilmente podríamos imaginar que aquellos dos santuarios, el de Criptana y el de Villajos fueron por un tiempo lazaretos… Todo edificio tiene su historia, y si las piedras hablaran ¡cuánto contarían!

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO